Dabar

0
Compartidos
Google+

Domingo del Bautismo del Señor

Sebastián Korczak

“Jesús guiado por el Espíritu de Dios”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (1,7-11):

En aquel tiempo, proclamaba Juan: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”.

Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.

Jesús no es un hombre que actuó de forma fortuita o accidental. No actuó en las aldeas de Galilea de manera arbitraria, ni movido por diferentes intereses. Los evangelios dejan claro desde el principio, que Jesús vive y actúa movido por “el Espíritu de Dios”. Creo que esa es la clave para entender varios detalles de la vida de Jesús. Era un hombre fiel a su mensaje y vocación de demostrar la imagen y bondad de su Padre, y no de cualquier manera, sino guiándose en el “aliento de Dios”.

Queda claro que Jesús tampoco quiere que se le confunda con cualquier “maestro de la ley”, preocupado por introducir más orden en el comportamiento de la religión de Israel. No quiere que se le identifique con un profeta falso, de paso, dispuesto a buscar un equilibrio entre la religión del templo y el poder de Roma. Inclusive Mateo, en su Evangelio, insiste en que nadie lo equipare con el Bautista, que nadie lo vea como simple discípulo y colaborador de aquel gran profeta del desierto. La voz del cielo lo confirma claramente es “el Hijo amado” de Dios. Sobre él “desciende” el Espíritu de Dios. Sólo él puede “bautizar” con Espíritu Santo y con fuego.

Según la tradición bíblica, el “Espíritu de Dios” es el aliento de Dios que crea, envuelve, guía y sostiene la vida entera; la fuerza que Dios posee para renovar y transformar a los vivientes; su energía amorosa que busca siempre lo mejor para sus hijos e hijas. Ella y solo ella, nos puede llevar a la verdadera plenitud y felicidad de la persona. Por eso Jesús se siente enviado, no a condenar, destruir o maldecir, sino a curar, construir y bendecir.

El Espíritu de Dios lo conduce a potenciar y mejorar la vida. Lleno de ese “Espíritu” bueno de Dios, se dedica a liberar de “espíritus malignos” que no hacen más que dañar, esclavizar y deshumanizar. Así podríamos resumir el recuerdo que dejó grabado en sus seguidores: “Ungido por Dios con el Espíritu Santo…, pasó la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. Así era Jesús y quiere que sigamos su ejemplo.

Es esencial preguntarnos: ¿Qué espíritu (motivación) nos anima a los seguidores de Jesús? ¿Los ritos, celebraciones obligatorias (15 años, bautizos, bodas, aniversarios, exequias o verdadera búsqueda de Cristo)? ¿Cuál es la pasión que nos mueve? ¿Preocupación por los hermanos que se alejaron, por los más necesitados que son el corazón de la Iglesia? ¿Cuál es la mística que hace vivir y actuar a nuestras comunidades? ¿El deseo y anhelo de estar más cerca de Dios tan humano, o convertir todo en una farsa envuelta en olor a incienso, pañales de oro y mirra para balsamear nuestros errores y pecados? ¿Qué estamos poniendo en el mundo? ¿La justicia, la paz, la verdad y el amor o un opio y surrealismo para justificar la comodidad de los creyentes?

Si el Espíritu de Jesús está en nosotros, viviremos “curando” a tantos oprimidos, deprimidos, reprimidos y hasta suprimidos por el mal. Si está vivo nos inspirará, como dará esperanza ante estos tiempos difíciles de la pandemia. Si está a nuestro lado, sabremos dar testimonio ante tantos desequilibrios provocados por el pecado. Si está con nosotros buscaremos la justicia y promoveremos la paz, y no pleitos de poder y ambiciones. Si está entre nosotros nunca usaremos el lenguaje de la condena y el rechazo, sino la apertura y la misericordia. Necesitamos en nuestra Iglesia ese Espíritu de Jesús, Espíritu de Dios, Espíritu Santo.

Él nos recuerda que sólo cuando uno se siente amado puede cambiar el mundo y las personas. Eso es lo que Jesús siente y le recuerda la voz del cielo: “Tu eres mi Hijo amado”. Jesús le vive y le siente a Dios como padre. Hay un dato que sorprende a los exegetas: aunque Jesús habla constantemente del “reino de Dios” como símbolo central de su mensaje, nunca le invoca a Dios como rey o señor, sino como “padre” (abbá). No hay duda, Jesús no se presentaba ante Dios como súbdito del emperador Tiberio o como reo ante el tribunal de Antipas. Se confía al misterio de Dios como hijo querido. Esa es la primera actitud cristiana ante Dios. ¿De veras te sientes amado por Dios y le puedes llamar “papá” con la confianza del hijo?

Esta experiencia de Dios como padre querido, no le encierra a Jesús en una piedad individualista y excluyente. Ese Padre es el Dios de todos los pueblos, el Padre cariñoso de todas sus criaturas. Jesús lo llamaba “Padre del cielo” porque no está ligado a un lugar sagrado, ni pertenece a un pueblo o raza concreta. No cabe en ninguna religión. Es Dios de todos, incluso de quienes lo olvidan. “Él hace salir el sol sobre buenos y malos”.

Desde este horizonte amplio le vivía Jesús a Dios. Tampoco se encierra en una experiencia egocéntrica de Dios. No le busca para tranquilizar sus miedos, compensar sus vacíos o desarrollar sus fantasías religiosas. Lo único que busca es que la justicia, la misericordia y la bondad de ese Padre se contagie a todos, y la humanidad pueda conocer una vida más digna y más propia de hijos de Dios.

No lo hemos de olvidar. El Dios que nos muestra Jesús no está interesado, en primer término, en qué pensamos de él o cómo le experimentamos (hay tantas y diferentes formas de hacerlo), sino en cómo nos comportamos con los demás, con nuestros prójimos. Vivimos realmente como hijos de Dios, inspirados por el Espíritu de Jesús, cuando reaccionamos como hermanos ante quienes no pueden disfrutar de una vida digna. El amor al prójimo nos hace escuchar, una vez más, la voz que realmente somos: hijos amados de Dios Padre.

Noticia anterior

En venta Chang Li, el auto eléctrico más barato del mundo

Siguiente noticia

Portada