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La vida del ser humano

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“¡Nunca te des por vencido, sigue siempre hacia la meta más importante!”, Jesucristo.

 

En ciertos momentos de nuestra vida, todos los seres humanos de cualquier país, religión, condición social, género, edad, seguramente nos hemos interrogado a nosotros mismos: ¿cuál es la principal meta de nuestra existencia?

Y desde luego podemos encontrar diversas respuestas, unas más destacadas que otras, entre las que comúnmente están: gozar de buena salud, comprar una casa, viajar a lugares de interés, tener un coche nuevo, contraer matrimonio, pagar la deuda al banco, formar una familia, obtener un empleo, cursar una carrera o un posgrado. Todas estas son sumamente importantes, pero viéndolas con detenimiento resultan metas intermedias. Pero para establecer cual sería la fundamental, es necesario conocer lo que nos dicen algunas disciplinas y el punto de vista de la religión.

 

FILOSOFÍA Y ÉTICA

En primer término, encontramos las ideas planteadas por el filósofo griego Sócrates, quien  afirmó que la meta es alcanzar la sabiduría por medio del método mayéutico. Es decir, hacer brotar las ideas de la mente, haciéndose meticulosas preguntas.

Los filósofos hedonistas nos dicen que la meta es lograr el placer. Este enfoque se divide en dos: uno que se refiere a los placeres materiales como el bienestar físico, otro se refiere a los placeres espirituales como el que se experimenta cuando se ayuda a alguien o lograr algo que anhelaba.

El filósofo alemán, Enmanuel Kant, creador del idealismo, sostuvo que el bien supremo del hombre es actuar buscando “que la máxima de tu acción sea encontrar una ley de universal observancia”. Esto nos expresa que el pensar correctamente nos lleva a actuar en forma correcta, lo cual será un buen ejemplo para las demás personas. En pocas palabras, es hacer el bien sin importarnos a quien, y en muchas ocasiones basta con la buena intención porque a veces no es posible realizar las buenas acciones por impedimentos fuera de nuestro alcance.

Considero que el personaje más destacado y quien más ha influido en la historia de la humanidad, por sus notable aportaciones, es el filósofo griego Aristóteles, quien afirmó que el fin último del hombre es encontrar la felicidad (heudemonía) basada en la virtud, buscando en todo momento el justo medio de las cosas que se encuentran en medio de dos polos opuestos. Por ejemplo, lo bueno se encuentra entre la maldad y la bondad; lo templado se encuentra entre lo frío y lo caliente; la templanza entre la cobardía y la temeridad o valentía.

Aristóteles definió la felicidad como “el estado del alma en consonancia con las más perfectas de las virtudes”. De entrada esta definición parece un tanto difícil de comprender, pero la verdad que es bastante accesible. Al decir “estado del alma”, nos da a entender que el estado del alma o mental es un proceso que se alcanza y que se tiene que mantener. Y al decir “en consonancia con las más perfectas de las virtudes”, nos dice que deben estar de acuerdo las acciones con el pensamiento de lo que es bueno.

Cabe mencionar que desde que Aristóteles dio a conocer estas ideas fueron muy bien aceptadas, y con el paso del tiempo se fueron propagando y adquiriendo gran popularidad, tanto así que hasta nuestros días, ahora que nos encontramos en los prolegómenos del siglo XXI, siguen siendo exitosas en la cultura de los países occidentales.

 

PSICOLOGÍA

En este esfuerzo de descubrir cuál es la principal meta de la vida, nos encontramos con lo que propone el psicólogo norteamericano, Abraham Maslow, fundador de la corriente humanista que nos dice que la meta superior del ser humano es lograr la autorrealización. Esto es, que sus ideas alcancen a trascender en el tiempo y en el espacio, previa satisfacción de sus necesidades  fisiológicas o de supervivencia, las de amor y pertenencia, de seguridad, de autoestima y de reconocimiento, sin las cuales no podrá lograr dicha meta.

 

RELIGIÓN

Pero quien más ha impactado a la humanidad en todas las regiones del mundo por lo trascendente de su propuesta, es la religión cristiana en todas y cada una de sus variantes, doctrinas y sectas, ya que todas se fundamentan en las enseñanzas de N.S. Jesucristo, quien propone que la principal meta o destino del hombre diseñado por Dios es su salvación por medio de la santificación, del arrepentimiento de los pecados que constantemente comete, su vida de fe en Dios, el amor al prójimo, pero sobre todo por su bondad y su gracia (misericordia) para con nosotros.

Según sus propios discípulos, y en especial san Marcos, en los Hechos de los Apóstoles, citando al mismo N.S. Jesucristo, nos dicen que la salvación es lograr la vida eterna. Esto significa que al dejar de existir el cuerpo físico de una persona, su espíritu o alma puede alcanzar la eternidad, es decir trascender, siempre y cuando haya obrado bien y esté limpio de pecado.

Porque de no ser así, dicho espíritu no alcanzará a vivir en la gloria de Dios y quedará penando separado de la gracia divina, en un sufrimiento igualmente eterno. Cabe aclarar que gracia significa concesión gratuita, es decir, un regalo. Y la gracia divina es un don o ayuda sobrenatural que Dios concede a los hombres para su salvación.

Adán Méndez Toledo

 

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