Tribuna Campeche

Diario Independiente

El tema gay exacerbó ánimos

Innegable la confrontación entre la sociedad por la controversia respecto al tema de la comunidad lésbico-gay

Innegable la confrontación entre la sociedad por la controversia respecto al tema de la comunidad lésbico-gay, que ha incitado marchas a favor y en contra, ha sembrado el odio, el rencor, la discriminación; es material de partida para articulistas, plática en los cafés donde los comentarios diversifican sus enfoques, punto de análisis entre miembros de organizaciones religiosas  y postura obligada gubernamental por mandato constitucional de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Mi opinión sería una de las muchas, cual humano errático no dejo de ser, como el de miles y millones que con visión limitada expresan lo que sienten; respetables son las ideas, muchas de las cuales valiosas y otras teñidas por la equivocación.

Me vuelvo a la Biblia cual escrita hace miles de años, pero sus consejos puestos en práctica son efectivas, evidencia de su infalibilidad, porque no está sujeta a cambios con el paso de los siglos, lo cual creíble la hace más que el comentario humano variante, quien del inmenso universo poco sabe y del futuro es ignorante.

Este maravilloso libro inspirado por Dios delimita la separación entre el gobierno civil y la iglesia de Cristo, que no puede estar sobre el Estado, y tampoco ejercer función de gobernante porque esta no es su misión. El Gobierno desarrolla su trabajo y tampoco debe operar violencia contra las asociaciones religiosas, pues como garante de la libertad, le corresponde proteger la paz y la sana convivencia entre los gobernados.

La confrontación entre los ciudadanos, unos a favor de las organizaciones lésbico-gay, y otros en contra, infructuosa resulta. No es el camino para dilucidar tan álgido tema porque Dios en su amor hace salir el sol sobre buenos y malos, y Dios ama a sus criaturas y respeta el libre albedrío del hombre y la mujer sin violentar sus decisiones.

La Biblia clarifica que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, es decir, contra seres humanos, sino contra principados, potestades, contra gobernadores de las tinieblas en regiones celestes en este siglo; contra huestes espirituales de maldad (Efesios 6:12). Detrás de este mundo visible existe uno invisible, que organizado extraordinariamente gobiernan con el propósito de proponer ofertas atractivas para el gozo del ser humano.

Investigadores y estudiosos de la sociología, psicología y siquiatría, buscan una respuesta y explicación a los fenómenos sociales cada vez más horrendos que surgen en este mundo, como el tráfico de órganos, las matanzas indiscriminadas con saña, el asesinato de niños inocentes sin piedad; horrores de la guerra de hoy, que fuerza la huida de miles presa de la hambruna; los suicidios que continúan, la violencia que ha cobrado miles de vidas.

La pobreza cada vez más potente en el mundo, la riqueza de magnates lograda con la fuerza de indefensos y el dolor de familias en la miseria, el tráfico de estupefacientes que destroza a la juventud, el odio reflejado en masacres sin que los autores se turben, y  la discriminación racial como flagelo que también cobra vidas.

Con acertada descripción, las Sagradas Escrituras declaran contundente: “pero veo una ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7:23). En el mismo ser humano se desataba una lucha interna entre el bien y el mal, aunque propenso a decidir por el segundo.

Ante panorama dilucidado, la estrategia de la Iglesia cristiana no consiste en una campaña de odio y discriminación contra el mismo ser humano, o en marchas para protestar contra el prójimo, tampoco el uso de la violencia verbal, sino utilizar recursos poderosos de Dios; la predicación del evangelio, del cual el apóstol Pablo dice: “porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios” (Romanos 1:16).

Un evangelio que debe ser llevado por y con amor; y de no ser así, el vital mensaje se diluiría sepultado por el resentimiento, el odio y la confrontación.

No hay mejor mensaje que el dado por Dios para el bien de los hombres y mujeres, es el mensaje que trasciende hasta el alma, se infiltra hasta el espíritu, llega hasta el subconsciente  y discierne las intenciones del corazón (Hebreos 4:12).

Es el mismo mensaje que transformó al religioso y despiadado Saulo del primer siglo, quien lleno de odio forzaba a los cristianos a blasfemar contra Dios, y se deleitaba cuando sus soldados masacraban familias enteras; es el mismo mensaje abrazado por Pablo —antes Saulo—, para esperar ser decapitado en manos de sus enemigos sin renunciar a su fe.

Rogelio May Cocom