Inicio»Opinión»Se fue la luz

Se fue la luz

0
Compartidos
Google+

Susurros

Como dice el dicho: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

 

La semana pasada, sin previo aviso, se fue la luz; había que reparar un transformador. Al amanecer me percaté que el reloj eléctrico estaba apagado y que nada funcionaba en ese cuarto, mientras mentaba algunas palabras que mejor no menciono a la respectiva C.F.E. Pensé que tal vez no tardaría el desperfecto; me encaminé a la cocina para preparar un café.

¡Oh, my  god! La cafetera no funciona, el horno muerto y el refrigerador lloraba por todo el suelo. Por si fuera poco, sábado sin Chepa. Mi asistente estrella.

No pude trabajar en la computadora, mi teléfono celular a punto de expirar.

Y los normales eléctricos, aulle y grite. Salí a preguntar y con toda cortesía me anunciaron que la luz regresaría hasta las seis de la tarde. Regresé a la casa en estado de shock y tuve que aceptar lo inevitable.

Había tenido mala noche y decidí acostarme, pero el calor me levantaba; tomé la almohada y me tiré al suelo fresco y me quedé profundamente dormida. Un dulce silencio llenaba el ambiente, no se escuchaban ni televisores, ni músicas cercanas, si acaso el canto de un gallo perdido.

Cayó una lluvia imprevista; me estiré en el suelo y para continuar con mis recuerdos lejanos me salí al patio y recibí llena de gozo la fresca lluvia que caía a plenitud en mi rostro. El pelo recibió el mejor de los tratamientos gratuitos.

Regresé al suelo envuelta en el silencio de la tarde y la frescura de mi cuerpo. Tomé un libro y me sentí feliz. El relax y la aceptación a la maravilla de lo natural me arrullaron en un delicioso día de paz.

El ritmo de la vida actual nos conduce a un caos estresante que causa efectos contraproducentes en el organismo, pero vamos al compás de la tecnología aunque estemos la familia reunida, y cada uno con un celular en la mano, una televisión encendida que nadie ve y hablando cada uno por su cuenta. Qué importa.

No cabe duda que los adelantos tecnológicos son una bendición que nos tocó vivir, pero un día tranquilo durmiendo en el suelo, bañarme bajo la lluvia       con todo el tiempo a mi disposición me llenó de alegría, y no me importó la hora que regresó la luz.

 

Rosa María Lara Aguirre

Noticia anterior

Portada

Siguiente noticia

Respalda AMC actividad apícola de entidad: SDR