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Lo esencial

Sebastián Korczak

Amor… a fuego lento

Las cosas importantes, esenciales, requieren tiempo y calma. Si hay algo esencial en nuestras vidas es el amor. Una vida sin amor no es vida de calidad. Es una vida fría. Amar y sentirse amado es la base de una vida segura y satisfactoria.

No se puede amar con prisas. El amor requiere tiempo y paciencia. Te puedes enamorar con rapidez, pero el amor duradero, el auténtico amor, se fragua a fuego lento. Sucede como con las comidas de las abuelas. Tienen un sabor especial, de calidad. Ellas las hacen a fuego lento. Les dedican tiempo, además de cariño. Una comida rápida es para pasar, alimenta provisionalmente, pero no siempre es nutritiva. Las comidas de las abuelas nutren, están sabrosas y “enamoran”.

Una vida sabrosa requiere vivirla con lentitud, saborear cada paso. Ser consciente de lo que estás viviendo, de lo que te está pasando. Para saber gestionar lo que te pasa se necesita tiempo, reflexión, calma, sosiego, en definitiva: parar. Ser su propio ángel de la guarda, paladear cada segundo.

El camino lo conoce mejor una tortuga que una liebre. En la vida todo es necesario, hay momentos de todo, pero no olvidemos los pasos pausados. No se puede amar con prisas. La ternura requiere dedicación, cuidado, paciencia, delicadeza y perseverancia angelical. Las cosas importantes requieren lentitud.

Hay dos variables entre las que nos movemos los seres humanos: La energía y el tiempo. El tiempo de reloj, el cronológico, es igual para todos, inexorable. El tiempo existencial (Kairós) no lo es, ya que depende de cada persona. Este tiempo se mide por lo que lleva dentro. Hay quienes no tienen tiempo para nada y hay quienes “matan” el tiempo. Quien mata el tiempo, mata la vida, porque la vida se desarrolla en el tiempo y el tiempo pasa.

No hay posibilidad de substraernos al tiempo, pero sí depende de nosotros cómo utilizarlo. Aunque cada día tiene 24 horas, la vivencia existencial de las mismas difiere considerablemente entre las personas. “Vivimos al mismo tiempo (cronológico), pero no el mismo tiempo (existencial) (José Ortega y Gasset).

Que brote de nuestro corazón un profundo agradecimiento hacia las personas que nos dedican su tiempo, ya que nos están regalando retazos de su propia vida. Para disfrutar la sinfonía de la viva necesitamos momentos de tempo lento.

Dice un poema de Elli Michler:

“No te deseo un regalo cualquiera, te deseo aquello que la mayoría no tiene, te deseo tiempo para reír y divertirte, si lo usas adecuadamente podrás obtener de él lo que quieras. Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar, no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás… Te deseo tiempo para que toques las estrellas y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú… Te deseo tiempo para que te encuentres contigo misma, para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo. También te deseo tiempo para perdonar y aceptar. Te deseo de corazón que tengas tiempo, tiempo para la vida y para tu vida”.

Escribía Milan Kundera en su libro Lentitud: “Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo”. La prisa nos condena al olvido. Pasamos por las cosas sin habitarlas, hablamos con los demás sin escucharlos, acumulamos información que no llegaremos a profundizar.

Al fuego lento, con lentitud, saboreando cada paso que damos en la vida, habitando y dando vida a las cosas y, sobre todo, compartir tiempo con otras vidas habitadas. Amor habitado… a fuego lento.

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