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No hay mal que por bien no venga

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Desde Champotón

 

Este es un dicho popular, y en el cuento que voy a relatar encontraremos una explicación de lo que a veces nos sucede.

Erase un rey que un día paseaba en su caballo por el bosque. De  pronto el caballo se asustó al ver pasar una serpiente y al pararse bruscamente, el rey cayó y se rompió un brazo.

Entonces, un campesino que pasaba por ahí lo ayudó.  El rey estaba enfurecido y se quejaba mucho del dolor que sentía. El campesino trató de tranquilizarlo y le dijo: “Cálmese majestad, tranquilícese un poco y piense que no hay mal que por bien no venga”.

-“¡Deja de decir estupideces!”, dijo el rey molesto y lo apartó de él.

-“Es verdad lo que le digo majestad”, dijo el campesino.

¡Cómo va a ser bueno que me haya roto un brazo!, le contestó encolerizado el rey, y con la mano buena agarró al campesino y lo echó a un pozo profundo que ahí se encontraba, como castigo por haber querido tranquilizarlo.

Luego, el rey solo y con mucho trabajo, volvió a montar su caballo y seguir su camino, pero en esos momentos una banda de ladrones fanáticos pasaba por ahí y lo capturaron.

Al llegar a su guarida, decidieron sacrificarlo como ofrenda para sus dioses. Pero al querer prepararlo para la ceremonia, se dieron cuenta que tenía el brazo quebrado y algunos golpes en el cuerpo. Entonces el líder dijo: “¡No podemos sacrificarlo porque su cuerpo es imperfecto! ¡Nuestros dioses no nos perdonarían ofrecerles la vida  de un inválido, ellos sólo aceptan cuerpos perfectos!”, y lo dejaron ir.

Entonces, el rey comprendió que había salvado su vida gracias al accidente que tuvo. De inmediato pensó cuánta razón había tenido el campesino, y que hizo muy mal al tirarlo al pozo. Así que regresó y sacó al hombre del pozo y le contó lo que le había pasado y le pidió que lo perdonara.

El campesino le dijo que no se preocupara, pues no tenía nada que perdonar.

-“¿Cómo puedes decir eso después que te pagué con un mal tu sabio consejo?”.

El campesino sonrió y respondió: “¡Si usted no me hubiera tirado al pozo, los ladrones fanáticos nos hubieran capturado a los dos y, ¿a quién cree que hubieran sacrificado? ¡Yo estoy completo y sano!

El rey respondió: “Pues según las costumbres de esos fanáticos, a ti”.

-“¿Ya ve usted que por algo pasan las cosas?, y le repito: “No hay mal que por bien no venga”.

 

Addy Noemí Hernández Navarrete

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