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Celebremos Jueves Santo en casa

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(“Gran liturgia doméstica” – Papa Francisco)

Introducción:

En la tradición hebrea, la casa constituye un espacio privilegiado en el cual crecer a la luz de la fe, en el cual testimoniar la fe y en el cual celebrar la memoria de la salvación obrada por Dios. Casa es lugar en el cual vivir y celebrar la obra de la liberación cumplida por Yahveh (Ex 12; Jo 2; 1Re 17). Jesús ha realizado su misión mesiánica no solo en las calles, en las sinagogas, en el templo, sino también en las casas.

La casa es, antes que nada, lugar de los afectos, de las relaciones, en la cual somos generados a la vida y en la cual experimentamos seguridad e identidad y en la cual somos invitados al vivir. La casa es, también, lugar de tensiones, de conflictos, a veces graves (que desembocan en violencias psicológicas y físicas), pero también lugar de reconciliación. Un espacio que reconocemos como «nuestro» y que define nuestra identidad y nuestro mutuo reconocimiento. Habla de nosotros, nos habla. Nuestra casa es hoy para nosotros primer lugar donde resuena la Palabra del Dios de la Vida, portadora de esperanza y significado auténtico, y espacio de celebración.

Celebremos este Triduo Pascual Familiar, diferente como en otros años, como una oportunidad de que nuestra casa se convierta en el lugar privilegiado para que hoy se haga presente el misterio más grande de nuestra fe: la entrega del Señor que por amor da la vida por nosotros para que en él tengamos vida.[1]

[1] Tomado del «Insieme sulla setessa barca». (“#iocelebroacasa”). Adaptación y traducción propia.

  1. JUEVES SANTO (CELEBRACIÓN DE LA CENA DEL SEÑOR)

Para preparar en familia antes de la celebración: – Un lugar cómodo que permita el recogimiento y la oración familiar: (- Un pequeño altar con los siguientes elementos: un mantel, una vela encendida, una cruz, la imagen de la Virgen María, etc). Este altar lo dejaremos durante todo el triduo como lugar de oración frecuente. – Una Biblia desde la cual se proclamará el evangelio. – Necesitaremos también una palangana y una jarra con agua para realizar el gesto de lavado de pies. – Vamos a necesitar una pieza de pan para bendecirlo y compartirlo entre nosotros. Si tienen la oportunidad pueden hacerlo casero, amasándolo y preparándolo en familia. – Se propone después de la cena familiar terminar la noche con una oración de acción de gracias y con el beso de la paz antes de irse a dormir.

P – Preside la celebración

F – Algún familiar presente

  1. Introducción a la celebración

Una vez reunida la familia en torno a la mesa y la Palabra de Dios, se propone comenzar con el canto (“Alrededor de tu mesa”)

F: Llegada la hora de retorno al Padre, sabiendo que iba camino a su cruz, reunió a sus amigos en la última cena y nos dio su Cuerpo el Señor Jesús. En memoria tuya, Jesús, vamos a tu mesa en señal de amor. Profundo misterio de amor y ternura de querer quedarse antes de partir, de dejar su Sangre como Alianza nueva, de darla en bebida antes de morir. «Tómenlo y coman pues esto es mi Cuerpo» les dijo, rompiendo en su mano un pan. «Tómenla y beban pues ésta es mi Sangre, la que por ustedes he de derramar» «Y hagan lo mismo cuando se reúnan sabiendo que un día he de retornar para convidarlos a beber unidos de aquel vino nuevo que el Padre ha de dar» Por eso inclinados su Cuerpo adoramos y aunque nada vemos, nos basta creer. El antiguo rito ha dejado paso a su Sacramento, misterio de fe. A ti, Jesucristo, te damos la gloria porque tú nos diste el don del amor. A ti la victoria, honor y alabanza porque estás sentado al lado de Dios.

El adulto que guía la celebración invita a todos a hacerse la señal de la cruz:

  1. Reunidos en su nombre

P: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Bendito seas Señor Jesús, que hoy quieres celebrar esta Pascua con tu familia. Reunidos en tu Nombre te haremos presente en la memoria de tu entrega amorosa. Gracias por regalarnos en éste día el don de tu Cuerpo y tu Sangre, el Mandamiento del amor. Bendícenos y bendice estos alimentos que compartiremos de tu mano bondadosa. Te lo pedimos a Ti, que vives y reinas Por los siglos de los siglos. Todos responden: Amén

Y continúa: Este jueves santo nos encuentra reunidos en una casa, como lo hizo Jesús con sus apóstoles la noche en la que iba a ser entregado. No podemos ir al templo a celebrar en comunidad, pero podemos revivir en familia el espíritu de aquella cena en Jerusalén cuando el Señor nos regaló para siempre su presencia en el pan y el vino que en cada misa se transforma en su Cuerpo y en su Sangre. Por eso vamos a celebrar la presencia del Señor entre nosotros, porque él mismo nos dijo que cuando nos reunimos en su nombre él está en medio nuestro.

  1. Palabra de Dios

Escuchemos la Palabra. Alguien toma la Biblia del altar familiar y proclama el evangelio del lavatorio de los pies: Jn 13, 1 – 15.

Narrador: “Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo:

Pedro: ¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?

