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Jorge Gustavo Sansores Jarero

A la orden pal desorden

Uno de los principales festejos de nuestra nación es el de la Independencia, que muchos mexicanos realizan cenando pozole, carnes asadas, pollo a la leña, frijoles con tortilla o lo que puedan de acuerdo a su situación económica, y por supuesto lo que no puede fallar es el tequila, el ron, la cerveza o mínimo el tepache, pues las fiestas mexicanas no son una cosa sin la otra.

La noche de este miércoles 15 de septiembre habrá mucho qué festejar en Campeche. Habrá quienes festejen la Independencia de México, pero también quienes vitoreen el triunfo de Layda Elena Sansores San Román y su toma de posesión tras 24 años de lucha por la gubernatura.

En cualquiera de los casos seguramente —y eso espero— habrá cena para los festejos, pero lo que no sé si haya es la bebida alcohólica. Tampoco considero que haya muchas opciones para festejar, al menos que en cuestión de horas la nueva administración estatal cambie de parecer en torno al horario y limitación en la venta de alcohol.

En primera, si el nuevo gobierno no cambia las directrices que aplicaron las autoridades de la Secretaría de Salud (SSA) saliente, es muy probable que los restaurantes de la entidad tengan que correr a sus comensales y festejadores antes de las 11 de la noche, por lo que el Grito de Dolores se convertirá en gritos de reclamos.

Y si antes de la fecha en cuestión la todavía vigente SSA no permite la venta de vinos, licores y cervezas en cantidades abiertas, el cierre de esa dependencia será muy recordada en la posteridad.

No es que apoye la venta desmedida de bebidas alcohólicas, pero es que aún no entiendo la estrategia de la Ley para la Venta Ordenada que han aplicado desde inicios de la pandemia.

Según la propia administración saliente, no hubo menos accidentes derivados de la venta de alcohol. Las autoridades de salud tampoco han logrado esclarecer si el consumo de bebidas embriagantes eleva los contagios por Covid. Muchos menos vemos que la reducción en la venta de los etílicos cambie la forma de pensar de la gente, menos cuando el encierro y lo cierres excesivos de parques, calles y avenidas nos hacinan incluso en la intemperie. Qué paradoja.

La “venta ordenada” sólo ha traído más contagios —otra enorme paradoja—. ¿Por qué? Porque a raíz de su implementación creció el clandestinaje en todas sus variantes. Hay venta clandestina de alcohol, fiestas convocadas en secreto y con venta de bebidas embriagantes, en donde la autoridad no llega para verificar la capacidad de “invitados”, por ende no hay control. Metieron orden para generar desorden.

Mientras, en los lugares donde podrían tener control no lo hay. Sólo exigen el cierre de bares y restaurantes a cierta hora, y aplican multas a diestra y siniestra, cuando los empresarios no cumplen, lo que hace pensar que quienes se van y estaban encargados de ese tema, sólo preparaban sus carteras para llevárselas bien llenas.

En fin, creo que la noche del 15 será de festejo opaco en una ciudad oscura por falta de atención de la “autoridad” municipal, con negocios cerrados a tempranas horas y con la venta clandestina de alcohol a todo lo que da. Ya veremos qué estrategias tomará la nueva administración en materia de salud para el tema de los festejos. Ojalá que tenga injerencia antes del Grito. ¡Salud y felices festejos!

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