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Dabar (*)

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Domingo 26º del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“No somos perfectos”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (21,28-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: ‘Hijo, ve hoy a trabajar en la viña’. Él le contestó: ‘No quiero’. Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: ‘Voy, señor’. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?”

Contestaron: “El primero”. Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a enseñarles el camino de la justicia, y no le creyeron; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, ustedes no recapacitaron ni le creyeron”.

 

La parábola que hoy meditamos es de las más claras y simples. Un padre se acerca a sus dos hijos, para pedirles que vayan a trabajar a la viña. El primero le responde con una negativa rotunda: “No quiero”. Luego, lo piensa mejor y va a trabajar. El segundo reacciona con docilidad ostentosa: “Por supuesto que voy, señor”. Sin embargo, todo se queda en palabras, pues no va a la viña. El mensaje es claro y fuera de toda discusión. Ante Dios, lo importante no es “hablar” sino hacer. Lo decisivo no es prometer o confesar, sino cumplir su voluntad.

Aparentemente las palabras de Jesús no tienen nada de original, pero su aplicación sí. Según el evangelista Mateo, esa parábola lanza Jesús a los dirigentes religiosos de aquella sociedad: “les aseguro: los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el camino del reino de Dios”. Qué duras y provocativas debían ser esas palabras.

Analizándolas bien, vemos que los escribas hablan constantemente de la ley: el nombre de Dios está siempre en sus labios; los sacerdotes alaban a Dios sin descanso; su boca está llena de salmos. Para demostrar su cercanía a la voluntad de Dios, usan textos enteros y siempre argumentan todo de la Sagrada Escritura. Todo esto para que nadie dudara de que están haciendo la voluntad del Padre.

Pero las cosas no son siempre como parecen. Los recaudadores y las prostitutas no le hablan a nadie acerca de Dios. No llevan las filacterias ni vestimentas que recuerdan la Ley de Moisés. Hace tiempo que han olvidado su ley. Sin embargo, según Jesús, van por delante de los sumos sacerdotes y escribas en el camino del reino de Dios.

Me parece muy extraño lo que Jesús tenía en su mente y en su corazón para exponer tanto a los sacerdotes y letrados, y contraponerlos a los de “fuera de la Ley”. Me pregunto: ¿Qué podía ver Jesús en aquellos hombres y mujeres despreciados por todos? Tal vez su humillación. Quizá un corazón más abierto a Dios y más necesitado de su perdón.

¿Acaso una comprensión y una cercanía mayor a los últimos de la sociedad? Tal vez menos orgullo y prepotencia que la de los escribas y sumos sacerdotes. Durante mis años de vida sacerdotal vi a varios sacerdotes como modelo a seguir, pero también no pocos que se perdieron por su orgullo, ambición, y queriendo argumentar todo con las leyes y normas. Es tan fácil perder la sensibilidad de los humildes y creer en su poder y figura sacerdotal. ¡Cuidado con eso!

El Evangelio de hoy no nos invita primero a decir no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer, pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación, y admite la posibilidad de rectificación después de “recapacitar”.

Llevamos dos mil años haciendo una religión de ritos, doctrinas y preceptos. No hay más que ver lo que se entiende por “practicante”, para darnos cuenta que no tiene nada que ver con la vida real, sino solo con una serie de obligaciones formales con relación a Dios y a la institución. Nos estamos yendo cada vez más por las ramas y alejándonos del tronco del Evangelio.

Si tuviésemos que calificar la religiosidad de nuestro tiempo, yo emplearía el término incoherencia. Desde el bautismo decimos “sí voy”, pero nos quedamos siempre en donde estamos. Mucha palabrería, pero el pensar en los demás no va con nosotros. Pregúntate: ¿Qué hiciste en estos seis meses de pandemia? ¿Te preocupaste por los que sufren? ¿Ayudas aunque sea a una persona sin trabajo?

Se nos llena la boca proclamando pomposamente que somos cristianos, pero hay muchos que sin serlo cumplen el Evangelio mucho mejor que nosotros. El fariseísmo se ha convertido en moneda corriente entre los cristianos, y damos por hecho que basta hablar del Evangelio, u oír hablar de él, para tranquilizar nuestra conciencia. Hay un refrán que lo expresa muy bien: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

Creo que, con tanta facilidad, hemos llenado de palabras muy hermosas nuestra historia de veinte siglos. Hemos construido sistemas impresionantes que recogen la doctrina cristiana con profundos conceptos. Nos concentramos en defender los dogmas y sistemas teológicos. Sin embargo, hoy y siempre la verdadera voluntad del Padre la hacen aquellos que traducen en hechos el Evangelio de Jesús, y aquellos que se abren con sencillez y confianza a su perdón.

Es muy peligroso creerse perfecto. Lo importante es descubrir los fallos y rectificar lo que has hecho mal. La pura teoría no sirve para nada, solo la vida salva. Lo que digamos o lo que proclamemos son palabras vacías, mientras no vayan acompañadas por una actitud vital, que inevitablemente se manifestará en las obras. En el Evangelio de Juan, en las discusiones con los judíos, Jesús pone como instancia definitiva sus obras: “Si no me creen a mí, crean a las obras”.

Somos limitados y tenemos que aceptar esta condición, porque es parte de nuestra naturaleza. No podemos pretender, ni para nosotros ni para los demás, la perfección. Cuando exigimos a un ser humano ser pluscuamperfecto, estamos exigiéndole que deje de ser humano. Todo lo que somos lo hemos conseguido con base en corregir errores. Los errores cometidos pueden ayudarnos a encontrar el camino verdadero.

*Término hebreo que en la Biblia significa tiempo, palabra y acción (palabra/hecho). Palabra creativa que es sinónimo de sabiduría, porque tiene el potencial de diseñar, construir el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dabar-Palabra es sobre todo Jesucristo, en quien la comunicación de Dios tiene su expresión extensiva e intensiva. La vida es el lugar en el que la Palabra debe de ser meditada, interpretada y actualizada. Que la Dabar nos guíe a la felicidad y nos oriente a darnos hacia los demás.

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