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“Te doy gracias”

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Domingo 14º del Tiempo Ordinario

Sebastián K.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Creo que entre las oraciones pronunciadas por Jesús y recogidas por la tradición, una de las más bellas es este grito espontáneo de gozo, admiración y agradecimiento que sale de sus labios, es: “Yo te bendigo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has descubierto a la gente sencilla”.

Es tan natural y propio de Jesús, pues siempre hablaba con su Padre con la autenticidad y todo lo que sentía en el momento. Los exégetas descubren en estas palabras de Jesús una “berakah” o “bendición a Yahvé”, que es la oración más típica de la espiritualidad judía. En su forma más sencilla, la “berakah” es un grito de admiración: “¡Bendito sea Yahve!” (Baruk Yahveh), al que sigue una exposición del motivo que provoca la acción de gracias. Este tipo de alabanza, podríamos decir que es más típico de la gente sencilla que actúa de forma natural. Así era Jesús.

El evangelista Mateo ha reunido aquí tres dichos (llamadas) de Jesús que tuvieron un origen independiente. Lucas sitúa la alabanza de Jesús en un contexto más verosímil: el regreso de los discípulos después de anunciar la buena noticia (Lc 10, 21-22). Según él, lo que Dios ha revelado a los sencillos es el misterio del reino. Sin embargo, para Mateo, el objeto de la revelación del Padre es el misterio de Jesús, que muchos de sus contemporáneos no han sabido descubrir (Mt 11, 16-24). En el contexto de Mateo este párrafo es muy importante, ya que explica que el rechazo de Jesús estaba previsto en el designio de Dios, el cual ha querido revelar el misterio de Jesús a los sencillos.

Encontramos la primera llamada en la expresión: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados. Yo les aliviaré”; está dirigida a todos los que viven su religión como carga pesada. No son pocos los católicos que viven agobiados por su conciencia y remordimientos. No son grandes pecadores, sencillamente han sido educados para tener presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios.

Por ello nunca se sienten familiarizados y amados lo suficiente por nuestro Padre Dios, creen que deben merecer mucho más su misericordia. Si se encuentran realmente con Jesús se sentirán aliviados. Hay también católicos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Encuentran nada o poco atractivas las celebraciones religiosas. Si se encuentran con Jesús aprenderán a vivir a gusto con Dios y compartirán con El su vida cotidiana, y no sólo una hora a la semana. Descubrirán la alegría interior que aún no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación, sino por atracción que se convertirá en pasión.

“Carguen con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia ni obliga a nadie, al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir. Con Él podemos encontrar los detalles sencillos de la vida, que la hacen más hermosa y llevadera, sobre todo en los momentos cargados de dolor y sufrimiento. Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos; nos invita a vivir haciendo el bien sin hacernos víctimas ante los demás.

“Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso”. Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como vivía Él, sin apariencias y preocupaciones. Jesús no complica nuestra vida, la hace más clara, sencilla, humilde y sana. Ofrece merecido descanso, pues no propone nunca a sus seguidores algo que Él mismo no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido, por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos. Nunca sale con la palabra de la condenación, sino de apoyo para que puedas seguir adelante a pesar de todo.

Al experimentar la acogida de los sencillos, Jesús manifiesta su alegría alabando a Dios. Al mismo tiempo, el rechazo de las autoridades, letrados y sabios revela con claridad que la fe en Jesús, como Hijo de Dios, es un don, no es fruto del esfuerzo humano. Para recibir este don hay que vaciarse y hacerse sencillos. Por eso, Jesús invita a todos los que están abrumados a que vengan a él y encuentren el descanso, cambiando el pesado fardo de la ley por el yugo suave del amor al prójimo.

Los sabios, los doctores de aquella época, habían creado una serie de leyes que imponían al pueblo en nombre de Dios. Pensaban que Dios exigía del pueblo estas observancias y así ellos conseguían su “billete” al cielo. Pero la ley del amor traída por Jesús decía lo contrario. Lo que importa no es lo que hacemos para Dios, sino lo que Dios, en su gran amor, ¡hace por nosotros!

La gente entendía el hablar de Jesús y quedaba contenta. El mensaje era para todos los que tenían corazones y mentes abiertas. Los sabios pensaban que Jesús estaba en el error, no podían entender esa enseñanza que modificaba la relación de la gente con Dios. La aceptación y el rechazo de Jesús seguían siendo un hecho en tiempos del evangelista, que a través de este párrafo dirige una invitación a los cristianos de su época, para que acojan con sencillez el misterio de Jesús y vivan siempre unidos a él teniéndole como modelo y maestro.

Si queremos que los demás encuentren el tesoro que nosotros hemos encontrado en la Fe a Cristo, seamos acogedores, respetuosos y de puertas abiertas para aquellos hermanos que quieran descubrir el mensaje de Jesús  de Nazaret. Él es el gran liberador de la opresión, no quiere que vivamos agobiados ni cansados sino libres. Hagamos nuestra esta preciosa exclamación que hoy Jesús nos regala: “berakah”. “Te doy gracias, Padre…  por tantas personas, cosas”.

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