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Tristeza invade la Navidad

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El tema no es sencillo y hasta eriza la piel, y aunque como versa el refrán, nadie escarmienta en cabeza ajena, es necesario tomarlo como llamado de atención en estos días en los que la alegría y la unión familiar deben, o más bien deberían, prevalecer en cada uno de los hogares campechanos para festejar la Navidad.

Sin embargo, en las últimas dos semanas los medios de comunicación se han llenado de malas noticias en el ámbito policiaco, por el exceso de accidentes fatales ocurridos en las carreteras, pero también por diversos percances, riñas y quejas en las ciudades del Estado, debido a la falta de sensibilidad, al exceso de alcohol, a la nula educación vial y la carencia de cortesía de los conductores y de los peatones, quienes arriesgan su vida y la de los demás.

No hay día en que no tengamos malas noticias y hasta nos quedemos pasmados, atónitos, perplejos, patidifusos, desconcertados y tristes al ver una fotografía o un video donde un ser humano o dos o hasta una familia perdieron la vida en fatales accidentes, y quizá hasta nos cause un poco de risa saber que hubo quienes ya se enfrentaron a golpes, se dieron de botellazos, se “picaron” la panza o se agarraron a mentadas de progenitora previas fiestas familiares, que en muchos casos culminan en actos vandálicos por la intervención de vecinos y autoridades.

A todo lo anterior debemos agregar que, a pesar de los esfuerzos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) que encabeza Jorge Jesús Argáez Uribe, y la coordinación con otras dependencias, en la calle hay mucho malandrín dedicado a despojarnos de los aguinaldos, los vales de despensa y quizá hasta del vale de pavo navideño, con el pretexto de que no hay trabajo y es más fácil delinquir.

Entre personajes desesperados, descorteses, groseros, altaneros, soberbios, malandros y aprovechados, cada fin de año festejamos la Navidad y recibimos el Año Nuevo, con la esperanza de que las cosas mejoren, de que la gente cambie, de que el espíritu navideño haya invadido nuestra vida y seamos mejores seres humanos, pero la cosa sigue igual y no necesitamos de ningún espíritu, sino de nosotros mismos para mejorar, ser más tolerantes, más conscientes y más respetuosos.

Estamos a un día de celebrar la Navidad y para muchas personas será muy triste, ya sea porque perdió a un ser querido —o varios— en algún accidente, porque lo dejaron sin automóvil en cierto percance vial, porque ya discutió con sus familiares previo a la cena de Nochebuena, porque un gandalla le arrebató el aguinaldo o simplemente porque su condición económica no le permitirá festejar, cenar, dar o recibir regalos.

Hoy lo único que nos queda es ser más pacientes en nuestras diligencias del día para llegar con bien mañana a la cena, y poder disfrutarla en familia o con los amigos, y sobre todo ser corteses, ceder el paso, ir con tiempo y con calma a nuestro encuentro familiar, no enojarnos ni provocar problemas, pues no son tiempos para tales episodios que nos pueden dejar marcas de por vida.

Antes de salir de casa o al regresar de la fiesta, debemos ser los primeros en preguntarnos si nos sentimos bien, si somos capaces de conducir un vehículo, si nuestra conciencia es suficiente para llegar a nuestro destino, enteros y con la familia completa. Tenemos que hacer caso a las autoridades, tomar el ejemplo de aquellos que por no seguir una indicación hoy sufren las consecuencias. En pocas palabras, cuidémonos para que nos cuiden.

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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