Tribuna Campeche

Diario Independiente

Ten fe

En ese momento, hice mi promesa...

En los primeros días de diciembre del año pasado, fui al Centro Oncológico de Campeche para un estudio que me había ordenado el doctor. Antes de entrar al consultorio, mientras esperaba mi turno, vi muchas cabezas rapadas y ojitos tristes que me sacudieron el alma.

En ese momento, hice mi promesa: pediría a todas mis amigas que en el tiempo libre nos ocupáramos de tejer gorritos para esos enfermos de cáncer tan tristes. La promesa incluía encargarme de que llegaran al hospital los gorros, saliera bien o saliera mal mi estudio.

Así lo hicimos durante 3 meses de frío, los gorritos cumplieron su objetivo. Un amigo de Acapulco vio en el Facebook —donde subo todo nuestro trabajo de grupo— lo que habíamos hecho, y le platicó a una amiga recién operada que comenzaba a necesitar de esos gorritos. Ya se los enviamos junto con esta carta.

 

Querida Minerva:

Cuando yo era niña, Champotón era un pueblo de agricultores la mitad del año, y pescadores la otra mitad. Las calles eran de tierra, sin adoquín, y los niños jugábamos libremente. No había vehículos de motor, solo carretas de caballos.

Había un juego que me gustaba mucho, los niños nos tomábamos de la mano, y haciendo un círculo brincábamos alrededor de un niño o niña —que era el asignado—, hacia afuera del círculo. Otro niño trataba de entrar, y entre gritos, cantos y algarabía, no lo dejábamos pasar a buscar a la niña de en medio.

La canción decía: “Doña Blanca no está aquí, esta vestida de oro y plata”. El niño de afuera cantaba a todo pulmón: “Tiraremos un pilar para ver a doña Blanca”.

Este juego ha sido muy significativo en mi vida de adulto mayor, lo recuerdo con frecuencia y acudo a él en mis momentos de debilidad, que es cuando me duele algo. Sé que si el circulo que me protege del mal que pueda dañarme, es suficientemente sólido, nada me pasará.

Ya tengo 76 años y ha sido de gran protección, tal vez más de lo que podía imaginar. Te voy a confiar el secreto para estar bajo esa protección.

Confío plenamente en Dios, sin la menor duda de que Él tiene para mí lo que debo tener; nunca reniego ni me opongo a sus designios, me dejo querer y proteger por el único ser mágico, invencible e indestructible que tiene en sus manos mi destino.

Rezo  todas las noches por los que ya no están, que de alguna manera llenaron mi vida de momentos gratos; los malos momentos no son para recordar. Rezo también por los que están aquí —de cerca o lejos—, los que quiero profundamente, los que estimo con mi corazón, por los que pido uno por uno, salud, solo salud. Los bienes materiales nos corresponde a cada quién conseguirlos.

Sé que la única manera que poseo para recibir estos dones, es servir en todo lo que pueda a quién me necesite; así lo hago y lo haré todos los días de mi vida.

Desde que me dijo el Sr. César que necesitabas ayuda, estás presente en mi oración nocturna. No temas, Dios está contigo. Ponte en sus manos. Él sabe lo que hace, ten fe.

Que Dios te bendiga.

Mi amiga Rosalía y yo tejimos tus gorritos, ojalá te sirvan, te los hicimos con mucho cariño.

Aracelly Castillo Negrín