Tribuna Campeche

Diario Independiente

AMLO, ¿complot o cinismo?

Tras casi dos décadas de campañas con dinero mal habido...

El pasado sábado 29 de abril, el sempiterno candidato a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador,

envió una carta al presidente Enrique Peña Nieto en la cual cínicamente argumenta, como es su costumbre, que los videoescándalos de Eva Cadena Sandoval y las acusaciones de corrupción que pesan sobre ella, sobre Morena y sobre el propio tabasqueño, son producto de un ¡complot!

Fue también en mi columna de la semana pasada en la cual adelanté que López Obrador no tardaría en decir nuevamente que se trataba de otro complot, al tiempo que hice un breve recuento de algunos actos de corrupción ocurridos durante su mandato en el entonces Distrito Federal —ahora Ciudad de México—.

Dos de sus más cercanos colaboradores —extesorero y exsecretario particular— tuvieron que enfrentar cargos legales por cometer ilícitos y en los cuales sin duda contaron con la aprobación del actual líder de Morena, que escurrió el bulto, se deslindó de los rateros, se lavó las manos, y acusó que ¡era un complot!.

En ese mismo tenor, y también recordando esos escándalos, AMLO dirigió su carta al presidente Peña Nieto, en la cual no solo acusa un nuevo “compló” en su contra, sino que con todo el cinismo que lo caracteriza, acepta, admite, consiente, accede y sustenta que en efecto, cuando fue jefe de Gobierno capitalino hubo sendos casos de corrupción en el Distrito Federal.

Resulta que alguien de su equipo jugó chueco, cometió un delito, se empapó de corrupción, hizo un acto deleznable, pero fue pillado con las manos en el botín, y porque el delito fue exhibido públicamente, se excusa diciendo que se trata de un complot. ¿Así o más ridículo? Es una burla repleta de cinismo y un insulto a la inteligencia de los mexicanos.

Porque si López Obrador tuviera algo de honesto, como presume cada que puede, denunciaría ante las autoridades a esos delincuentes y no buscaría encubrirlos tratando de hacerlos mártires de un complot imaginario. Es tan ridícula su postura, que hasta su mismo partido —entonces era el PRD— tuvo que pedir que se le investigue, ante lo cual hizo un berrinche y renunció.

Este año 2017 le puso otra rayita más al canoso tigre corrupto. Una de sus tantas recolectoras de fondos, Eva Cadena Sandoval, fue descubierta, grabada en video y exhibida recibiendo dinero, no una vez, cuando le dieron 500 mil pesos; no dos veces, cuando recibió 10 mil dólares y 50 mil pesos en efectivo; sino tres veces, cuando entonces le asentaron un millón de pesos.

Por cierto, la última grabación de Eva Cadena “recaudando fondos” se dio a conocer tres días después de que AMLO, “muy ofendido”, enviara su misiva al presidente Peña Nieto. ¿Complot? Yo le llamaría cinismo y complicidad. Y no hay peor ciego que el que no quiere ver, pues estamos viendo la oferta política que representa el tabasqueño.

Sin duda alguna, esta nueva acusación de corrupción, comprobada en video, tiene a Andrés Manuel López Obrador en la hoguera política, económica y social del país y del mundo. Quien pregonaba que era honesto, resultó corrupto y mentiroso.

Fue justo antes de los escándalos de la excandidata a edil de Las Choapas, Veracruz, que Andrés Manuel también había sido señalado por el exgobernador de ese Estado, Javier Duarte de Ochoa, de recibir de ese gobierno fuertes cantidades de dinero de ese erario público para su campaña.

Con eso quedaba al descubierto que los discursos de AMLO contra la corrupción no eran más que una gran mentira. Y si ahora se procesa penalmente a Duarte de Ochoa por malversar dinero público, ¿no deberían procesar también a López Obrador por su complicidad?

