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Dabar (*)

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Domingo 33º del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“Aquí tienes lo tuyo”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (25,14-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: ‘Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’. El señor le respondió: ‘Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil échenlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

 

No es difícil encontrar el mensaje de Jesús. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo y la Iglesia. No a la comodidad en nuestra evangelización y proyectos pastorales, sí a salir a “oler las ovejas”. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.

Es sorprendente ver que el tercer criado es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error fue no hacer nada: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro. Parece que esta mentalidad y actitud es la que se pone en juicio. Seguir “preservando” nuestra fe como un talento, y con ella toda la tradición y tradiciones como algo inmóvil y fijo.

Creo que el gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa y viva, es decir abierta al encuentro con el mundo real. Es significativo observar el lenguaje que hemos empleado (y se sigue usando) entre nosotros a lo largo de los años, para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe, de la tradición, de las buenas costumbres, la gracia, la vocación…

Esta tentación y para muchos demasiado atractiva de conservadurismo, es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa. Para algunos, en vez de buscar el Espíritu que sopla y abre las puertas de la Iglesia, lo más importante es enfocarse a asegurar la pertenencia a la doctrina y la obediencia. Todo puede ser explicable, pero, ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el Evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?

Sin duda para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades, es mucho más cómodo y seguro “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado. De esta manera ignoramos las interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?

Parece que seguimos persiguiendo a los diferentes tanto fuera como dentro de nuestra Iglesia. ¿No te parece que después de varios siglos, con demasiada facilidad “preparamos las hogueras” para los “no conservadores” que buscan encontrar a Dios a pesar de tenerlo todo en su contra? Creo, personalmente, que las actitudes que debemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman conveniencia, fidelidad al pasado, resignación… Llevan más bien otro nombre: búsqueda creativa, audacia, capacidad de riesgo, escucha del Espíritu que todo lo hace nuevo.

Hay algo más que me preocupa. Puede ser que igual que el tercer criado de la parábola, también creamos que respondemos fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando en realidad defraudamos sus expectativas. Que nuestro último argumento siempre será “pero yo soy obediente”. ¿A quién y a qué?

El tercer siervo actuó así. Nunca se sintió identificado con su señor ni con sus intereses. En ningún momento actuó movido por el amor. No ama a su señor, le tiene miedo. Y es precisamente ese miedo el que lo lleva a actuar buscando su propia seguridad. Él mismo lo explica todo: “Tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra”.

Este siervo no entiende en qué consiste su verdadera responsabilidad, piensa que responde a las expectativas de su señor conservando su talento seguro, aunque improductivo. No conoce lo que es la fidelidad activa y creativa. No se implica en los proyectos de su señor. Cuando este llega, se lo dice claramente: “Aquí tienes lo tuyo”. No es una relación de cariño, respeto, comprensión de sus proyectos e ideas.

No cometamos el mismo error pensando que lo primordial es “conservar” y no buscar con coraje caminos nuevos para acoger, vivir y anunciar su proyecto del reino de Dios. No basta con guardar y conservar todo y seguir repitiendo “aquí tienes lo tuyo”, tenemos que aprender a comunicar la Palabra de Dios, de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.

 

*Término hebreo que en la Biblia significa tiempo, palabra y acción (palabra/hecho). Palabra creativa que es sinónimo de sabiduría, porque tiene el potencial de diseñar, construir el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dabar-Palabra es sobre todo Jesucristo, en quien la comunicación de Dios tiene su expresión extensiva e intensiva. La vida es el lugar en el que la Palabra debe de ser meditada, interpretada y actualizada. Que la Dabar nos guíe a la felicidad y nos oriente a darnos hacia los demás.

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