Narrador: Jesús le respondió:

Jesús: No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás. Narrador: Pedro le dijo:

Pedro: No, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!

Narrador: Jesús le respondió:

Jesús: Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte.

Narrador: le dijo Simón Pedro

Pedro: Entonces, Señor, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!

Narrador: Jesús le dijo:

Jesús: El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos.

Narrador: Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios». Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo:

Jesús: ¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

Narrador: Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

  1. El gesto del lavatorio de los pies

Después de haber escuchado el evangelio nos disponemos a realizar el mismo gesto que hizo Jesús con los apóstoles. Para ello vamos a utilizar la palangana y la jarra con el agua que teníamos preparada. El gesto puede hacerse pasando uno solo y lavándole un pie a cada integrante de la familia o si se desea, a modo de ronda, cada uno lava al de su derecha, y así hasta concluir todos. el adulto que guía introduce este momento diciendo:

P: El Señor Jesús, después de levantarse de la cena, echó agua en un recipiente y se puso a lavarles los pies a los discípulos. Éste fue el ejemplo que les dejó. Vamos a repetir nosotros ahora este gesto como símbolo de servicio y humildad y como actitud de entrega a los demás. Hagámoslo lo mismo sirviendo a nuestro prójimo, empezando por los más cercanos, aquí presentes.

(en el fondo “Alma misionera”o “Ubi caritas”).

Uno de los niños puede leer el fragmento: “No hay amor más grande”:

F: “No hay mayor amor que dar la vida. Este es mi cuerpo y mi sangre todo esto es lo que soy. Estaré siempre entre ustedes, aunque parta no me voy. No teman amigos míos si algún tiempo no me ven, que si entre ustedes se quieren me verán a mí también. El miedo no es sentimiento que abriga el que cree en mí, recuerden estas palabras: Al mundo yo lo vencí. Les enviaré mi Espíritu que consuela en el dolor, alentará en la esperanza, traerá fuego al corazón.”

  1. Oración de los fieles:

P: En esta noche que celebramos el amor de Jesús que se entrega por nosotros y nos regala el don de la eucaristía, digamos juntos a cada intención «Escucha Señor la oración de tus hijos»

Los miembros de la familia pueden ir leyendo las intenciones para presentar al Señor:

F 1: Por la Iglesia, para que haciendo presente a Cristo, manifieste al mundo entero el amor de Dios por los hombres, especialmente en estos tiempos tan difíciles para tantos hombres y mujeres. Oremos.

F 2: Por todos los que anuncian el Evangelio, para que siguiendo a Jesús, puedan vivir su vocación como hermanos de los hombres y servidores de todos. Oremos.

F 3: Por los profesionales y trabajadores que nos cuidan y abastecen en medio de la cuarentena, para que sientan el reconocimiento y agradecimiento de la sociedad, y se sepan un instrumento de Dios para la vida de los que más sufren. Oremos.

F 4: Por nosotros, por nuestra familia aquí reunida, para que podamos seguir el mandamiento que Jesús nos dejó de amarnos los unos a los otros, especialmente con aquellos que más nos necesitan. Oremos.

Intenciones libres…

  1. Oración del Padre Nuestro.

P: Como hijos de Dios le pedimos al Padre que escuche nuestras intenciones: Padre nuestro, que estas en el cielo…

  1. Bendición del pan

Terminadas las intenciones el adulto que guía la celebración, toma el pan que se preparó especialmente para esta ocasión y dice:

P: Bendito seas Tú, Señor, nuestro Padre, que sacas el Pan para de la tierra.

Todos responden: Bendito seas por siempre, Señor.

P: Bendito seas Tú, Señor Jesucristo, que te quedaste como alimento en nuestro peregrinar.

Todos responden: Bendito seas por siempre, Señor.

P: Bendito seas Tú, Espíritu Santo, Señor y dador de Vida que haces presente el Pan de Vida.

Todos responden: Bendito seas por siempre, Señor.

Toma el pan, lo va cortando con las manos y repartiendo un pedacito a cada uno para que lo coma. Mientras tanto se propone cantar y/o escuchar la canción “Bendito sea Señor por este pan que nos diste…”

El mayor de la familia hace esta oración:

F: Señor Jesucristo, que en el admirable sacramento de la eucaristía instituido en esta noche, nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que podamos experimentar siempre en nosotros los frutos de tu redención. Tú vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

  1. Compartimos la cena familiar

Como lo hizo Jesús con sus apóstoles la noche en que iba a ser entregado, nos disponemos como familia en torno a la mesa para compartir la cena. Antes de comenzar a comer podemos bendecir los alimentos como lo hacemos habitualmente o con la siguiente oración:

F: Señor, Dios nuestro, que cuidas de tus hijos con amor paternal, bendícenos a nosotros y a estos dones tuyos que vamos a tomar y que hemos recibido de tu generosidad; te pedimos, que los bienes de tu providencia alcancen a toda la humanidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Al concluir la cena podemos rezar la siguiente oración para dar gracias a Dios por todos los dones que nos regala:

F: Padre todopoderoso, dispensador de todos los bienes, te damos gracias por los beneficios que nos has concedido, y te pedimos humildemente que, ya que nos cuidaste con amor, nos protejas siempre a la sombra de tus alas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de irnos a dormir, podemos saludarnos con el beso de la paz.

Sebastian Korczak

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