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Todos los Santos

Sebastián Korczak

“Siguen vivos en nuestra memoria”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (5, 1-12A):

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

 

Celebramos hoy la solemnidad de Todos los Santos. Recordamos no sólo a aquellos que han sido proclamados oficialmente santos a lo largo de la historia, sino también a tantos hermanos nuestros que han vivido en la plenitud de la fe y del amor, y lo consiguieron en medio de una existencia sencilla y oculta. Seguramente entre ellos hay muchos de nuestros familiares, amigos y conocidos.

La Palabra de Dios nos presenta hoy la realidad de una multitud de santos anónimos, plenos de vida evangélica, de experiencia de Dios, de sentimientos y obras de caridad. Lo que hoy celebramos es el Amor de Dios, que ya ha acogido a los que nos han precedido y nos esperan a los que todavía estamos en camino.

Santidad es “comunión feliz entre todos los hijos de Dios”. Lo más importante de la vida cristiana es ser y no perder nunca la imagen de hijo de Dios, al ejemplo y como hicieron y vivieron los santos. Celebramos, por tanto, la fiesta de la santidad. Esa santidad que, tal vez no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día las exigencias del camino de Dios.

No tengo duda de que si hay algo que caracteriza a los santos, es que son realmente felices. Incluso, es la misma palabra en el lenguaje hebreo antiguo que sirve para determinar esos dos conceptos y palabras. Los santos han encontrado el secreto de esa felicidad auténtica, que anida en el fondo del alma y que tiene su fuente en el amor de Dios. Por eso, a los santos se les llama bienaventurados. Las bienaventuranzas son su camino, su meta, su patria. Son el camino de vida que el Señor nos enseña para que sigamos sus huellas.

Así lo explica el papa Francisco en su visita a Suecia en el año 2016: “Las bienaventuranzas son de alguna manera el carné de identidad del cristiano, que lo identifica como seguidor de Jesús. Estamos llamados a ser bienaventurados, seguidores de Jesús, afrontando los dolores y angustias de nuestra época con el espíritu y el amor de Jesús”.

¿Por qué entonces no somos felices ni tampoco nos sentimos bienaventurados? Nuestro problema consiste en que la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados, que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada. Una de las instrucciones erróneas dice: “Si no tienes éxito, no sirves”.

Para conseguir la aprobación de los demás, e incluso la propia estima, hay que triunfar. La persona así programada difícilmente será dichosa. Necesitará tener éxito en todos sus pequeños o grandes proyectos. Cuando fracase en algo, sufrirá de manera indebida y desproporcional. Se le derrumba todo, como si de cada éxito dependiera. Fácilmente crecerá su agresividad contra la sociedad y contra la misma vida. Esa persona quedará, en gran parte, incapacitada para descubrir que vale por sí misma, por lo que es, aun antes de que se le añadan éxitos o logros personales.

La segunda equivocación es: “Si quieres tener éxito, has de valer más que los demás”. Hay que ser siempre más que los otros, sobresalir, dominar. Si no eres competitivo no sirves. En su corazón crecerá fácilmente la insatisfacción, la envidia, el resentimiento. No sabrá disfrutar de lo que es y de lo que tiene. Vivirá siempre mirando de reojo a los demás y comparándose. Así, difícilmente se puede ser feliz. Y además crece mucho la crítica de los demás para poder sentirse mejor y más satisfecho.

Fácilmente nacen los chismes y las ganas de hacerlo todo para destruir al otro, que es competencia continua. La persona así programada está llamada a sufrir. Vivirá siempre envidiando a los que han logrado más éxito, los que tienen mejor nivel de vida, los de posición más brillante, o simplemente porque tiene el cabello más bonito o guisa mejor el estofado.

No es cierto que “si no respondes a las expectativas, no puedes ser feliz”. No tienes que responder a lo que espera de ti la sociedad, inclusive las autoridades o ajustarte a los esquemas, porque si no entras por donde van todos puedes perderte. Es una gran mentira que sutilmente nos puede llevar a la infelicidad programada. Te estropeas casi inevitablemente, y terminas por no conocerte a ti mismo, ni vivir tu propia vida. Sólo buscas lo que buscan todos, aunque no sepas exactamente por qué ni para qué, y con razón seguirán diciendo: “pueblo chico infierno grande”.

Sabemos muy bien que la felicidad no se puede comprar. No se puede adquirir en ningún gran almacén, como tampoco la alegría, la amistad o el amor. Con dinero sólo podemos comprar apariencia de felicidad, como tantos lo intentan hacer y aparentar ante la sociedad… esposos, padres, hijos felices. Por eso hay tantas personas tristes en nuestras familias y sociedad.

La felicidad ha sido sustituida por el placer, la comodidad, el bienestar y todo esto envuelto en hipocresía. Las bienaventuranzas nos invitan a preguntarnos si tenemos la vida bien planteada o no, y nos urgen a eliminar programaciones equivocadas. ¿Qué sucedería en mi vida si yo acertara a vivir con un corazón más sencillo, sin tanto afán de posesión, con más limpieza interior, más atento a los necesitados y con confianza grande en un Dios que me ama de manera incondicional?

Por ahí va el programa de vida que nos trazan las bienaventuranzas de Jesús. Ser cristiano no es otra cosa que buscar la verdadera felicidad por el camino señalado por Él. Una felicidad que comienza aquí, aunque alcanza su plenitud en el encuentro final con Dios.

Feliz fiesta de Todos los Santos. Acuérdate de todos aquellos que te hicieron feliz, aunque sea por un instante en tu vida. Los que compartieron su felicidad y amor contigo, hoy es su día… siguen vivos en nuestra memoria.

 

*Término hebreo que en la Biblia significa tiempo, palabra y acción (palabra/hecho). Palabra creativa que es sinónimo de sabiduría, porque tiene el potencial de diseñar, construir el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dabar-Palabra es sobre todo Jesucristo, en quien la comunicación de Dios tiene su expresión extensiva e intensiva. La vida es el lugar en el que la Palabra debe de ser meditada, interpretada y actualizada. Que la Dabar nos guíe a la felicidad y nos oriente a darnos hacia los demás.

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