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EU, antes y después de Trump

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Se dice que desde que las 13 colonias fundadoras de la Unión Americana se independizaron de Inglaterra, establecieron un sistema político que les ha dado buen resultado. Con

variantes no profundas es como hasta ahora eligen

a su presidente y a sus legisladores.

Para intentar explicar ese sistema, lo haremos considerando el censo poblacional de 2010, según el cual la población total era de 321 millones 601 mil habitantes, cantidad que dividida entre 538 votos electorales hace que por cada voto electoral sean necesarios 597 mil 771 votos personales. En esas condiciones, como California tiene  31 millones 682 mil habitantes, le corresponden 53 votos electorales y 53 representantes legislativos.

Texas, con 26 millones 448 mil 193, tiene derecho a 32 votos electorales y 32 representantes, y así sucesivamente hasta que la suma de habitantes de los 50 estados alcanza la cantidad de esos  321 millones 601 mil habitantes, y esos 538 votos electorales.

Un candidato a presidente que obtenga la mitad más uno de esos votos electorales, es decir, 270 votos, gana la elección.

En las pasadas elecciones presidenciales, después de una muy atípica y larga campaña política, la candidata demócrata Hilary Clinton obtuvo 218 votos electorales y Donald Trump, del partido republicano, 276, convirtiéndose así en el presidente electo de los Estados Unidos.

La opinión mayoritaria de los politólogos de mayor experiencia mundial, es que ninguno de los dos más importantes partidos políticos de ese poderoso país tenía a su mejor candidato, sobre todo el republicano que es muy hábil para hacer dinero, pero nada más, ya que durante su campaña se ganó el rechazo general de quienes observaron ese proceso en el ámbito internacional, por grosero, misógino y carente de conocimientos sobre administración y políticas públicas.

Sin embargo, para asombro mundial ganó esas elecciones no solo limpiamente, sino hasta con contundencia. ¿Cómo podemos explicarnos tales resultados?

Cada uno de los políticos que fueron testigos de ese increíble escalamiento, de tan cuestionado candidato, tendrá su propia versión de los hechos, de sus causas, pero también de sus consecuencias. Desde mi punto de vista, salvo en tres o cuatro países pequeños de la vieja Europa, a nivel mundial hay un hartazgo de la sociedad civil hacia los políticos en general, y de estos hacia los que una y otra vez ocupan puestos en los gobiernos y en la administración pública.

Esos tres o cuatro países europeos es donde la estabilidad política y económica hace vivir a sus habitantes con progreso, riqueza, educación y respeto hacia sus semejantes y hacia sus instituciones, con delincuencia casi nula pero también con actividades económicas internas, que ni buscan ni quieren la globalización, y tampoco quieren la integración racial. Es decir, viven y viven bien, en “búnkers” bien civilizados.

Hacia ese estatus ya perdido quiere regresar la gente de Inglaterra que votó por salirse de la Unión Europea, y en un mundo similar quieren vivir los que votaron ayer por Donald Trump, buscando en éste al refundador del país más poderoso del mundo.

Con esa votación de ayer, construyeron un escenario ideal para todo político que no se respete mucho, porque podrán los republicanos desde los tres poderes actuar sin oposición real, lo cual hará desaparecer ese concepto de pesos y contrapesos del que siempre han presumido y que poco les durará, ya que Estados Unidos ni es una dictadura ni podrá aislarse del mundo del que es guía económico y militar.

Trump mismo, que tantos votos consiguió al exacerbar los ánimos de los desempleados blancos, supuestamente afectado por el TLC y por los inmigrantes de mano de obra barata, así como por la introducción ilimitada de productos chinos, poco podrá hacer por revertir esa situación. Trump, que nadie duda de que en la consolidación de su abundante riqueza usara también mano de obra barata, producto de la explotación laboral, y dejó de pagar al fisco lo que tenía la obligación de hacer, muy pronto se dará cuenta de que las expectativas que sembró serán incumplibles.

En México, nuestras autoridades federales tendrán que sacar lo más importante y noble de su oficio político, de su acendrada y ejemplar diplomacia, pero sobre todo del despojo de egoísmos políticos, para que todas las fuerzas que conforman nuestro espectro se den una tregua, en tanto las aguas de más allá del Río Bravo vuelven a su cauce.

Donald Trump vendió falsas esperanzas y tendrá qué permitir que otros gobiernen por él, o el país se le irá de las manos.

Dios salve a los Estados Unidos.

Fernando Almeyda Cobos

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