Por supuesto que en Campeche las reacciones de su defensor mocho no tardaron, y siguiendo el mismo falso y añejo discurso del partido Morena, su dirigente, Manuel Jesús Zavala Salazar, metió las manos al fuego por su líder con la misma cantaleta desgastada, carente de credibilidad y sentido común, de que todo fue un complot.

Para Zavala Salazar, señalado como el recolector de fondos para Morena en Campeche, fue un complot lo del 2004 con Ponce y Bejarano; también lo fue cuando AMLO fue desaforado en un proceso judicial; ahora que recibió dinero de Duarte de Ochoa también lo es, al igual que lo de Eva Cadena. ¿Así o mas mocho?

Y es evidente que Manuel Zavala no deja de repetir ese falso discurso como merolico, porque está desesperado para que le den otra diputación plurinominal para que siga manteniendo el fastuoso estilo de vida que hoy disfruta. Pero los demás mexicanos, los que no cobramos ahí donde cobra Zavalita, debemos meditar si en realidad necesitamos un presidente que se queje de todo lo malo que le suceda argumentando complots.

Porque una cosa es hacer campaña, y otra muy diferente y difícil lo es gobernar. Y digo eso porque en los 18 años que lleva López Obrador haciendo campaña, no se le escuchan propuestas ni propone iniciativas. Quiere hacer lo que unilateralmente considera adecuado sin consensar el sentir de las mayorías, menos aún de las minorías. Así, es evidente el caos político que padeceremos si llega a Los Pinos.

Tras casi dos décadas de campañas con dinero mal habido, proveniente de “aportaciones” fantasmas, sin dar a conocer su Ley 3 de 3, ni su declaración patrimonial, ni su cuenta bancaria, y sin reportar a los mexicanos de dónde salen millones de pesos para sus viajes personales, los de sus hijos, los de sus guardias de seguridad, sus vehículos de lujo y otras excentricidades, la única pregunta que le podemos hacer es: ¿Así nos va a gobernar?

Pero veamos el otro lado de la moneda. Suponiendo que todos esos escándalos y actos de corrupción dados a conocer fueron parte de un complot, debemos preguntarnos obligadamente: ¿Tan tonto, inocente e infantil es Andrés Manuel para caer una y otra vez en las trampas de los demás? Vaya gobernante que tendríamos entonces.

Refiriéndonos brevemente a la reforma energética del presidente Peña Nieto, Andrés Manuel no se ha cansado de señalar que estamos gobernados por “vende patrias” que han regalado el petróleo de México a los extranjeros, pero en su reciente viaje a los Estados Unidos señaló que si él llegara a presidente, continuará con esa política y promoverá aún más esa apertura a todos los mercados, al mejor postor, a quien se interese en comprar lo que México produce. Entonces, ¿quién es el vende patrias?

Vemos recurrentemente su doble discurso, testigo fiel de esa doble moral que caracteriza al tabasqueño. Todo eso que hoy vemos contradictorio y reprobable en su proceder sin duda se hará más común si llega a gobernar el país, pero para entonces las consecuencias serán devastadoras.

Los videoescándalos del 2004 y los del 2017 tienen mucho en común. Por un lado nos comprueba que López Obrador estuvo y sigue rodeado de gente corrupta. Por otro, que él formó y forma parte de esa corrupción. Lavarse las manos y martirizarse acusando un complot no lo eximen de ser cómplice. Por lo mismo, tras los recientes hechos que lo vinculan con Duarte de Ochoa y Cadena Sandoval debería de ser procesado y enjuiciado.

Si en alguna ocasión Andrés Manuel López Obrador anunció que de encontrarse y presentarse pruebas de que recibió dinero de dudosa procedencia dejaría la campaña para irse a “La Chingada” (así se llama su rancho enorme en Tabasco), hasta el momento evade las acusaciones y falta a su palabra. Eso se llama CINISMO.

Vaya que la pelota es redonda y el mundo gira. Quien acusaba a los corruptos y  pedía cárcel para ellos, hoy es exhibido por corrupto y no busca como lavarse las manos para evitar ser enjuiciado.

Jorge Gustavo Sansores Jarero