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Domingo XV del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

¿Más rápido o más lejos?

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (6,7-13):

 

En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no, túnica de repuesto. Y añadió: “Quédense en la casa donde entren, hasta que se vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no los recibe ni los escucha, al marcharse sacuden el polvo de los pies, para probar su culpa”. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

 

Este ejercicio público de anuncio salvífico de los discípulos, tenía que ser algo nuevo y sorprendente. Nadie estaría lo suficientemente preparado, pero es tiempo y tienen coraje y ánimo de dar el primer paso detrás de su Maestro. Van de dos en dos entre la gente, con una misión que aparece bastante reducida: un anuncio genérico de conversión y varios tipos de prodigios contra el mal.

Jesús no se dejó intimidar por el rechazo violento de los suyos en Nazaret. No renunció su misión. Lo hizo fue cambiar su actuar. A Él y a los suyos les tocará vivir la predicación itinerante, más tipo misionero y más cercano al pueblo.

No son maduros del todo, pero el ejercicio los ayudará a tomar distancia para ver todo con perspectiva diferente. Bajo la supervisión de Jesús pueden aprender y mejorar. Encontrarán las palabras justas, los gestos adecuados y sobre todo, tendrán “acceso directo”. Es una llamada a un impulso misionero menos miedoso, debido a las exigencias del confort y seguridad.

Está claro que la misión nace por mandato de Jesús, y Él es quien marcará el paso a sus discípulos. Ellos mismos, después de haber aprendido de Él, intentan imitarlo para que la misión se lleve a cabo. Los discípulos fueron llamados principalmente “para estar con Él”, y después de la cercanía parecen estar preparados para convertirse en misioneros.

Su misión no viene por entusiasmo personal o por manía de grandeza: comienza cuando Jesús cree que están preparados para predicar, de acuerdo con lo que han escuchado y asimilado. Lo primero es “estar con él”, por lo que sea necesario. Es la base de todo y lo fundamental de la misión. No hay siguiente paso si no han entendido y cumplido el primero. Y no sólo se refiere a ellos, sino a todos los que pretenden ser seguidores del Maestro.

Él sabe que es muy peligroso dar a alguien el poder de actuar, delegar y mandar en el nombre de Dios. Si alguien no tiene claro este objetivo, no aprendió la humildad de ser instrumento del Señor y busca ser protagonista, podría ser peligroso, y convertirse en obstáculo para la misión. Jesús lo sabe y está preocupado, porque varios podrían desviar su mensaje y buscar su gloria. Y sabemos bien que eso ocurrió y sigue sucediendo. Sin embargo, no tiene otra opción que confiar y seguir sembrando la semilla misionera.

Creo que, después de dos mil años, la ambición y el orgullo de los protagonistas eclesiásticos siguen haciendo mucho daño a la misión de Jesús. ¿Cuántas barbaridades se ha hecho en “el nombre de los doce”, y no tiene nada que ver con el mandato de Jesús? Nos escandalizan los que nunca aprendieron el primer paso, que tanto insistía Jesús: “estar con Él”. Cuando un pastor está cerca de la Palabra de Dios y se ocupa más de escucharla a ella, y no a la conveniencia política o social, sabrá llevar a cabo la misión de Jesús, y no sus propias misiones empobrecidas por el poder y avaricia.

El número “doce”, tan citado en referencia a la fundación de la primera comunidad, y en los esplendores del Apocalipsis, significa la continuidad. Pero también la superación de la economía salvífica precedente. El envío de “dos en dos”, según la mentalidad judaica, es porque así se admite el testimonio dado por una comunidad y no por uno solo. La misión debe ser comunitaria e itinerante, no sedentaria e aislada. Ningún discípulo misionero está solo en su camino: “Si caminas solo, irás más rápido. Si caminas acompañado, llegarás más lejos”.

Jesús quiere que todos los que servimos en la viña estemos seguros de sentirnos acompañados, y a la vez verificados por un hermano. Qué tristeza cuando todo se convierte en chisme y cotilleo, en vez de testificar la verdad. De aquí la recomendación que todos los Evangelios Sinópticos resaltan sobre la pobreza material en el vestir y en el comer, y sobre las seguridades y evidencias.

Las recomendaciones del Señor ponen de relieve dos aspectos contrarios. Por un lado, deben ir con toda disponibilidad a encontrar a la gente, sin preocupación de ganancias o intereses. Deben buscar al que está enfermo, vivir la caridad y la premura que sufren. Deben irse, sin lamentaciones ni debilidad, del lugar donde no haya habido acogida, donde el rechazo o la hipocresía hagan estéril el anuncio y el testimonio.

Jesús también pide a sus discípulos no perder tiempo con los que no los aceptan. Probablemente en esta recomendación exista una adaptación a la situación de la comunidad: no deben lamentarse por no entenderse con la comunidad israelítica. Hubo cerrazón total, rechazo feroz y agresivo que ya había previsto Jesús. No les dé pena, vayan a otros lugares, no pierdan tiempo en recuperar lo irrecuperable.

Aquellos pescadores y labriegos emprendieron una marcha que ha de durar siglos: la marcha de los misioneros. Fue la primera misión y tuvo éxito rotundo. Volvieron gozosos y radiantes, porque la paz y la alegría habían brotado al conjuro de sus palabras. Aquello era sólo el principio, prueba fehaciente de los que se ponen en camino en nombre de Cristo.

Y a pesar de sus limitaciones personales, sembrarán con eficacia la semilla de la fe, del amor y de la esperanza. Nos queda claro que estos doce ya no son ni setenta y dos, ni un millón, somos muchos más. Es cierto que buscamos la felicidad, pero “algunos buscan la felicidad, otros la crean”, escribió P. Vaucher.

Vale la pena sembrar la semilla de felicidad y crear un ambiente de paz y amor. Da gran alegría seguir en la misión que inició Jesús con sus discípulos. A veces implica rechazo, a veces éxito, pero lo importante es seguirla adelante con los hermanos y testigos verdaderos.

Es motivador saber que el Señor te necesita en su obra misionera. Nos quedamos con una frase del papa Francisco, pronunciada en Quito, Ecuador: “La sociedad necesita más nuestras obras que nuestras palabras, porque las obras hablan y se quedan, y las palabras se convierten en conveniencias piadosas”. ¿Prefieres ir más rápido o llegar más lejos?

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