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Voto racional y emocional

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El voto es un asunto que sometido a juicio, basado en la razón, resulta sensato. Por tanto, el sufragio no debe ser producto de una decisión derivada de las emociones, porque las emociones no ofrecen argumentos sólidos, pues dependen de nuestro estado de ánimo. Si sometiendo a escrutinio las decisiones, resultan algunas veces equívocas, mayor es el riesgo por la falta de valoración.

Las emociones son completamente irracionales; no es más que un conjunto de respuestas neuroquímicas y hormonales; son reacciones primitivas, incontrolables, automáticas, surgidas al presentarse un estímulo externo.

Los estímulos externos pueden ser a agresiones físicas o verbales, insultos de vecinos, reproches del cónyuge, regaños del jefe, gritos de los padres, odios recalcitrantes, un asalto en la calle, la presencia inesperada de una persona no deseada, mensajes manipuladores, accidentes automovilísticos, diagnóstico médico desfavorable y discursos encantadores que se escuchan bien, entre otros; estos son factores generadores de conjuntos de respuestas emocionales que no son propiamente racionales y analizados.

Ese componente emocional indudablemente puede ser manipulado. Un ejemplo: ahora que ha iniciado la lucha por la ocupación de la Presidencia de la República y otros cargos de elección popular, son muchos los candidatos, diversos los mensajes y múltiples  las estrategias para influir maliciosamente en las emociones, entre las cuales destaca el paquete milagroso para dar solución a todos los problemas del país.

Evitar el camino tortuoso e ir por la vía fácil es una oferta atractiva, pero lo fácil resulta difícil luego. Hay que ubicarse en la realidad y analizar la trayectoria de cada uno de los aspirantes a la Presidencia.

Es bueno hacerse preguntas tales como: ¿cuál ha sido el medio de vida del político durante los últimos años?, ¿lo que dijo ayer es congruente con lo que dice ahora?, ¿sus palabras coinciden con sus hechos?, ¿las ofertas pronunciadas son realistas, o sencillamente por ganar votos?

También es conveniente saber si por ambición desmedida de poder ha roto  relaciones de amistad con quienes lo apoyaron. ¿Es controlador?, ¿es amigo de la pluralidad de ideas?, ¿pondera la libre expresión o es intolerante ante la crítica de los medios de comunicación?, ¿qué tipo de gente lo rodea?, ¿cuántas veces ha mentido para mantener sus aspiraciones o su popularidad?, ¿qué pasado turbio le acompaña?

Se trata del porvenir del país, y por tanto se debe tener cuidado con el voto emocional que puede estar fincado en la desesperación, el odio, la venganza, originados por discursos encendidos que alteran el pulso, hacen palpitar el corazón, dibujan cifras imaginarias de progreso, y cambios sociales y económicos radicales como si existiera una varita mágica para ello.

Resulta oportuna la postura del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), al hacer un llamado a los partidos para que eviten postular personas que hayan sido inhabilitadas formalmente para el servicio público o condenadas por la comisión de una conducta delictiva. Señala, además, que es inaceptable que se promueva la impunidad postulando a candidatos que quebrantan la ley.

Rogelio May Cocom