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Como en el cine

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Tragedia

 

Como académico y observador del mosaico político que presenta nuestro país, me percibo sentado frente a mi pantalla, seleccionando en la plataforma Netflix el género de película que deseo ver; recurro a esta analogía para poder dar un punto de vista de lo que me parecen las situaciones que se desarrollan en nuestro país, y que dada la actualidad podemos suponer cual será el desenlace, a menos que estemos ante una gran trama, que la verdad no lo creo, porque como se  desarrollan los supuestos, ya sabemos cuál será el final.

La política de nuestro país, haciendo una analogía con el género de películas, comienza con uno épico. Dentro de este género podemos encontrar películas como Troya, Los diez mandamientos, El señor de los anillos, Corazón valiente. Los cinéfilos no requieren más explicación para entender que en la mayoría de estas películas se cuentan historias de pueblos sojuzgados por un largo periodo, por monarcas, reyes, gobernantes, que debido a su tiranía someten a sus gobernados a condiciones de vida que atentan contra los valores universales de la dignidad humana.

Este género de películas, de alguna manera enmarca situaciones que tienen parecido con la realidad. Es pura coincidencia, pues lo cierto es que estas en ocasiones alcanzan distinciones de obra de arte por las respectivas academias, por lo regular son creaciones de las mentes calenturientas de los grandes escritores, porque esto en la realidad no sucede, ya que los seres humanos jamás le daríamos agua en lugar de medicamentos a los niños, ni le cobraríamos grandes cantidades de dinero a los ciudadanos por sus viviendas, y menos aún les haríamos pagar tantos impuestos o le robarían grandes cantidades de dinero.

La política mexicana, aparte de tener tintes de genero épico, también guarda algo de las películas de aventura; muchas veces el épico se confunde con el de aventura, ya que si bien en el épico su situación principal son el sojuzgamiento de los pueblos, en el de aventura también existe esta trama, nada más que la situación va mas direccionada al personaje central como Robin Hood, el Llanero solitario, Rambo, personajes que están en contra del statu quo o  sistema vigente. Este tipo de película termina con final feliz cuando el caudillo alcanza el derrocamiento del sistema.

El género de aventura tiene muy poco parecido con la política mexicana, debido a que la política no tiene el final feliz de este género. Si bien hubieron doce años de lucha del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en contra de la mafia del poder y por cambiar el status diciendo que las condiciones de vida iban a mejorar para los ciudadanos, y que a la mafia del poder le iba quitar todas esa ventajas que los hacían vivir como jeques árabes, al parecer esto no está sucediendo.

Lo cierto es que alrededor del presidente electo se están creando otros jeques árabes que están escribiendo sus propias películas, y esto es porque una revista del corazón dio conocer una historia romántica de una boda —que costó más de diez millones de pesos—, de uno de sus más cercanos seguidores. Sin duda esto nos da cuenta de las películas de corte independiente, de donde se desprende que el monto del costo de la boda es el amor que se tienen.

Al no alcanzar el final feliz de las películas de aventura, la política mexicana está entrando al terreno del drama. En este género las películas se significan por situaciones que evocan la tristeza, la angustia y el desencanto. Puede ser considerado dentro de este el Titánic, Philadelphia, temas en donde las situaciones se exponen particularizando cada detalle. El drama es un tema muy recurrido en el gusto de los mexicanos; sólo tienen que ver las producciones de las televisoras mexicanas para darse cuenta lo que es el drama.

Hoy los seguidores del presidente electo están sufriendo desencantos y están entrando al drama, pues lo que les dijeron de que iba a bajar el precio de la gasolina, no va a suceder; de que las dos refinerías iban a crearse, solamente habrá una para el Estado natal del presidente electo; de eso de la austeridad republicana, pues fíjese que la nueva Legislatura se acaba de autorizar un bono para que no pasen tristes sus fiestas decembrinas. Si a eso agregamos las declaraciones que ha pronunciado respecto al cumplimiento de sus ofertas políticas, esto es ya todo un drama.

En la política mexicana podemos tener todos los géneros, inclusive el policiaco y de comedia. Sólo lea los periódicos. Cuántos muertos por ejecuciones hay en la parte norte de nuestro país, o bien las distintas fosas clandestinas que aparecen muy seguido. Y si de comedia se trata, échele un vistazo a nuestra política local. Los nombramientos están para morirse de risa, pero bueno, como dije al principio de este escrito, soy un académico observador de la política mexicana.

Pero si mucho me apuran, no vislumbro buenas expectativas para las próximas elecciones, ya que no se está refrescando el ámbito político en el aspecto local. Siempre las mismas caras, aún cuanto a sus recientes puestos no hayan dado buenos resultados a la ciudadanía. En fin, lo veremos cuando haya elecciones y no ahorita, así que olviden lo que dije, sólo estoy pensando y escribiendo en voz alta.

Lo que me pone a pensar es el género que no se ha tocado: la tragedia. Sería precisamente una tragedia para el país, que la esperanza de millones de mexicanos, que albergaron la ilusión de una cuarta trasformación, sean sólo testigos de una trasformación de cuarta. Créanme, no es mi intención molestar a nadie, y menos a los seguidores del presidente electo, Andrés Manuel. Mi postura como académico es como la de un crupier: “como, veo doy”.

 

José Guadalupe Celis Pérez