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Domingo XII del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“¿Por qué somos tan cobardes?”

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (4,35-40):

 

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: “¡Silencio, cállate!” El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: “¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?” Se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

 

Para el evangelista Marcos, las dos preguntas que hace Jesús a sus discípulos: “¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?”, no son anécdota del pasado, sino un recuerdo vivo para hacer conciencia. Son cuestionamientos que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis, y darse cuenta de la realidad que viven y la urgencia del cambio en su mentalidad. Debemos preguntarnos: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo al futuro y al cambio? M. Ghandi, con razón decía: “un cobarde es incapaz de mostrar el amor, hacerlo está reservado para los valientes”.

El relato es breve y conciso; Marcos prepara la escena desde el principio. Dice que era “al caer la tarde”, y pronto habrá tinieblas sobre el lago. Es Jesús quien toma la iniciativa en la travesía: “Vamos a la otra orilla”. La expresión no es inocente, les invita a pasar juntos, en la misma barca, hacia otro mundo, más allá de lo conocido: la región pagana de la Decápolis. Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano. Un país diferente y extraño. Cultura hostil a su religión y creencias. Podríamos parafrasear que es todo reto en nuestra vida, algo que no podemos controlar, cualquier cambio e innovación, lo diferente y a veces áspero y difícil.

De pronto, se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede con los discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo expresan la situación. ¿Qué podrán hacer los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino la supervivencia del grupo.

Aterrorizados, los discípulos despiertan a Jesús. No captan su confianza en el Padre. Lo que ven en él es una increíble falta de interés por ellos. Están llenos de miedo y nerviosismo. “Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”. Jesús no se justifica. Se pone de pie y pronuncia una especie de exorcismo. El viento cesa y comienza la calma. Jesús aprovecha esa paz y el silencio para hacerles las dos preguntas ya mencionadas.

Lo sorprendente es que los discípulos “se quedan espantados”. Antes tenían miedo a la tempestad, ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús, han experimentado en él una fuerza salvadora que no conocían. Comienzan a preguntarse por su identidad, a intuir que con él todo es posible.

Me queda claro que el relato no es una historia tranquilizadora para consolarnos a los católicos, con la promesa de una protección divina que permita a la Iglesia pasear tranquila a través de la historia. Es la llamada decisiva de Jesús para hacer con él la travesía en tiempos difíciles. El cristianismo se encuentra en una “fuerte tempestad”,  y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a “la otra orilla”.

La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El relativismo no quita el dogma. Las costumbres, ritos, cambian y el futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para ir hacia adelante. Y siguen equívocamente buscando la Iglesia del poder y la autoridad, en vez de, con valentía, transmitir el mensaje de Jesús.

¿Por qué nos resistimos a ver que Dios conduce a la Iglesia hacia un futuro más fiel a Jesús y su Evangelio? ¿Por qué buscamos seguridad en lo conocido y establecido en el pasado? ¿Por qué no escuchamos el llamado de Jesús a “pasar a la otra orilla”, para sembrar humildemente su Buena Noticia en un mundo indiferente a Dios pero tan necesitado de esperanza?

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Sólo necesitamos fe, que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús. Demos un primer paso, no seamos cobardes. Como decía mi amigo: “No hay persona más cobarde que la que utiliza mentiras como pretextos para justificar su culpa”. Ánimo.

 

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