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Jorge Gustavo Sansores Jarero

¡Tremendo escándalo!

No crea que le voy a contar un chisme o el más reciente capítulo de alguna telenovela. Mucho menos le hablaré de algún problema personal de cierto político, pues no me gusta meterme en la vida privada de quienes están en el servicio público, aunque no dejo ni dejaré de escudriñar, precisamente, lo que hacen o no en sus diversos encargos. Eso sí es de interés general.

Cuando uso como título la palabra “escándalo”, es porque a diario, en casi todos los rincones de nuestra ciudad capital, de otras cabeceras municipales y me atrevo de decir que de toda la entidad, es común despertar, realizar las actividades del hogar, escolares, del trabajo, personales y fisiológicas, y regresar a dormir con diversos sonidos, no muy agradables, devenidos en su mayoría de algún pitido, sonido o música comercial pregonando algún producto o servicio.

¿A quién no le ha tocado escuchar y hasta bailar con los temas de las empresas gaseras? ¿Cuál le gusta más? La de la última letra del abecedario, la que parece canción del mariachi loco, la que literalmente dice que el gas tiene sonido, ¿o prefiere el ruido del tanque aporreado? De seguro que tiene su tema preferido.

¿Y qué me dice de Tin Tan cantando “el panadero con el pan, el panadero con el pan…”? O acaso me dirá que prefiere el sonido de la bocina que anuncia: “Tamales colados, tamales torteados, tamales calientitos, calientitos llegaron los tamalitos”.

¿Uno más? “Ya llegó la masa, también hay pozol, pozol con cacao y pozol con coco”. Bueno, y no falta el clásico resonar de la campanita del heladero o el estrepitoso grito de “amiguitoooooo… con el sello de calidad de la reina” de un Estado del norte del país.

Y no es malo que hagamos la lucha para subsistir, mucho menos quienes tienen más necesidad al quedarse sin trabajo durante la pandemia, quizá antes, pero creo, considero, pienso y manifiesto, insistentemente, que debe de existir regulación por el ruido excesivo y que también contamina.

Porque una cosa es hablar de los pregoneros, esos que con la voz anuncian lo que venden y caminan de calle en calle y de casa en casa, valga la redundancia pregonando su vendimia, y otra muy diferente es que desde las 5 de la mañana el mototortillero venga con el pito a todo lo que da —me refiero al que suena en la motocicleta—, que el gasero, además de la canción oficial o “jingle”, también aporree el tanque y grite a todo pulmón, entre otros tantos escándalos comunes del día a día.

Si ya dimos el primer paso para estar entre los 16 estados que dejarán de ofrecer productos desechables en los comercios, ¿por qué no dar el siguiente y regular también el ruido? Quizá es tan difícil reducir la contaminación auditiva como la plástica, tal vez peor, pero si no hay iniciativas que comiencen a trabajar en ello, entonces jamás podremos lograrlo.

Tal vez si la Secretaría del Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático del Gobierno del Estado (Semabicc) se abocara más a estos temas, y menos a la promoción personal de su titular, Ileana Jannette Herrera Pérez, y en trabajo conjunto con algunos legisladores, del partido que sea, dialogaran para presentar una iniciativa real, contundente y con futuro, otro gallo cantaría y sería menos escandaloso.

Pero no. Parece que en la Semabicc no han encontrado el rumbo adecuado. Primero, durante la administración de Roberto Iván Alcalá  Ferráez, cuando era Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, la institución y su extitular se encargaron, muy profesionalmente, eso sí, de colocarle placas a todos los árboles de Campeche. Ni la Secretaría de Finanzas ha colocado tantas placas a los automóviles de los ciudadanos en lo que va del último diseño, como la Semarnatcam a los árboles.

Y ahora, justo cuando pensábamos que Herrera Pérez podría quitar el mal sabor de boca que dejó su antecesor, solo vemos a la titular de Semabicc en fotos que parecen de proselitismo, y hasta donde me quedé no aspira a nada. ¿O si? Creo que la funcionaria tiene mucho más para dar y para trabajar. Es inteligente, tiene muy buen equipo de gente a su alrededor, y además, como exlegisladora, sabe cómo tejer —políticamente hablando— para lograr buenas iniciativas.

Espero pronto saber que hay más trabajo que fotos. Que realmente los campechanos sintamos y veamos que este tema, el de la contaminación auditiva también esté en la agenda de Ileana Hererra, así como en otros países es parte de las soluciones para una vida más sana. Porque, aunque usted no lo crea, en el encierro pandémico el ruido afecta más de lo que imaginamos.

Antes de concluir tengo una pregunta en torno a la prohibición de los desechables. ¿Cómo le harán los empresarios que envían alimentos —de todo tipo— y que aprovecharon las ofertas para comprar contenedores de un solo uso? ¿De plano cumplirán lo que indica la ley? ¿Y las autoridades revisarán los negocios? ¿Y a los repartidores? ¿Y a los que venden desde casa? Y si retienen el producto por estar en contenedores prohibidos, ¿dónde quedará el cliente? Ahí se la dejo.

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