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“Horizontes” por Tere Mora Guillén

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Viajar en tiempos de Covid, es toda una experiencia, uno percibe que al menos en México y en los Estados Unidos, la economía está en caída. Muchos negocios han debido cerrar a causa de la pandemia, y rematan sus mercancías, porque de lo perdido lo que aparezca.

Las líneas aéreas tienen un gran cuidado en seguir protocolos de sanidad, la mayor parte del viaje los pasajeros usan cubreboca, y permiten que familiares vayan juntos, uno al lado del otro. Sin embargo con pasajeros que viajan solos, procuran dejar espacios intercalados, con el propósito de evitar contacto físico o que haya cercanía entre personas para protegernos del Covid.

Eso si, al llegar a migración es uno sometido a un largo examen, ahora considero que aunque mi inglés es pobre, al menos pude aprobar la prueba porque me cuestionaron desde cuánto tiempo hace que no visita los Estados Unidos, hasta a quién va a visitar, al mencionar que a unos amigos, me dijeron desde hace cuánto tiempo tiene amistad con ellos; cada vez abría más los ojos, y prosiguieron, cuántos dólares trae, ¿no viene de compras?, muéstreme el comprobante de su pasaje de regreso a México en seis días. En fin que está claro que no dejan entrar a cualquiera a su tierra.

Visitar el condado de Orange, California; fue una hermosa experiencia, las calles lucen sin baches e impecables, el respeto por la naturaleza, nos hace pensar que así debe ser el paraíso.

Y ni qué decir del gusto con el que los ciudadanos preparan su voto, en casa cada uno con su nombre recibe la boleta de votación, y una guía con el currículum y experiencia laboral de cada uno de los contendientes. Una amiga, me consta, estudió por lo menos dos horas el documento, para saber quién es quién, y no equivocarse a la hora de emitir su voto. Y uno piensa porqué si en México las elecciones son tan caras, jamás tenemos idea de por quién votamos, la mayoría de los ciudadanos votan por un color, un partido, o de plano porque su voto fue comprado previo soborno. Así funciona la democracia en el primer mundo…

Los partidarios de Trump en una esquina venden camisas, cachuchas, llaveros, y objetos, todos mostrando la imagen del presidente de los estados Unidos. En la esquina de un crucero  hay pancartas apoyando a quienes integran la planilla electoral. No hay gastos excesivos en publicidad, y uno piensa en los millones de pesos que aquí se erogan en campañas, para que a la hora de la hora nos vaya como en feria. Por cierto con esta Cuarta Transformación, aunada al Covid-19, es sumamente preocupante como nuestro México va en picada vertiginosa.

Pero volviendo al Condado de Orange, las playas son hermosas, en ellas los delfines brincan de alegría para gozo de los espectadores, cada quién a sus espaldas carga su silla para tomar el sol, y hasta las piedras en el camino son respetadas, porque son parte del paisaje y la riqueza natural de la región.

La venta de artículos navideños es incipiente, primero viene Halloween por lo que brujas, calabazas, fantasmas, espantapájaros, bolas de cristal augurando buenos tiempos, arañas, telarañas, monstruos, momias, calaveras, criptas y otros cachibaches de carácter alusivo, son adquiridos para adornar las casas, que ya lucen fantasmagóricas, diría.

Asimismo los artículos alusivos a tanksgiving, una fiesta que para mi es por mucho significativa, el Día de Acción de Gracias, que según yo debiera celebrarse en cada hogar del orbe, dar gracias a Dios por las bendiciones que tenemos, por lo bueno y no tan bueno, por la familia, por los amigos, por los médicos que atienden esta mortal pandemia, en fin, porque gozamos de salud y del pan de cada día.

Fueron unas extraordinarias vacaciones, no se si merecidas, pero si necesarias, con ejercicio, risas compartidas, días de gozar la alegría de coincidir en esta vida, en fin con ello llegó el regreso, y ya instalada en un avión de Delta, nos informan que la nave estaba descompuesta y que habríamos de esperar por cinco horas un avión que volaba de Nueva York a Los Ángeles, para regresar a México, un vuelo que llegaría a las cinco de la tarde llegó a las diez de la noche. En seguida nos tomaron la temperatura, y salió a relucir un labrador con su uniforme de la SAGARPA, para olfatear a los pasajeros y el equipaje, por si acaso alguien traía estupefacientes.

Así son los viajes, las aventuras, y el gozo de vivir. Y como dice Ciro Gómez Leyva, ¡Ánimo! No quitemos el dedo de renglón de que tiempos mejores llegarán…

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