Inicio»Opinión»Dabar (*)

Dabar (*)

0
Compartidos
Google+

Domingo 16º del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“Lo más aburrido del mal es que a uno lo acostumbra”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (13,24-43):

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: “El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: ‘Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?’ Él les dijo: ‘Un enemigo lo ha hecho’. Los criados le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les respondió: ‘No, que, al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y atenla en gavillas para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero’.”

Les propuso esta otra parábola: “El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas”. Les dijo otra parábola: “El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente”.

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: “Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré los secretos desde la fundación del mundo”. Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: “Acláranos la parábola de la cizaña en el campo”. Él les contestó: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga”.

Existe el bien y el mal, no hay duda. Diario somos testigos de las maravillas, de la bondad de la personas, de la creatividad de Dios. También experimentamos la inclinación y las consecuencias del mal. Santo Tomás de Aquino nos dice que al crear este universo, Dios no deseó los males que contiene porque no puede crear lo que se opone a su bondad infinita.

Existe este campo en el que encuentro el trigo y la cizaña. Nos provoca mucho dolor reconocer nuestras debilidades, errores y daños que hacemos a nosotros mismos y a los demás. Sin embargo, luchamos y llevamos mucho tiempo la vida intacta, sin fallas ni caídas. Esto forma parte de nuestras vidas. ¡Encontramos la cizaña pero no nos olvidemos del trigo!

Es importante iniciar la reflexión con la afirmación de que hemos de fijarnos más en el trigo bello, dorado, sano que han puesto en mí, porque eso es lo que tengo que cuidar, fortalecer y potenciar. Las debilidades, pecados, errores y fallos siempre estarán ahí, pero de lo bueno, depende mucho de mí que se mantenga y se potencie. No podemos centrar sólo nuestra atención en lo negativo y entregarnos a combatirlo, y descuidar lo bueno que podríamos perder.

J.P. Sartre, con insistencia afirmó que: “Lo más aburrido del mal es que a uno lo acostumbra”. No nos acostumbremos nunca al mal, pero dejemos que el mismo Dios tome sus medidas y arranque el mal en el momento oportuno, en su cosecha. Es necesario aceptar en mí la cizaña buscando siempre que no crezca más, eso se logra con paciencia, esfuerzo y correspondencia a la gracia. Pero también debemos potenciar las cosas buenas, fomentar las virtudes, fortalecer los hábitos, afianzar las cualidades y ponerlas al servicio de los demás. Como dijo A. Dumas: “El bien es lento porque va cuesta arriba. El mal es rápido porque va cuesta abajo”.

Creo que al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos, el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Demasiado se habló sobre la lucha contra el pecado y los enfrentamientos para defender el dogmatismo. En primer plano, se expuso el mal y el pecado, en vez de la semilla del bien. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera. Y si alguien no acepta o no vence el mal, simplemente se le echa fuera “extra Ecclesiae”. Como si el mal y no el bien fuera punto de referencia.

No olvidemos que según san Agustín, el mal es simplemente la ausencia del bien. Y el bien, el amor, la bondad, siempre deberían ser la fuente y esencia de todo. Nadie ha de “arrancar” la vida de ningún ser humano sólo por considerarla cizaña, mientras uno se autoproclama “trigo limpio”.

Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto del Reino de Dios. Todo esto empieza sembrando pequeñas “semillas” de Evangelio, e introduciéndolo en la sociedad como pequeño “fermento” de vida humana, sin quemar ni condenar por lo más pequeña que fuera esa semilla.

Hay que darle tiempo a crecer, miremos la actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia; parece que nada es grandioso ni espectacular. Ni en Roma, ni en el Templo de Jerusalén, son conscientes de lo que está sucediendo. Sin embargo, la semilla brotó y empezó crecer. El trabajo que realizamos sus seguidores parece insignificante: los centros de poder puede que lo ignoren, pero no pueden parar el proceso. Incluso los católicos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor; el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores. Aparentemente el mal nos sigue venciendo y no somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

Fijémonos que las dos parábolas tienen mucho en común. La primera habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos imaginar. La segunda historia habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura trabaja silenciosamente la masa hasta fermentarla.

Así sucede con el proyecto de Dios para cada uno de nosotros y de nuestras comunidades, familias e Iglesia. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Y no siempre lo hace de forma espectacular; Dios no actúa imponiéndose desde fuera, humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, solidaria, justa y fraterna. Es bueno recordarlo en estos días de pandemia.

El reino de Dios es humilde y pequeño en sus comienzos, pero Él trabaja entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Deseamos que ese virus ya nos dejé de afectar y podamos volver a nuestra vida anhelada. Aparentemente nada depende de nosotros, a la vez depende todo de nuestra actitud y responsabilidad. Hemos de colaborar con el bien siguiendo a Jesús. Iniciemos con nuestros “mundos pequeños” sin salir de casa, pero sí de las comodidades. Que sea un hermoso camino de interiorizar el proyecto de Dios Padre, que nos mandó en la persona de Jesús. Sigamos sembrando y respondiendo a la semilla sembrada en nuestras vidas y entornos.

El bien es aquello que se considera parte del Bien Supremo, moral, digno de imitación. El mal tiene significado opuesto y nunca cambiará. El mal seguirá siendo eso, por muchos y diferentes intentos de disfrazarlo. Como dice un viejo refrán mexicano: “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le agarra la pata”. En vez de crear tantos detalles sobre la penalización canónica, es mejor concentrarnos en hacer y reconocer el bien en sus inmensas formas que aparecen en el mundo.

Platón dice que el mal es la ignorancia. No seamos ignorantes como los observadores del mundo, mantengamos la actitud positiva ante los demás, ante lo que nos espera y encuentra. Así veremos lo mejor del otro, sabremos ver las oportunidades, creeremos más en nosotros mismos, buscaremos soluciones, seremos positivos, generosos y creativos. La psicología positiva realmente ayuda; ser positivos es una conducta apropiada y constructiva, con mayor probabilidad de conducir al éxito y al bienestar de la persona. Inténtalo.

Dejemos de obsesionarnos por la cizaña, sin acostumbrarnos al mal. Aprendamos a vivir la fe de manera humilde, sin hacer mucho ruido ni dar grandes espectáculos. Ya no cultivemos deseos de poder y prestigio. No gastemos nuestras fuerzas en imagen y busquemos lo esencial. Caminemos en la verdad de Jesús. Tratemos de vivir como “fermento” de vida sana en medio de la sociedad, y como poca “sal” que se diluye humildemente para dar sabor evangélico a la vida moderna.

Contagiemos en nuestro entorno el estilo de vida de Jesús, e irradiemos la fuerza inspiradora y transformadora de su Evangelio. Dios no está en el éxito, el poder o la superioridad. Para descubrir su presencia salvadora hemos de estar atentos a lo pequeño, lo ordinario y cotidiano. La vida no es sólo lo que se ve, es mucho más.

(*) Término hebreo que en la Biblia significa tiempo, palabra y acción (palabra/hecho). Palabra creativa que es sinónimo de sabiduría, porque tiene el potencial de diseñar, construir el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dabar-Palabra es sobre todo Jesucristo, en quien la comunicación de Dios tiene su expresión extensiva e intensiva. La vida es el lugar en el que la Palabra debe de ser meditada, interpretada y actualizada. Que la Dabar nos guíe a la felicidad y nos oriente a darnos hacia los demás.

Noticia anterior

Convierte vieja turbina de avión en una casa rodante

Siguiente noticia

Portada