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Dabar (*)

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Domingo 34º del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

Solemnidad de Jesucristo, rey del universo

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (25,31-46)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme’”.

Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicieron”.

Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apártense de mí, malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron.

Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?” Y él replicará: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con uno de estos, los humildes, tampoco lo hicieron conmigo”. Y estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Meditamos fascinante diálogo, que a lo largo de los siglos se ha visto como “la mejor recapitulación del Evangelio, el elogio absoluto del amor solidario o la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión”. ¡Qué fuerte!

Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el juez, que no es otro que Jesús resucitado, y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados.

Todos seremos juzgados cuando nos toque presentarnos ante el Señor de nuestras vidas. Todos los hombres y mujeres, sin excepción, serán juzgados con el mismo criterio. Lo que da valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. El amor será el único criterio. Ese amor que es la respuesta y natural continuidad de nuestros rezos, ritos, obediencia a los mandamientos… Este amor que se traduce en hechos concretos a lo largo de nuestras vidas. Por ejemplo: dar de comer, de beber, ayudar al necesitado, vestir al desnudo, visitar al enfermo o encarcelado.

Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren. Conozco varias personas que han sido lastimadas por la Iglesia, o simplemente a lo largo de su vida han perdido la fe, pero estoy seguro que siguen aliviando el sufrimiento que hay en el mundo, aunque no tengan motivo religioso. No tengo duda que ellos serán invitados por Jesús y entrarán en el reino de Dios como “benditos del Padre”.

¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer a ellos, se le hace o deja de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. No hay lugar para otra explicación. Cristo está presente en cada hermano que encontramos en el camino. Cuando abandonamos a un necesitado, abandonamos a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, se lo hacemos a Dios.

Este sorprendente mensaje nos hace mirar a los que sufren y están necesitados. No hay religión verdadera, no hay política sana ni progresista, tampoco proclamación responsable de los derechos humanos, si nos es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad humana. En cada persona que sufre, Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

Es llamativo que en la escena evangélica no se pronuncian grandes palabras como: justicia, solidaridad o democracia. Sobran todas si no hay ayuda real para los que sufren. Jesús habla de comida, ropa, algo de beber, un techo para resguardarse. No habla tampoco de amor. A Jesús le resultaba un lenguaje demasiado abstracto. No lo usó prácticamente casi nunca, sin embargo lo dejó como clave en el mandamiento más importante.

Aquí se habla de amor concreto como dar de comer, vestir, hospedar, visitar, acudir. Este es el grito de Jesús a toda la humanidad: ocúpense de los que sufren, cuiden a los pequeños, a los necesitados. En ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios, si no es liberando a la gente del sufrimiento. Ninguna religión será bendecida por él si no genera compasión hacia los últimos.

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. ¿Nos acercamos o alejamos de los que sufren y nos necesitan? La pandemia nos hizo ver y sensibilizarnos del sufrimiento que nos asecha, pero… ¿Qué has hecho durante estos meses al lado de tanto sufrimiento?

¿Nos acercamos o alejamos de Cristo? Estamos decidiendo nuestra vida. Al final, no se nos va a juzgar por nuestras bellas teorías, proyectos ni grandes palabras, sino por el amor concreto a los necesitados. Estas son las palabras de Jesús: “Vengan, benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber…” Ahí está la verdad última de nuestra vida.

*Término hebreo que en la Biblia significa tiempo, palabra y acción (palabra/hecho). Palabra creativa que es sinónimo de sabiduría, porque tiene el potencial de diseñar, construir el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Dabar-Palabra es sobre todo Jesucristo, en quien la comunicación de Dios tiene su expresión extensiva e intensiva. La vida es el lugar en el que la Palabra debe de ser meditada, interpretada y actualizada. Que la Dabar nos guíe a la felicidad y nos oriente a darnos hacia los demás.

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