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“Horizontes” Por Tere Mora Guillén

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Ojalá y entendiéramos de una vez por todas los mexicanos que la salud es el bien más preciado con que contamos los seres humanos, que la disciplina es necesaria, como ahora resulta el uso del cubrebocas, el lavado de manos constante y la sana distancia. Asimismo no exponernos y salir de casa lo indispensable.

Y es que últimamente las familias se han relajado y so pretexto del Buen Fin, han salido de sus casas hasta los comerciantes ambulantes sin cubrebocas, que ofrecen sus productos en pleno Centro Histórico, y las familias hartas del encierro y con la navidad en puerta, salen a adquirir sus regalos.

Éste ha sido un año sumamente difícil a nivel mundial, hay cansancio y hastío por escuchar el número de fallecidos que ha dejado el Covid-19 a su paso, hay temor por la incertidumbre de qué va a pasar, mientras no haya una vacuna; muchos hablan de las secuelas que deja el bicho que son peores que la propia enfermedad. En fin todos sabemos que como terminamos este 2020, habremos de comenzar el 2021.

Es comprensible que si no por Covid, muchos habrán de morir de hambre, la gente debe salir a trabajar porque al menos en México una gran mayoría vive al día. Sin embargo reitero debemos ser precavidos, cuidarnos a nosotros mismos y a los demás. Triste es que no haya amor al prójimo, que el egoísmo prevalezca, aunque este año nos ha mostrado que vale más ser generosos, y velar por el bienestar de los demás.

Éste fin de semana falleció mi adorable tía Carmelita Guillén Bibriesca, una mujer que se dio a querer por su trato cortés, su amabilidad, por la sal y pimienta que ponía a las reuniones familiares, en alguna ocasión la recuerdo bailando flamenco, cuentan que en sus mocedades nadie bailaba como ella. Única en contar e interpretar los chistes, de esas personas que a uno le parecían inmortales, que era diminuta en tamaño, pero enorme en inteligencia. En fin, mi tía no murió de Covid, había cumplido como muchos su misión en ésta tierra, tuvo un hijo que es un gran profesional. En fin que tuvimos oportunidad de darle el último adiós en una agencia funeraria de Miguel Ángel de Quevedo, abrazamos a su hijo, y a su hermana Conchita, mi adorable tía estaba desconsolada, vivía para cuidar amorosamente a su hermanita, y a ratos perdía la cordura que le caracteriza. Así con el alma quebrada, vi a mi hermana brindarle consuelo y unas palabras para calmar su corazón partido.

Si de por sí los velorios son difíciles, nada que ver con los que se dan el presente año, la gente debe usar forzosamente el cubreboca, rotarse, cuidar que no se acumulen multitudes, incluso enviar mensajes cálidos en Face para que los amigos no asistan a dar el pésame, diciendo que ya habrá oportunidad de despedir al familiar como merece, en fin que uno agradece al cielo la oportunidad de hacerse presente aunque sólo unos instantes con la familia. Expresar las condolencias, evitar que asistan nuestras personas de la tercera edad, y vivir a distancia un duelo necesario para decir adiós a un ser amado.

Por el bien de todos evitemos asistir a sitios concurridos, salgamos a lo indispensable, usemos el cubrebocas, el Covid 19 es un padecimiento letal que lo mismo afecta a niños, adolescentes y adultos. Muchos jóvenes siguen muriendo, es necesario redoblar esfuerzos y seguir adelante, como digo ya vendrán tiempos mejores que nos permitan volver a abrazarnos… Cuidémonos los unos a los otros, ánimo!!!

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