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Domingo XIV del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“Es tan diferente”

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (6,1-6):

 

 “En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.” No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando”.

 

Este Evangelio habla de Jesús dirigiéndose a su pueblo, Nazaret. Le acompañan sus discípulos, que están orgullosos de ver a su Maestro enseñando en la Sinagoga. La “multitud” que lo escucha se maravilla porque habla con autoridad, porque hay en sus palabras sabiduría, y en sus acciones milagros. Al mismo tiempo se escandalizan. La gente de Nazaret se encierra en sí misma y no lo acepta. No le gustaron sus palabras y actitud poco convencional y pueblerina. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado?

Antes escuchaban sobre Él y se sentían orgullosos. Jesús era uno de ellos y lo conocían desde su infancia. ¿Por qué ahora es diferente? No es recibido con aprecio, los suyos no le aceptan como portador del mensaje y de la salvación de Dios; se resisten a abrirse al misterio que hay en su persona. Se refieren a él de forma impersonal y ofensiva: “este”. No aceptan la humildad del misterio de Dios presente en Jesús, un ser humano como todos los demás y conocido por todos. ¡Para poder hablar con esa autoridad sobre Dios, no podía ser igual a los demás!

El fracaso no es total, pues curó a algunos enfermos. Jesús no obliga a creer a quien no quiere, pero su mano permanece tendida para quien desea acoger su poder.  Si nos damos cuenta, en Nazaret no hay confesiones de fe sino preguntas, concretamente cinco cuestionamientos lanzados sobre Él acerca del origen y naturaleza de sus enseñanzas y obras. ¿De dónde proviene, de qué tipo es su enseñanza y sus milagros? Las siguientes dos son preguntas retóricas, en las cuales expresan algunos datos relevantes para ellos: es el carpintero, el hijo de María, sus hermanos y hermanas son conocidos.

Es todo lo que conocen y saben de Jesús. Esto explica por qué son incapaces de responder a la primera serie de preguntas. Jesús se coloca en la lista de los profetas rechazados por su pueblo, pues sabe muy bien que “nadie es profeta en su patria”. Y lo dice: “Un profeta solo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”.

Donde no existe aceptación ni fe, la gente no puede hacer nada. Las ideas preconcebidas lo impiden. Aun queriendo, Jesús no pudo hacer nada y queda sorprendido ante su falta de fe. Es la primera vez que experimenta un rechazo colectivo, no sólo de los dirigentes religiosos, sino de todo su pueblo. No esperaba esto de los suyos.

La relación con los demás es una de las dimensiones esenciales del ser humano; “es social por naturaleza”, defendía Aristóteles. Nacemos con esa capacidad relacional y la desarrollamos a lo largo de nuestra vida. Además, la necesitamos para vivir satisfactoriamente. En las relaciones nos jugamos todo, hasta nuestra felicidad. Nos dice la psicología positiva que una buena relación social es necesaria para tener elevados niveles de felicidad.

Jesús lo sabía y por ende, a pesar del dolor, no quiere perder esa oportunidad y dejar sólo un fracaso en su pueblo amado. Le importa mucho esa relación con su pueblo que le vio crecer, donde dejó, sin duda, varias relaciones de amistad y cariño. Sabe que la victoria pública siempre está precedida de la personal. Tiene que vencerse a sí mismo y sus miedos.

Por eso Jesús, ante la puerta cerrada de su propia comunidad, toma la decisión de no insistir y actuar imponiendo cosas. Deja el “olor de autoridad”, inclusive al perder y fracasar en su primer intento. La consecuencia del rechazo en Nazaret es una nueva estrategia misionera de Jesús; ahora cambiará la práctica. Se dirige a otros poblados y suma a los discípulos en la misión, dando instrucciones de cómo deben darle continuidad.

Nos enseña que nunca se nos cierran todas las puertas y hay que levantar la cabeza cuando caes. Y si es por parte de los más cercanos, te duele más levantarla pero es necesario. No olvides que Dios siempre tiene la última palabra. No pierdas la esperanza porque, como decía Ovidio: “La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado”. Cambia la estrategia, levántate y busca la tierra, tu nueva tierra, patria prometida.

Es bueno siempre volver a la patria y encontrar a los amigos y amigas, sobre todo tras larga ausencia. Sin embargo, ¿cómo ser testigo fidedigno y auténtico entre ellos? ¿Cómo serlo donde el mundo entero conoce quiénes somos, y sobre todo nuestras debilidades de niñez y primera juventud?

La tenemos muy difícil en nuestras casas. Nos tienen tarifados y les cuesta aceptar que algo excepcional, inteligente, razonable, útil y cierto pueda venir de nosotros. Así terminan nuestros intentos, o en una mirada de desprecio o compasión. Es difícil pero vale la pena morir en el intento. Mientras más nos conoce la gente, más difíciles de convencer y más duro se hace su corazón. Si realmente queremos llegar a ellos, tenemos que esforzarnos mucho más. Hemos de luchar contra los prejuicios y las imágenes que se han forjado y, que posiblemente, de uno u otro modo, hemos contribuido a formar.

Este fragmento del Evangelio nos enseña que hemos de cuidarnos de no ser los que estamos despreciando, tal vez, a uno de nuestros hermanos o hermanas. Ya no les prestamos atención ni volteamos a verlos porque los encontramos falsos, o porque simplemente, debido a los prejuicios forjados en nuestra mente, somos incapaces de conceder que puedan tener razón.

Creo que, para Jesús, su experiencia de “fracaso” ha sido un buen aprendizaje y un simple entrar en la función y misión de tantos profetas. Además, se cumplió lo que Simeón profetizó sobre su vida: que se convertirá en un escándalo para muchos.

No desesperes. La paciencia es la concientización de que el fracaso es momentáneo y que la tolerancia de ese fracaso es el camino al éxito. Jesús tuvo que aprender a vivir con eso para cumplir la misión encomendada por su Padre. Nunca olvidaré la frase que decía mi gran amigo, el profesor Pablo: “El fracaso es pasajero, pero los logros son eternos”.

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