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Dabar (*)

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Domingo 25º del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“Miradas enfermas”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (20,1-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: ‘vayan también ustedes a mi viña, y les pagaré lo debido’. Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ‘¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?’ Le respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘vayan también ustedes a mi viña’. Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: ‘Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros’.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: ‘Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno’. Él replicó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?’ Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”.

 

Estoy seguro de que los discípulos quedaron desconcertados después de escuchar esa parábola. El dueño de una viña salió repetidamente a la plaza del pueblo para contratar obreros. Su conducta es extraña, no parece urgido por la vendimia. Lo que le preocupa es que haya gente que se quede sin trabajo. El primer grupo trabajó duramente doce horas, los últimos en llegar sólo trabajaron sesenta minutos. Sin embargo, al final de la jornada el dueño ordena que todos reciban un denario. En conclusión: ninguna familia se quedará sin cenar esa noche.

Esta decisión sorprende a los oyentes. Se preguntaban: ¿Cómo calificar la actuación de este señor que ofrece una recompensa igual por un trabajo tan desigual? ¿No es razonable la protesta de quienes han trabajado durante toda la jornada? Estos obreros reciben el denario estipulado pero, al ver el trato tan generoso que han recibido los últimos, se sienten con derecho a exigir más. No aceptan la igualdad. En la mentalidad semítica, judía, este pensamiento no era lógico. Su queja es: “los has tratado igual que a nosotros”. El dueño de la viña responde al portavoz del grupo: “¿Va ser tu ojo malo porque yo soy bueno?” Esta frase recoge la enseñanza principal de la parábola.

Según Jesús, hay una mirada mala, enferma y dañosa que nos impide captar la bondad de Dios y alegrarnos con su misericordia infinita hacia todos. Nos comparamos con los demás, somos competitivos en vez de generosos para reconocer la gracia de Dios. “Compararse con los demás nos encadena y hace infelices”, según Kierkegaard.

Dejemos de ver nuestras vidas en la perspectiva de los demás, sintiéndonos acomplejados o superiores. Nos resistimos a creer que la justicia de Dios consiste, precisamente, en tratarnos con un amor que está por encima de todos nuestros cálculos. Esta es la Gran Noticia revelada por Jesús, lo que nunca hubiéramos sospechado y lo que tanto necesitábamos oír. Que nadie se presente ante Dios con méritos o derechos adquiridos. Nuestra vida no es una carrera de méritos y de “comprar” beneficios espirituales. Todos somos acogidos y salvados, no por nuestros esfuerzos, sino por su misericordia insondable.

A Jesús le preocupaba que sus discípulos vivieran con una mirada incapaz de creer en esa Bondad. Creo que aún cometemos el mismo error juzgando al prójimo y mostrando nuestra cara de “justo”, de “jornalero cumplidor”, en vez de sentirnos agradecidos porque Dios en ningún momento ha sido ni será injusto con nosotros. Necesitamos esta mirada bondadosa y llena de misericordia de Dios, que penetraría en la Iglesia.

¡Olvidemos nuestras miradas enfermas! Nos resulta escandaloso que Jesús parezca olvidarse de los “piadosos” cargados de méritos, y se acerque precisamente a los que no tienen derecho a recompensa alguna por parte de Dios: pecadores que no observan la Alianza o prostitutas que no tienen acceso al templo.

Deberíamos concentrarnos más en hacer puentes de misericordia, que en ser “verdugos” de castigo para sentirnos mejor. En este sentido hemos de comprender las palabras: “los últimos serán los primeros”. Son todos aquellos que no se convierten en jueces para obtener privilegios, sino los que aceptan la misericordia y bondad infinita de Dios.

Seguimos muchas veces nuestros cálculos sin dejarle a Dios ser bueno con todos. Y tal vez nos sentimos desconcertados escuchando esa parábola, porque no toleramos la bondad infinita de Dios hacia todos. “Hay personas que no se la merecen. Nos parece que Dios tendría que dar a cada uno su merecido, y sólo su merecido. Menos mal que Dios no es como nosotros”.

Desde su corazón de Padre, Dios sabe entenderse bien con esas personas a las que nosotros rechazamos. La misericordia divina no está en oposición o frente a la justicia humana, sino que la supera, la trasciende, porque está movida por su amor y este lo abarca y lo envuelve todo.

La gracia no busca su razón de ser en lo justo, sino que se trata del desbordamiento del amor divino. Dios revelado por y en Jesús, establece su relación con el ser humano sobre la base de la desproporción de su misericordia, rompiendo todas las barreras del legalismo o la casuística. Lo único que se espera es que la aceptemos, y por fin olvidemos nuestras miradas enfermas.

*Término hebreo que en la Biblia significa tiempo, palabra y acción (palabra/hecho). Palabra creativa que es sinónimo de sabiduría, porque tiene el potencial de diseñar, construir el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dabar-Palabra es sobre todo Jesucristo, en quien la comunicación de Dios tiene su expresión extensiva e intensiva. La vida es el lugar en el que la Palabra debe de ser meditada, interpretada y actualizada. Que la Dabar nos guíe a la felicidad y nos oriente a darnos hacia los demás.

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