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Lealtad partidista

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“Con mi solidaridad al cronista Sergio
Hernández Puga, por su justificada protesta”.

De un priísta de cepa leí su demanda pública de lealtad hacia el PRI de parte de sus militantes; de otros he leído que sostienen una política cercana a la gente, es decir, de puertas abiertas.

Ese priísta al que me refiero habla con su verdad porque siempre ha sido leal,  discreto y de perfil bajo. Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con quienes siendo dirigentes no solo no aplican lo que pregonan, porque ni siquiera responden a solicitudes escritas de atención personal, cuando lo mínimo que espera un solicitante es que le digan que no puede ser recibido, aunque no le indiquen razones que expliquen esa negativa.

Esa actitud no solo se aplica en el tricolor, sino que cuando menos en tres dependencias gubernamentales del Estado hay puertas literalmente cerradas a la ciudadanía. ¿Ha habido “pérdida de piso”? ¡Qué lamentable!

Y si no dan oportunidad a la comunicación interna, ¿cómo esperan que la ropa sucia se lave en casa?

En lo que a mí refiere, conservo comprobantes de actitudes mías que a lo largo de más de 20 años han sido en favor del PRI y hasta en perjuicio mío; comprobantes también de denuncias internas por conductas condenables de autoridades municipales, que no han merecido ni la gratitud de quienes debía, ni tampoco intento para aplicar las correcciones que correspondían y que a la postre dañaron la credibilidad del partido con sus respectivos castigos electorales.

Conservo también solicitudes de apoyo político —no económico— hechos a algunos legisladores federales que no fueron atendidas, y también he sido objeto de bloqueos partidistas.

¿Me van a decir —con esos antecedentes— que yo no critique públicamente lo que de mi partido considere incorrecto en su actuación, que yo considere dañino para la ciudadanía? Obviamente podrán condenar esa actitud mía, pero nada más.

Por fortuna, el nuevo presidente del CEN del PRI ha entrado con apoyo presidencial, con claras intenciones de corregir cuanto entuerto se hubiera ahí anquilosado. Continuaré mi crítica positiva, con razón o sin ella, contra lo que considere negativo provenga de quien provenga.

Acabo de cumplir una edad muy grande y he recibido por ello opiniones muy agradables respecto a mi modo de ser y de actuar, lo que ha sido el mejor regalo esperado. Y menciono este acontecimiento, porque una persona que me quiere mucho me dijo que uno de los peores defectos que tengo es ser “priísta”. Es su opinión.

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