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Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“Schema (escucha)”

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (8,27-35):

 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Se los explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!” Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Miren, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”.

 

Este relato marca un antes y un después en el Evangelio de Marcos. Cesarea de Filipo era una ciudad muy antigua que antes se llamaba Paneas, pero cuando el tetrarca Filipo la reconstruyó en honor del César —Augusto—, le puso Cesarea, y para distinguirla de otra la nombró Cesarea de Filipo.

En este lugar, a los pies de la cordillera libanesa, Jesús pregunta sobre su identidad. Proclama un nuevo mensaje, el de la cruz. En esta enseñanza traspasará el límite de lo comprensible. Desde el punto de vista racional su mensaje es descabellado. Comienza también el camino a la cruz, hacia Jerusalén, donde se consumará su obra.

Sus discípulos dan tres respuestas, recordando lo que opinaba la gente sobre Jesús. La primera dice que era Juan el bautista que había vuelto a la vida. Recordemos que Herodes Antipas lo decapitó, y fue el primero que se dijo temeroso: ¿será Juan el bautista? La segunda remonta al profeta Elías, cumpliéndose la promesa profetizada por Malaquías para el pueblo de Israel. La tercera se refiere al surgimiento del profeta, que puede ser el profetizado por Moisés, como esperanza de libertad para los oprimidos.

Jesús primero pregunta a los apóstoles por lo que dice la gente, y después va directamente al grano. El primer acercamiento es general y se refiere a los demás sin comprometerse en la respuesta, pero después el Señor especifica que se trata de algo muy personal y optativo. Los apóstoles tienen que definir su relación con Jesús: ¿cuál es el verdadero motivo de seguirlo?

Pedro se convierte en modelo de discípulo que profesa su propia fe en Jesús, reconociéndole como el único Mesías. Su respuesta sincera conmueve a Jesús, pero le prohíbe hablar acerca de esto. Supongo, porque todos esperaban la venida del Mesías pero cada uno a su modo, según la clase y la posición social que ocupaban: algunos lo esperaban como rey, otros como sacerdote, doctor, guerrero, juez o profeta. Ninguno parecía esperar al Mesías Siervo, que sufrirá por su pueblo y dará la vida por nosotros.

Tal como anunciaba Isaías, Jesús proclama con claridad (parresía) su misión, diametralmente opuesta a la que esperaban los judíos y los discípulos. Nada de poder y dominio sobre los enemigos, sino todo lo contrario, dejarse morir antes de hacer daño. Pero su gente no está preparada y ha de recorrer su camino de Cesarea hacia Jerusalén.

Jesús comienza a enseñar que Él es este Mesías. Será preso y muerto, pero resucitará. Es el primer anuncio de la pasión de Jesús en todo el Evangelio, y Pedro no lo sabe escuchar. El pescador no entiende que el Maestro ha dicho que resucitaría al tercer día. Sólo piensa en el dolor y la humillación que Jesús tendría que sufrir, se concentra en la parte humana y no visualiza que Dios podría bajar a este nivel.

Lo mismo ocurrirá cuando el Maestro intente lavarles sus pies en la Última Cena. Pedro le propone lo mismo que a Satanás en el desierto: el mesianismo del triunfo y el poder. Esa forma de pensar es la más humana que podríamos imaginar, pero no es la “manera de pensar de Dios”. Pedro se llena de temor, llama a Jesús aparte para desaconsejarlo y Jesús responde: “¡Quítate de mi vista, Satanás! Le critica no sólo por sus palabras, sino por “sus pensamientos que no son de Dios”. Pedro pensaba que le había dado la respuesta justa y así era, pero no el significado.

Pedro no entiende a Jesús y la idea del Mesías, por eso escucha duras palabras y es llamado “Satanás”, que en hebreo significa “acusador”, aquel que aleja a otros del camino de Dios. Jesús sabe que no puede permitir que nadie lo aleje del camino de Dios, de su misión. Literalmente le dice: “¡Ponte detrás!” Es decir, Pedro debe caminar detrás de él, debe seguirle y aceptar la dirección que le indica. Tiene que aprender a escuchar. Quería ser el primero en indicar el rumbo, por eso tiene que aprender mucho. Quería un Mesías a su medida y deseo.

Jesús sabe que, para que no haya dudas, debe explicar a sus discípulos con más claridad el camino y seguimiento que deberían hacer. Aprovecha el momento para avisar con dureza: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. La cruz era la pena de muerte que el imperio romano imponía a los marginados; tomar la cruz y cargarla detrás de Jesús era aceptar ser marginado por el injusto sistema que legitimaba la injusticia. Indicaba rotura radical y total.

Jesús insiste en que la comprensión total de su seguimiento no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el empeño práctico, caminando con Él a lo largo del camino del servicio de Galilea a Jerusalén. Pero antes de cualquier cosa, los discípulos tienen que aprender a escuchar.

Sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y qué significa seguirle. Sin ella no hay amor verdadero ni respuesta correcta sobre la pregunta: ¿quién es Jesús para ti? Este camino es de entrega y de abandono, de servicio, de disponibilidad, de aceptación, de dolor, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un accidente en el recorrido, sino que es parte del camino. Sigamos a Cristo que nos invita, y no a los que quieren ser siempre primeros y ponerse en el lugar del Mesías. Pero primero escucha “Shema Israel”, después responde: ¿quién es Jesús para ti?

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