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«Horizontes» por Tere Mora Guillén

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Dentro de la Cuarentena, el día de ayer las madres mexicanas fueron festejadas de forma especial. A diferencia del resto del mundo, aquí en las diversas alcaldías de la Ciudad de México, diversos grupos de mariachis llevaron serenatas a las progenitoras, que sorprendidas salían a las calles guardando sana distancia, emocionadas ante tal gesto, tarareaban las melodías. Y es que había motivo para  llevar un poco de alegría al son del mariachi, para que las madres iniciaran su día con un poco de entusiasmo, en medio del Covid-19, que a puesto de cabeza al mundo.

Este año fue sorprendente los regalos a las madres, a quienes sus hijos agasajaron desde con sencillas comidas y una flor, hasta con arreglos florales, obsequios maravillosos encargados a través de internet, y con verdaderos manjares, elaborados con antelación y por pedido expreso.

Y desde luego no podían faltar las llamadas telefónicas y las reuniones virtuales, que acercaron a madres e hijos, pese a la distancia. De tal forma cada uno a su manera celebramos a nuestras mamás.

Este diez de mayo fue una tregua en medio de una ciudad a puertas cerradas, incomprensible y triste ver iglesias, plazas comerciales, restaurantes, cines, museos, negocios de todo tipo herméticos, en números rojos, muchos habrán de cerrar de forma permanente, otros trabajando tras bambalinas, para subsistir en medio de la pandemia.

Son muchos los mexicanos que han sido despedidos de sus empleos, y otros tantos que siguen contratados, pero que ya perdieron todas las prestaciones. Será difícil pasado el encierro salir adelante, pero con el espíritu y ánimo en alto, una vez más, habremos de levantarnos como tantas otras veces lo hemos hecho.

Pero cierto es que los mexicanos nos encontramos en los días más álgidos del confinamiento que hemos vivido: algunos dirán sufrido, al encontrarse encerrados; otros más lo habrán disfrutado encontrando un sinnúmero de beneficios personales y familiares; muchos más lo asumen con el temor de ver a un familiar enfermo, y qué decir de quienes enfrentan con valentía y compromiso la responsabilidad de tratar directamente a quienes desafortunadamente se han infectado, dejando a un lado a sus seres queridos aislados y fuera de casa, en afán de proteger a sus familias; miles más enfrentan el riesgo de salir con tal de mantener su trabajo o de hacer algún servicio social; en fin, cada uno a su manera pero la situación no es sencilla, y lo que faltaba, ante el juego de fechas con que se ha manejado el confinamiento que inicialmente concluiría el 19 de abril, posteriormente se pospuso al 30 de ese mismo mes, y hoy nos lleva al 17 de mayo en algunos lugares, y el primero de junio en otros, el caso es que nos distanció este diez de mayo.

Sin embargo la gratitud, el amor, la figura de quien nos dio la vida, debe llevarnos a celebrarla cada día, gozar con su presencia, y venerar a aquellas que ya se han ido.

Por lo pronto las autoridades tuvieron la brillante idea -como todas las que tienen-, de postergar al diez de julio el festejo a las madres, por lo que sospecho ese día nos habremos de volver a reunir para seguir celebrando con gran fervor a nuestras mamás, al fin y al cabo madres sólo hay una, y como México no hay dos.

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