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¿Por qué tener mujeres en la política?

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*Elizabeth Tapia Quiñones

En el marco del 8M, reconocido por las Naciones Unidas como el Día Internacional de la Mujer, y que en el 2018 se convocó a una huelga feminista en la que participaron mujeres de múltiples países para hacer visible la violencia y desigualdad por motivos de género, tras varios años consecutivos en que las manifestaciones y protestas de las mujeres han ganado visibilidad,vale la pena reflexionar sobre por qué queremos o por qué necesitamos o por qué debemos tener a mujeres tomando decisiones sobre la vida pública.

Uno de los argumentos comúnmente escuchados, es que las mujeres deberían llegar a cargos de representación para que, una vez ahí, tomen decisiones que favorezcan a las mujeres. Aunque, en mi opinión, su incorporación a la vida pública en su conjunto ha llevado a acciones y decisiones de política pública, que efectivamente reivindican la agenda de género, la llegada de mujeres que en lo individual tengan opiniones o visiones que difieren de las que se espera impulsen “en favor de las mujeres”, también debe ser celebrado.

No se les debe pedir a las mujeres que, con su llegada a los espacios de toma de decisión, se circunscriban a ciertos temas o a ciertas opiniones. La variedad de opiniones y visiones de la buena vida no solo es aceptable, sino también deseable entre las mujeres electas, o mujeres que acceden por otras vías a los espacios de la vida pública.

Otro de los motivos por los que las mujeres deben estar en la política, es porque es lo correcto y es lo justo. Las mujeres somos la mitad de la población; 52% de la lista nominal en el país y 51% de la lista nominal de Campeche, y por eso nos corresponde esa misma proporción de espacios de representación.

Una sociedad democrática no puede ser indiferente a todas aquellas situaciones que impiden o limitan el ejercicio de los derechos. Si las mujeres somos la mitad de la población, ocupamos la mitad o más de la matrícula escolar en todos los niveles, no resulta razonable que en los espacios de decisión esa proporción no se mantenga, sino que se vea drásticamente disminuida.

Vamos en la línea correcta, con las medidas adoptadas desde hace 5 años para garantizar la paridad en los puestos de representación popular, pero es claro que en las estructuras de la administración pública, en las judicaturas, en las organizaciones privadas, falta mucho por hacer.

Por último, las mujeres debemos estar en la vida pública porque somos buenas haciendo política. A partir de esta pandemia, en países tan disímbolos como Taiwán, Nueva Zelanda, Islandia y Alemania, resaltó la capacidad de liderazgo y de adaptabilidad de las mujeres para hacer frente a situaciones de crisis.

Las mujeres al frente de países en el mundo se distinguieron en esta pandemia por su capacidad de empatía, cooperación y sensibilidad, pero también por su amplia capacidad técnica. Esto, incluso, cuando de acuerdo con datos de la ONU, no más del 10% de todos los países del mundo son encabezados por mujeres.

Está claro que, eliminando las barreras patriarcales, estructurales y culturales, las mujeres que acceden a cargos de poder o de toma de decisión fortalecen las instituciones en las que se incorporan, velan por las necesidades de las personas que representan y enriquecen la vida pública.

La inclusión de las mujeres en la vida pública, por supuesto que es bueno para las mujeres, en tanto se vincula al respeto pleno de sus derechos humanos. Pero es también obligado para poder aspirar a tener un verdadero sistema democrático.

Finalmente, al menos en nuestro país, convencidos o no por los argumentos vertidos párrafos arriba, las mujeres tienen que estar en la política de forma paritaria, porque es nuestro derecho y desde el 2019, con la reforma de paridad en todo, es también por ley.

*Vocal ejecutiva del INE

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