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Estudiante virtual

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Vivimos en un mundo en que la tecnología se ha apoderado de nuestras vidas; en cada movimiento hacemos uso de las redes sociales y los medios de comunicación. Definitivamente no es una moda, es la era de la comunicación.

Hace 5 años comencé a darme cuenta que a la hora de las comidas siempre era el momento en que mi familia se reunía y todos conversábamos de los sucesos del día. Había serios debates por las distintas opiniones; nunca fueron espacios de silencio. Como buenos campechanos, todos hablamos al mismo tiempo y eso crea momentos para recordar cuando pasan los años.

De pronto, ya no podíamos participar Carlos —mi esposo— y yo. Los hijos hablaban un vocabulario salpicado de palabras en inglés: Face, Google, Web, los navegadores, la “nube”, correos iban y venían en un intercambio de amigos que se encontraban a través de una comunicación sin límites que nos trajo el internet, enriquecida con la telefonía celular, a la que se agregó gran parte de la gente joven y adultos en la búsqueda de acercar distancias. Los adultos mayores que nos dimos cuenta, así lo hicimos; los que no, se están quedando fuera.

Y comprendí que era todo o nada; debía aprender para poderme integrar a esa nueva vida que se abría ante mí con todas sus promesas. Ese año fuimos a una escuela de computación Carlos y yo, cada domingo de 7 a 3 de la tarde. Nunca fue un tiempo tan bien empleado. Ahora Carlos, con sus 85 años y las limitaciones que le da la edad, viaja por el ciberespacio montado en una nube que lo lleva a donde quiera ir: los países más remotos, la familia más lejana, las noticias al instante.

Yo fui más allá, desafiando los umbrales del tiempo y los dolores que llegan a los 76 años que tengo. Presenté un Ceneval para poder ingresar a una licenciatura en literatura, lo que me convirtió en estudiante virtual de una universidad especializada en este sistema que ha venido a revolucionar la educación mundial. Lo que sigue es lo mejor que voy a vivir, lo estoy sintiendo. Doy gracias a Dios que me permite esta oportunidad al final de mi vida, cuando solo me esperaba sentarme a tejer y recordar glorias pasadas.

Ya aprobé la primera materia con 98 puntos de 100, lo que quiere decir en pocas palabras que si lo hice yo, cualquier adulto mayor lo puede hacer. Lo único que tiene que hacer es hacerlo.

Aracelly Castillo Negrín

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