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El futuro de la evaluación

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Derecho a la educación

La controversial Evaluación del Desempeño Docente, sigue siendo el tema principal de los debates en torno a la reforma estructural en educación, y causal preponderante de las movilizaciones y afectaciones derivadas de las acciones radicales de los militantes, simpatizantes y líderes de la ideología opositora al Gobierno Federal.

En mi opinión, si bien representa un asunto que debe atenderse y solucionarse, también es verdad que están en juego intereses de orden político, afectaciones económicas, y lo más grave, la inestabilidad social y con esta un clima altamente peligroso para los habitantes de Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero y otras ciudades donde tiene presencia la CNTE.

La crisis social, bloqueos a vías de comunicación, pérdidas económicas en diversos giros comerciales, han puesto en jaque a las autoridades federales y locales; más grave, la omisión en el cumplimiento al derecho a la educación, pues millones de infantes y adolescentes de educación básica se han retirado de las aulas.

Los especialistas en el tema ofrecen sus puntos de vista en distintos foros, declaratorias, debates, y hasta algunos comunicadores basan sus crónicas en los acontecimientos que a diario se suscitan. ¿Quién  tiene la razón? ¿Cómo y cuándo solucionarán ese problema, que de no atenderse  probablemente se filtre en otras entidades y se convierta en una cuestión nacional?

Un tema que coloca a México entre los países latinoamericanos, y ante los ojos de la Unesco en situación grave, debido a que aleja al país de los compromisos internacionales signados a favor de la educación básica. Difícil decisión para las autoridades mexicanas.

Para entender de qué trata hay que informarse, leer y analizar; no es suficiente lo que publican los medios impresos y las redes sociales. El marco normativo debe ser estudiado por el magisterio, para saber en qué consisten las leyes y disposiciones que sustentan la evaluación, tanto para ingresar al  servicio docente, promoverse en las funciones, o la permanencia en el servicio para realizar  funciones docentes, directivas o de asesoría pedagógica.

Hace dos semanas, tuve oportunidad de asistir al evento público de asignación de plazas a los solicitantes con resultado idóneo para ingresar al servicio, o hacerse acreedor a una vacante definitiva o temporal. A dicho acto protocolario asistieron centenares de personas: profesionistas evaluados, familiares, amigos, compañeros de escuela, entre otros. En las primeras filas, los jóvenes egresados de alguna institución de educación superior, idóneos para ser docentes, escucharon con atención las indicaciones, esperaron pacientemente hasta escuchar susnombres.

Pude observar rostros maquillados con la esperanza de obtener una plaza, ansiosos de conocer los lugares disponibles —previa exposición de los encargados de las áreas educativas— y optar por la escuela, la comunidad o la zona escolar ofertada. Sin duda, ese momento significó otro paso hacia la cristalización de los proyectos personales, la obtención del empleo, y con ella la conformidad del contrato laboral y la ilusión de la percepción salarial.

Decenas de sustentantes idóneos para preescolar, primaria, educación especial, educación física, educación indígena y secundaria esperaron el tiempo necesario, con la documentación correspondiente para acreditar ante la Subdirección de Recursos Humanos de la Secretaría de Educación en el Estado de Campeche  (Seduc), y obtener el nombramiento que les asigna la clave de su plaza, un centro de trabajo y una localidad. ¡Bravísimo!

Aquella mañana de mediados de agosto, jóvenes profesionistas ingresaron al servicio docente, impetuosos para presentarse a sus escuelas; sabían de las consecuencias que conlleva ese resultado idóneo en la evaluación y la oportunidad del empleo, así como también de las obligaciones y derechos adquiridos, según la Ley General del Servicio Profesional Docente.

Bienvenidos, jóvenes  al servicio en la educación pública; la carrera docente inicia, habrán momentos difíciles, retos a vencer, conocimientos y experiencias por adquirir. El derecho de los niños a la educación es un principio inspirador para cumplir con vocación humanista, compromiso ético y responsabilidad social en esta generosa carrera. Otros momentos de triunfo seguirán a los maestros noveles. ¡Enhorabuena, colegas!

 

Teresita Durán

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