Tribuna Campeche

Diario Independiente

Los taxis

Mi desasosiego empezó la semana pasada

Mi desasosiego empezó la semana pasada; tuve reuniones de trabajo a la hora pico y en pleno centro de la ciudad, y cuando ocurren estos percances prefiero tomar taxi —si es que lo encuentro— para poder llegar a tiempo porque sé que jamás encontraré estacionamiento.

Tengo algunos cuates en el gremio que son bastante agradables y atentos, y como todo taxista que se precie de serlo, basta y sobra que le dé pie para iniciar la plática y obtengo una suculenta información de estos expertos en quejas, vaticinios, política —que es su tema preferido—, pues lo saben todo y si no lo inventan. Son humanos, y es un consuelo para ellos desahogarse con alguien que los comprenda.

Volviendo a la semana pasada de angustias, penas y carreras, pláticas y sobresaltos,  además  del  curso sabroso de política aderezado con el odioso radio que no descansa —forma parte del folklore campechano—, uno de los días, mientras atendía los vaticinios políticos, escuché por la radio la voz cantarina de una matrona campechana, que les transcribo:

-¿Me manda una unidad a “X” dirección?…

-Su número, por favor -pedía el taxista-.

-Lupe, Lupe, ¿qué número tiene la casa? (silencio) Lupe… esta cab…. no me contesta, seguro está en el baño, y se lo dije que no se embutiera tanto. Espere, le voy a preguntar…

-Señora, por favor…-de nuevo decía el taxista-.

-¡Lupe, Lupe!

Fin de la llamada.

Mientras yo me wixaba de risa, el taxista acostumbrado a estos menesteres continuaba con su cátedra política. Cada región tiene lo suyo, pero nos ganan de calle nuestros amigos taxistas yucatecos; su folclor es único.

Me encanta nuestra gente, tan abierta, tan campechana, y me duele que por esta crisis que pasamos, ver a tanta gente triste y con miedo. Nuestras costumbres son encantadoras, y si quieres comprobarlo sube a un taxi,  toca el tema que quieras y pasarás un buen rato.

Todo este malestar que nos producen los corruptos políticos mexicanos es un magnífico tema de plática para los taxistas, como para todos los que lo padecemos. No olvides; si quieres saber el sentir del pueblo, platica con ellos.

Rosa María Lara Aguirre