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Domingo 4º de Pascua

Sebastián Korczak

“Ser pastor… ¿o hacer lo que hacen?”

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (10,11-18):

 En aquel tiempo, dijo Jesús: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estragos y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre”.

 

¡Qué hermosa imagen del Buen Pastor! Cercana y única para entender la misión de Jesús. Cristo Resucitado se identifica con este ícono y nos permite profundizar su misterio. El objetivo es claro: “reconózcanme vivo entre mi pueblo e inspiren su propio camino vocacional de configurarse en mí”.

Antes de contemplar este fragmento, es importante despojarnos del prejuicio sobre atribuir exclusivamente su enseñanza al ministerio ordenado, como si el pasaje se refiriera a la vida sacerdotal. El Buen Pastor es la imagen por excelencia para inspirar el ministerio de los presbíteros y de los obispos, pero sobre todo debe inspirar la vida de cualquier discípulo que aspira a alcanzar la madurez en la fe, e identificarse plenamente con el Señor reconociéndose, en Él y con Él, como Hijo de Dios.

Meditando la imagen del Pastor, nos damos cuenta que es de las preferidas en las Sagradas Escrituras para entender cómo es la relación de Dios con su pueblo. Está tomada de la vida diaria de un pueblo pastoril. La encontramos referida a Dios en el Salmo 23(22), y aplicada a todos los que imitan la dedicación de Dios por el bienestar de su pueblo.

En Ezequiel, la imagen permite juzgar el desempeño de los gobernantes. En la Palestina bíblica, el pastor era responsable de las ovejas, capaz de jugarse la vida por ellas haciendo frente a las fieras. Con esta imagen, el pueblo de Israel entendía cómo Dios hace alianza con su gente, encontrando en la imagen de Dios-Pastor la representación de un amor responsable. Representaba la confianza en Él y la certeza de que les acompañaba en el camino de la vida, particularmente en los momentos de peligro.

Cuando Jesús se apropia la densidad pedagógica de esta imagen, y simplemente la afirma en su persona, cambia el panorama. La promesa de Dios se convierte en realidad. Jesús es el pastor dispuesto a morir por su rebaño. Ese es el mensaje de hoy. Jesús se identifica con el pastor bueno, responsable, que da la vida por sus ovejas, pues las conoce y lo conocen.

Nos reafirma que el verdadero pastor es su sentido de pertenencia, pues pertenece al rebaño y el este le pertenece, no como propiedad, sino por la relación que le hace identificarse y comunicarse con sus ovejas que le escuchan, porque hay recíproco conocimiento.

Esta relación hace al pastor confiable. Por eso Jesús dice: “Yo doy la vida por mis ovejas”, y aquí está otra clave para descubrir al verdadero y auténtico Pastor. El Evangelio distingue entre ser pastor y hacer lo que hacen los pastores. La diferencia está en la forma en cómo se implica la vida, y esto se conoce cuando hay peligro.

El pastor verdadero enfrenta la amenaza con su vida, en cambio al que le pagan huye cuando hay peligro. Hay gran diferencia entre quien actúa por interés, por provecho o beneficio, y quien hace las cosas por amor, sobrellevando el peso de otros, desviviéndose para que tengan vida.

Necesitamos pastores buenos, formados y moldeados según el Buen Pastor. Extrañamos a los que tienen buena relación con su rebaño. Sus motivaciones, su intencionalidad y su compromiso reflejan la madurez de su amor.

Este amor maduro, pastoral, se fundamenta en la experiencia de saberse amado y se basa en el conocimiento personal. Jesús-Pastor conoce a sus discípulos, sus historias, dificultades, defectos y cualidades. Los ama como son y les invita a vivir unidos a Él.

El amor pastoral es una relación personal que no excluye, sino que congrega, convoca, asimila las diferencias y las unifica, no las uniforma. El amor de Jesús se dirige también a “otras ovejas que no son de este redil”, para convertirse él mismo en punto de encuentro y formar, con quienes lo acepten y escuchan su voz, “un solo rebaño y un solo pastor”.

Solo así los padres de familia lo serán por vocación y no por accidente. Los sacerdotes y obispos harán de su ministerio un estilo de vida y no una profesión. Los gobernantes y líderes sociales serán responsables y buscarán el bien de todos antes que el bien personal. Será servicio y no negocio. Doy gracias por todos los buenos pastores.

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