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“Horizontes” Por Tere Mora Guillén

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Con gran pesar la noche del pasado 8 de enero, recibí la noticia del fallecimiento de mi amigo Manuel Jiménez Guzmán, Gran maestro de Grado 33 de la Gran Logia del Valle de México. A últimas fechas se desempeñaba como dirigente en la Ciudad de México del Partido Fuerza por México, falleció a los 71 años, víctima de Covid-19.

Siendo reportera de noticieros de “Televisa”, cubría la fuente de la Primera Asamblea Legislativa del Distrito Federal, cuyo presidente era Manuel Jiménez Guzmán, así al paso del trabajo cotidiano nació nuestra amistad.

Como profesional, Manuel Jiménez se desempeñó como catedrático de la facultad de Ciencias Políticas y Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, y de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán.

Manuel era un hombre inteligente, congruente, gran conversador y líder nato, cuando podía tendía la mano a los amigos, un hombre altruista y generoso.

Fue un ardiente juarista, anti clerical, en su juventud participó en el movimiento estudiantil de 1968, se destacó en seis ocasiones como legislador.

Asimismo su talento fue manifiesto en los libros, y coordinó la obra “Influencia de la masonería en la Constitución de 1917, publicado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

Mi amigo fue un hombre serio que dignificaba la política, siempre gentil, respetuoso de la diversidad de pensamiento, Líder de los políticos y de la masonería.

Con la partida de Jiménez Guzmán, México pierde uno de los grandes pilares de la Elocuencia y Liderazgo político.

Yo con profundo dolor recibí la triste noticia del fallecimiento de mi entrañable amigo. Pero lejos de sus cargos públicos y políticos, un ser humano brillante como digo en inteligencia, en pensamiento, en humildad, generoso amigo, innumerables charlas, en más de una ocasión me tendió la mano, siempre que acudía a la Logia, a una conferencia, o a un evento, me nombraba con deferencia y me hacía sentir única. Y cito: “Hoy Manuel ya están en brazos del Gran Arquitecto del Universo, como referías a quién yo llamo Dios. Desde allá quiero pensar que me sigues bendiciendo, que algún día nos volveremos a reunir, y que por siempre tú recuerdo lo llevo en mi corazón. Que triste ésta pandemia que no nos dio oportunidad de despedirte como el gran hombre que en virtudes fuiste. Gracias por tus enseñanzas y ya habrá, en cuanto sea posible homenajes en tú honor. Hoy lloro tú partida”.

Siempre optimista y valiente, alguna vez me contabas como en una madrugada siendo el Presidente de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, llegaste en total ausencia de medios de información, a convencer a los que hacían huelga de hambre, a no exponer su salud, incluso hasta el desayuno les dabas. Asimismo me platicabas de la gran amistad que tenías con Luis Donaldo Colosio, y cómo te dolió su partida.

Entrañables conversaciones, cargadas de buen humor y de tú sabiduría; hoy nos despedimos Manuel, con plena confianza en que algún día nos reuniremos de nueva cuenta, y habremos de continuar reconstruyendo a nuestro México.

Mientras tanto abrazo a tú familia, a tus hijos, a tus nietos. Esta pandemia no da tregua, y sigue arrebatándonos a seres amados. Y me despido, citando un par de estrofas del poema de Alberto Cortés “Cuando un amigo se va queda una espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo…” “Cuando un amigo se va galopando su destino, empieza el alma a vibrar porque se llena de frío”. ¡Hasta Siempre Manuel!

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