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Domingo XXV del Tiempo Ordinario

Sebastián Korczak

“Como un niño”

 

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 9, 30-37.

 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: “Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.” Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutían por el camino?” Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quien era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”.

 

Este fragmento del Evangelio habla sobre el segundo anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Como sucede en el primer anuncio, los Apóstoles se han atemorizado y sobresaltado. No entendieron el mensaje acerca de la cruz ni de la resurrección. No son capaces de aceptar un Mesías que se convierta en sirviente de los hermanos, pues sueñan con uno glorioso. Hay incoherencia en los discípulos, pues cuando Jesús anuncia su Pasión-Muerte, discuten quién será el más grande entre ellos.

Jesús quiere servir y ellos piensan sólo en mandar. La ambición los lleva a querer colocarse junto a Jesús; buscan posición y “ganancias” tras el seguimiento del Maestro. Jesús orienta sus enseñanzas en la Biblia, les habla del Hijo del hombre y las profecías veterotestamentarias. Los Apóstoles no preguntan ni piden aclaraciones. Tal vez les da pena su ignorancia del tema.

Cuando Jesús les pregunta: ¿De qué estaban discutiendo durante el camino? El silencio marca a los culpables. ¿Quién es el más grande? ¡Qué contraste con las enseñanzas del Siervo de Jahve! “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el siervo de todos”. Sin embargo, todo les parece abstracto. Tienen mentalidad hebrea: si no ganas, eres inútil, fracasado.

Para ellos los bienes y cosas que uno consigue en la vida son elementos de la grandeza y de la bendición de Dios. Es inaceptable no usar el poder para ascender, dominar o lograr beneficios. Sin embargo para Jesús estas palabras se convertirán en su vida, en su Calvario. La palabra “servir” lo llevará hasta la Cruz sin pedir nada a cambio.

Para plasmar su enseñanza, Jesús toma en sus brazos a un niño y lo pone como ejemplo. Con este gesto simbólico y entrañable ilustra el papel y misión de sus discípulos. El niño no es en Israel sujeto de derechos, no es importante. Al ponerlo en el centro y abrazarlo, invierte sus roles en importancia. Se identifica con los niños, con los más pequeños, sin voz, que no expresan su dolor ni razón. Es el lugar y misión de la Iglesia: cuidar la humildad y servicialidad.

En las posturas del niño y los discípulos vemos discrepancia. Los apóstoles tienen miedo y se sienten comprometidos con las relaciones de dependencia. Los niños cuando no entienden algo preguntan. Los pequeños son sencillos y no quieren depender de la opinión de otros, quieren ser libres y auténticos sin entender los compromisos del poder.

Imagino que Jesús se pone triste porque sus discípulos no tienen confianza para preguntarle y abrir sus corazones. Tienen dudas pero están apenados comparándose unos con otros. El Maestro quiere invitarnos a ser generosos, altruistas, dispuestos a hacer favores sin pasar factura. Quiere recordar a los “grandes de este mundo” que no es a codazos como se debe abrir el camino de los ascensos al Reino. Nunca pisando a los demás.

Jesús, en su mirada amorosa, veía a tantos hombres y mujeres que en silencio viven creando paz y felicidad a los demás, que no piensan en sí mismos pero no pueden vivir tranquilos junto a las injusticas, problemas, penas de sus hermanos. Tenemos muchos hermanos que viven así y no ocupan puestos eclesiásticos ni luchan por el poder de los jerarcas. No son ideales, tienen defectos y errores. Decía Confucio: “Nuestra mayor gloria no está en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”.

Estos hombres y mujeres, grandes en su desconocida pequeñez, están en la mirada de Dios. La misión del Hijo del Hombre consiste en realizar el Reino de Dios como humano, pero que no mata la vida, más bien la defiende, promueve y humaniza. El papa León Magno decía: “Jesús fue tan humano, como sólo Dios puede serlo”. Cuanto más humano, más divino. Cuanto más “hijo del hombre”, más “hijo de Dios”. Todo lo que hace a las personas menos humanas aleja de Dios. Una Iglesia más humana, que no lastima sino perdona y que acoge a los pecadores, pequeños e indefensos, enseña a tomar a un niño en sus brazos como lo hizo Jesús.

Hoy tenemos una magnifica lección: cada persona es importante, innominada, acude a nosotros con la tarjeta de visita de Dios. Cuando te despiertes, antes de dar el primer paso, piensa: Dios se digna a visitarme en todos los hombres y mujeres que voy a encontrarme. No porque esas personas se identifiquen con Dios, sino porque Él se identifica con ellas. ¡El que recibe a uno de estos niños me recibe! Aprendamos a dar importancia a los que son importantes delante de Dios. No seamos lentos como los Apóstoles para entender lo que Jesús les quería comunicar: servir. No te dejes guiar según la mentalidad humana; empieza a servir, a ser útil para los demás; no dejes que tus ambiciones, poder y celos te aparten de esa gran oportunidad de crecer como ser humano.

Y otra cosa muy importante: los discípulos tienen miedo, tal vez sus ilusiones y sueños sobre el Maestro se rompieron. Un niño nos recuerda que hay que ilusionarse siempre y se puede volver a confiar y soñar. ¡Aunque la vida ha sido injusta contigo y tienes el corazón roto, hay que reconstruirlo y volver a soñar!

Porque si no te ilusionas, no sueñas y no amas… ¿qué clase de vida estarás viviendo? Vuelve a ser como un niño, porque la vida es así: te caes, te levantas y te vuelves a caer. Pero si ni siquiera te mueves por temor a caerte, en realidad ya te has hundido. “Todos los triunfos nacen cuando nos atrevemos a comenzar”.

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