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Viernes Santo (celebración de la pasión del señor y adoración de la cruz)

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(Para preparar en familia antes de la celebración: – Un lugar cómodo que permita el recogimiento y la oración familiar. – Un pequeño altar con los siguientes elementos: un mantel, una cruz tapada con algún lienzo (la que se tenga en el hogar; también se puede hacer en un dibujo o prepararse previamente, con los hijos, alguna cruz de leño), dos velas que se encenderán en un momento de la celebración al lado de la cruz, la imagen de la Virgen María, etc. – Una Biblia desde la cual se proclamará el evangelio).

P – presidente de la celebración

F – un familiar

  1. Iniciamos la celebración.

Una vez reunida la familia iniciamos escuchando el canto: “Saliendo del Pretorio”

F – Porque de mí te acordaste cuando moriste en la Cruz; y mi pecado borraste cuando moriste en la Cruz; porque en tu muerte lavaste con sangre roja de amor el mundo que había manchado con mi pecado. Por eso yo te doy gracias en este instante, Señor, y me dispongo a ayudarte en la obra de salvación; hoy me arrepiento de todo lo malo que cometí y me propongo amar tanto como Tú a mi.

El adulto que preside la celebración invita a todos a hacerse la señal de la cruz.

P: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

P: Recordamos hoy la Pasión del Señor. Celebrar significa actualizar el dolor amoroso de Jesús que redime, salva, libera, da vida. Él es el que abre nuevos caminos ante los corazones cerrados por el odio, la violencia y la muerte del bien. Jesús hoy no fracasa, se queda como víctima mostrándonos un horizonte sin fronteras: ¡EL AMOR HASTA LA MUERTE! Este es el grito final que en definitiva vamos a hacer nuestro.

  1. La Palabra de Dios

P: La lectura que vamos a compartir prepara nuestro corazón para contemplar en este día al Señor Jesús, el servidor sufriente que entrega su vida por los demás.

Lectura del libro de Isaías (Is. 52, 13-53,12)

F – Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. Como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído. ¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor? El creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca. Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca. El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables. Palabra de Dios.

Todos: Te alabamos Señor.

Canto: “Tardes del viernes Santo”

  1. Improperios

P: Como respuesta a la Palabra nos unimos en la oración por medio de la recitación de los improperios, que expresan el dolor del Señor ante su pueblo que lo entrega en la cruz.

F 1 – Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿en qué te he ofendido? Respóndeme. Yo te saqué de Egipto: tú preparaste una Cruz para tu Salvador. Oremos.

Todos: Perdónanos Señor, y muéstranos tu amor.

F 2 – Yo te guié cuarenta años por el desierto, te alimenté con el maná, te introduje en una tierra excelente; tú preparaste una Cruz a tu Salvador.

F 3 – ¿Qué más hacer por ti? Yo te planté como viña mía. Escogida y hermosa. ¡Qué amarga te has vuelto conmigo! Para mi sed me diste vinagre, Con la lanza traspasaste el costado de tu Salvador.

F 4 – Por ti yo azoté a Egipto y a sus primogénitos; tú me azotaste y me entregaste.

F 5 – Yo te saqué de Egipto, sumergiendo al Faraón en el mar Rojo; tú me entregaste a los sumos sacerdotes.

F 6 – Yo abrí el mar delante de ti; tú, con la lanza, abriste mi costado. Yo te guiaba con una columna de nubes; tu me guiaste al pretorio de Pilato.

  1. Adoramos a la Cruz

Seguidamente la Cruz se quita el lienzo a la cruz que está ubicada de modo especial en el centro de la reunión familiar y si se puede se enciende una vela a ambos lados

P: La Cruz que es un instrumento de muerte, para nosotros hoy es promesa de vida. En ella reconocemos el triunfo de Cristo. Ella es el signo de mayor entrega de Jesús al Padre y al mundo entero; es el modelo para nosotros de ponernos en sus manos. Por eso nosotros ahora la adoraremos con amor y reverencia.

Se pasa entre los familiares la Cruz para besarla. Se puede escuchar alguno de los siguientes cantos:

  • “Vine a adorarte”, – “Nadie te ama como yo”
  1. El Padre Nuestro (después de un momento en silencio)

P: : Jesús en la Cruz no murió por mí o por Ti solamente, murió por todos. Recemos unos por otros diciendo: Padre nuestro, que estás en el cielo…

  1. El dolor de María:

P: Para terminar la celebración haremos memoria de los dolores de la Virgen María frente a la cruz de su hijo. A María que estuvo al lado de Jesús en la cruz, y que sufrió como madre por la muerte de su hijo, la queremos recordar en este día y pedirle especialmente por todos los que están sufriendo en este tiempo por la enfermedad o la muerte de un ser querido a causa de la pandemia.

F: Junto a la cruz de su Hijo la madre llorando se ve; el dolor la ha crucificado, el amor la tiene de pie. Quédate de pie, de pie junto a Jesús, ¡Que tu Hijo sigue en la cruz! Cruz del lecho de los enfermos, de los niños sin un hogar, cruz del extranjero en su patria, del que sufre en soledad. Cruz de la injusticia y miseria de los marginados de hoy; cruz de tantas falsas promesas y de la desesperación. Cruz del abandono de amigos, del olvido y de la traición; cruz de la amenaza y del miedo, la tortura y la prisión.

Le decimos juntos: Dios te salve María, llenas eres de gracia…

Canto: “El diario de María”

  1. La señal de la Cruz

Todos juntos se despiden con la señal de la Cruz. Para la bendición final el familiar mayor persigna al siguiente hasta llegar al menos de la familia.

Sebastian Korczak

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