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Río 2016

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(Primera de dos partes)

Las Olimpiadas son para la paz y la libertad, esta trae armonía y unión a todos. El país que lo está ofreciendo debe representar eso.

Elvis Stojko

 

Río de Janeiro, Brasil: hoy historia, ayer Olimpiadas. Tras dos semanas de emociones fuertes, de lágrimas y risas, de triunfos y derrotas, de halagos y críticas, el país carioca vuelve a sus tradiciones ancestrales, a su carnaval, su samba, sus hermosas cariocas, su fútbol con su icono Pelé, su gastronomía y su folclor, sus hermosas playas y su cálida y sentimental bossanova. Todo orgullo de los brasileños.

Todo inició bajo la vigilante mirada del majestuoso Cristo del Corcovado, ad hoc con los  brazos abiertos en señal de bienvenida al mundo, no solo a los atletas, también a los millones de visitantes a este legendario evento, que vibrará por cuatro años en los corazones de los que vivieron esa experiencia durante las dos extenuantes semanas.

Hoy por hoy, el país más visitado y visto por los medios televisivos por congregar a los mejores atletas del mundo, con la mirada del mundo fija en ese hermoso país sudamericano. Los Juegos Olímpicos de Río 2016 abrigaron a más de 25 millones de visitantes, según estadísticas de los sitios cibernéticos.

Participar en una Olimpiada es el sueño de todo atleta de alto rendimiento, un deseo de poner en alto el nombre de su país con la mirada puesta en una medalla, con la perseverancia y la ilusión de ser el mejor, el más rápido, el más ágil, el más fuerte; participar con respeto y compañerismo sin importar el color, la raza o la posición social; con la esperanza de subir al podio con la presea de cualquier metal, pero con el orgullo de ver ondear su bandera y escuchar el himno de su país como marco de la premiación.

El dato más curioso de los podios en este 2016 fue la medallista más joven de Río 2016,  la china Qian Ren, quien logró el título en la plataforma de clavados a los 15 años de edad, y su contraparte, el más longevo de los medallistas, el británico Nick de Skelton, quien obtuvo oro en salto ecuestre individual con 58 años de edad.

Es indudable que el festejo cunde en todos los espectadores de estas justas, pero más en los coterráneos de los que logran la hazaña; sienten como suyos los logros de sus compatriotas, ríen y sufren al verlos competir y más cuando todo el esfuerzo es nulo; se transportan al terreno de juego o la pista de su deporte preferido; viven el momento virtual como si fuera real; gritan, se emocionan y generan a mares la adrenalina ante tanta perfección de los competidores, de sus atletas.

Para los mexicanos estas emociones eran más contradictorias, las medallas se le negaban a nuestros deportistas, pero como la esperanza muere a lo último, a cuatro días de finalizar las competencias por fin llegaron.

Primero la medalla de bronce del pugilista Misael Rodríguez, luego la plata de la marchista Guadalupe González. La taekwondoísta María del Rosario Espinoza, atleta nacida en Chihuahua, sumó la presea de bronce a las medallas de plata y oro de dos olimpiadas anteriores, y así en un par de días la delegación mexicana logró obtener cinco preseas, dos de plata y tres de bronce.

Mi padre es un enamorado de las justas olímpicas, no le importaron los desvelos por las transmisiones en vivo y los resúmenes de las competencias. Desde la inauguración hasta la clausura se mantenía despierto para ver sus deportes preferidos, no se perdía un solo detalle; desayunaba, almorzaba y cenaba olimpiadas, como buen aficionado y admirador de los atletas de alto rendimiento y sus grandes proezas. Ha perdido la costumbre de videograbar los torneos, anotar los récords mundiales y olímpicos, las marcas olímpicas y quiénes las superaron o rompieron. Hoy solo se limita a ver y escuchar y vivir el momento.

El Comité Olímpico de los Estados Unidos de América terminó con 121 medallas, lo que significó su mejor resultado tras sus 110 metales de Beijing 2008. De esas 121 preseas, 46 fueron de oro, como lo hicieron hace cuatro años, con atletas que sorprenden como “El tiburón de Baltimore”, reconocido como el mejor atleta de todos los tiempos: Michael Fred Phelps, quien ha participado en tres olimpiadas y al ingresar a una alberca todos los ojos están atentos a su actuación. Domina todos los estilos de natación: libre, mariposa y combinado.

Phelps se adjudicó cinco medallas de oro y una de plata para llegar a 23 metales áureos y 28 en su carrera en la justa veraniega, para tener el mejor registro de todos los tiempos para cualquier deportista.

Como dato curioso, de niño fue diagnosticado con “Trastorno de déficit de atención con hiperactividad” (TDAH), por lo que su madre lo envió junto con sus hermanas a la alberca para hacer ejercicio y este hecho lo transforma. Nunca imaginaron que se estaba formando al más grande atleta de todos los tiempos.

De acuerdo a las estadísticas de Río 2016, fueron 87 comités olímpicos nacionales los que se adjudicaron alguna medalla, uno más que en Beijing 2008, y de estos, 59 se agenciaron presea de oro. El récord anterior era de 56 comités en Atenas 2004.

Además, tres comités entraron a la historia al obtener alguna medalla olímpica: Kosovo en judo, Jordania en tae kwon do y Fiji en rugby.

Continuará…

Reymunda Abreu Paniagua

 

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