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Jorge Gustavo Sansores Jarero

Unos pagamos, otros gozan

Para algunos mexicanos la cuarta transformación les trajo beneficios, y ni hablar de la pandemia que les “cayó como anillo al dedo”. Al menos así piensan quienes reciben becas, apoyos del Gobierno Federal y otras prebendas que les ayudan a subsistir, aunque no piensan en los problemas que generan a un puñado de empresarios y contribuyentes —en comparación con la cantidad de beneficiarios— que sostenemos la economía nacional para que esos programas sigan adelante.

Llámense Pensión del Bienestar, Becas “Benito Juárez”, Apoyo a Madres Desempleadas o como sea, los apoyos gubernamentales no han solucionado los problemas de pobreza extrema en el país, pero eso sí, alimentan a una nueva generación de gente floja y cada vez “más necesitada”.

Y no, este fenómeno de apoyos a particulares no es exclusivo de México, incluso grandes potencias como Estados Unidos mantienen a cientos de miles de ciudadanos que por la pandemia se quedaron sin empleo, sólo que allí también hay apoyos para los empresarios y la economía es diferente.

Las similitudes entre los apoyos de ambos países hacia los ciudadanos radican en una sola cosa: les regalan dinero a gente que no trabaja, proveniente de los pocos ingresos fiscales que generan los pocos contribuyentes que quedan en plena pandemia.

Otra similitud es que, al igual que en México, en la Unión Americana quienes reciben apoyos del Gobierno —más bien apoyos ciudadanos, pues de ahí provienen los recursos— ya no quieren regresar a trabajar. Imagine que de pronto el presidente Joe Biden le ofrece mil dólares al mes sin hacer nada (algo así como 20 mil pesos). ¿Usted regresaría a laborar su jornada diaria?

En el país Azteca sucede lo mismo. Si bien aquí las becas y los apoyos distan mucho de los 20 mil pesos —o más—, para muchos mexicanos recibir unos tres mil pesos al bimestre es como ese salario anhelado que jamás recibieron, pues antes “no había trabajo” pero ahora les dan dinero sin tener que trabajar. ¡Qué ironía!

Sin embargo, aunque el fenómeno en ambos lados de la frontera pareciera igual, insisto, sólo tiene unas cuantas similitudes. La diferencia principal radica, primero,  en que la economía del vecino del norte es diametralmente opuesta a la mexicana. Y aunque en los últimos meses el poder económico de los Estados Unidos ha tenido mermas y tropiezos, es imposible comparar sus arcas con las de México.

La otra diferencia es que en ese país les pagan a los empleados de las empresas porque los empresarios no podían hacerlo debido al confinamiento.

Además, y como extra, a los dueños de los negocios les dieron apoyos para subsistir, al menos hasta que todos los ciudadanos norteamericanos reciban sus vacunas contra el Covid, que de acuerdo con información del presidente Biden será el próximo diciembre.

En México no tenemos fecha para finalizar la inoculación, aunque debemos aceptar que avanzamos. Aún así, en nuestro país no dieron apoyos a los empresarios, ni siquiera prórrogas para pagar sus impuestos.

En contraparte, el dinero que otorga el Gobierno Federal, tal como prometió el presidente Andrés Manuel López Obrador desde el inicio de su mandato, seguirá fluyendo al menos durante su administración. No son apoyos por desempleo en la pandemia.

Es triste porque la economía de México no se recupera, mucho menos los empresarios. Aún más doloroso es que los mexicanos que sí tributamos tengamos que trabajar más, para que otros tengan dinero sin hacer nada. Y lo peor, que no se trata de apoyos por la pandemia, sino programas asistenciales sexenales. Y aún nos quedan tres años.

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