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Domingo XXI del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“Creemos y sabemos”

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6,60-69):

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: “¿Esto les hace vacilar?, ¿y si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de ustedes no creen”. Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren marcharse?” Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”.
Estamos en crisis en la Iglesia y en las diócesis, como en el fragmento que meditamos. San Juan es muy claro, dice que “muchos se echaron atrás y no volvieron a ir con Jesús”. En la crisis se revela quiénes son los verdaderos seguidores de Jesús. La opción decisiva siempre es esa: ¿quiénes se echan atrás y quiénes permanecen con él identificados con su espíritu y su vida? ¿Quién quiere seguir su proyecto original y no sus propias fantasías o intereses?
El grupo de Jesús comienza a disminuir pero él no se irrita, no pronuncia juicio alguno en contra de nadie. Sólo pregunta a quienes se han quedado con él: “¿También ustedes quieren marcharse?” También nos la hacen a quienes seguimos en la Iglesia. ¿Qué queremos? ¿Por qué nos hemos quedado? ¿Es para seguir a Jesús, acogiendo su espíritu y viviendo a su estilo de diferentes formas y a pesar de todo?
La respuesta de Pedro es ejemplar: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Los que se quedan lo hacen por Jesús y sólo por él. Por nada ni nadie más. Se comprometen con él, y no por miedo o beneficios eclesiástico-sacramentales. Su único motivo es él, nadie más. Por muy dolorosa que nos parezca, la crisis actual será positiva si quienes nos quedamos en la Iglesia, muchos o pocos, nos convertimos en discípulos de Jesús. Es decir, en hombres y mujeres que vivamos de sus palabras de vida.
Jesús introduce, en quienes le siguen de verdad, un espíritu nuevo. Sus palabras comunican vida. Lo que propone puede generar un movimiento capaz de orientar al mundo hacia una vida más digna y plena, no busca mantener el “estatus quo” y glorias del pasado conservador. Es revolucionario contra la casta de los administradores espirituales, no quiere sólo un número y masas que protejan su bienestar y tradición.
Y por ello, por el hecho de estar en su grupo, no garantiza la fe. Hay quienes se resisten a aceptar su espíritu y su vida. Su presencia en el entorno de Jesús es ficticia, su fe en él no es real. La verdadera crisis en el interior del cristianismo es: ¿creemos o no creemos en Jesús? Es tan fácil cambiarlo por “profetas” y “príncipes” o “clubes de intereses o de consorterías”, como lo advertía el papa Francisco, refiriéndose a los obispos mexicanos (13 de febrero de 2016).
Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva? Hay algo que Pedro no olvida: “Tú tienes palabras de vida eterna”. Siente que las palabras de Jesús no son vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera, su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Con qué podrían sustituir el Evangelio de Jesús? ¿Dónde podrán encontrar una Noticia mejor de Dios y de felicidad del hombre? Él sabe que estas palabras de vida son las que pue

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