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Jorge Gustavo Sansores Jarero

El “humanista”

Según los sociólogos, el ser humano siempre busca estar mejor que sus congéneres, pero jamás buscará la igualdad. Es decir, cada ser siempre querrá tener más o ser superior que los demás, pero nunca vivir en las mismas condiciones.

Tal vez por esa razón es que los países más desarrollados y sus gobernantes mantienen una lucha infinita por conquistar otros territorios, el espacio, tener mayores capitales económicas en sus arcas, mejor educación, servicios de salud o los ejércitos más poderosos. Siempre más, nunca igual que los demás.

De la misma forma los empresarios trabajan todos los días para hacer rendir más a sus empresas. Se rodean —así debe de ser— de gente capaz, leal, comprometida y competente para fortalecer su economía empresarial, pues saben que es la misma mentalidad que tienen sus empleados, o al menos es lo que buscan. Y así funcionan muchos gobiernos que hoy por hoy, y desde hace mucho, lideran la economía y el desarrollo mundial.

Ver al presidente Andrés Manuel López Obrador sentado en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dando tremendo discurso de humanismo, puede ser motivo de orgullo para muchos, pero la realidad es que adolece de toda calidad moral para sostener sus expresiones.

Proponer en el Consejo de Seguridad de la ONU, en Nueva York, “instaurar un Estado Mundial de Fraternidad y Bienestar que garantice el derecho a una vida digna a 750 millones de personas que viven en condiciones de pobreza”, cuando en México los niveles de la economía cada día están peores, cuando el gobierno decidió dejar a un lado el Producto Interno Bruto (PIB) —porque no le convenía— debido a su estrepitosa caída, cuando en nuestro país el gobierno anuncia incrementos al salario mínimo pero no existen las condiciones para hacerlo y sólo dañan la economía de los empresarios… ¿es congruente?

El presidente López Obrador remata pidiendo a los “ricos” del mundo que donen un porcentaje de su dinero para combatir la pobreza. Debería tener claro el Presidente que los ricos jamás serán populistas, y aún más claro que el populismo no acaba con las necesidades de los pobres. Basta con que lea los índices de pobreza en nuestro país. ¿Ha servido de algo que regale el dinero de los contribuyentes?

López Obrador, según algunos, fue recibido en Estados Unidos como héroe, como líder… tal vez no ven la otra cara de la moneda, quizá no vieron los videos tomados desde otro ángulo. Si México y el Presidente fueran el ejemplo a seguir, no habría tanto mexicano cruzando la frontera norte en busca de mejores condiciones de vida, ya no hablemos de calidad.

Si el Presidente fuera el líder que muchos consideran, no habría necesidad de que vaya a la ONU a pedirle ayuda a los ricos, simplemente seguirían su ejemplo. Pero los empresarios han trabajado toda su vida, se han esforzado y usado la inteligencia, su capacidad cognitiva y atravesado caminos muy difíciles, por eso saben lo que es ganarse el dinero. Ninguno de ellos recibió una Beca del Bienestar para iniciar sus enormes conglomerados mundiales.

En el país más neoliberal del mundo, Estados Unidos, López Obrador le pidió a su homólogo Joe Biden que legalice a miles de mexicanos que trabajan en la Unión Americana. ¿Por qué mejor no le pidió a esos mexicanos que regresen a México a gozar de la nueva calidad de vida que proporciona la 4T? ¿Por qué ir a negociar con un neoliberal el apoyo para sus connacionales?

El Presidente debió hablar en el Consejo de Seguridad acerca de los 104 mil 559 homicidios dolosos que van en su sexenio, de cómo su administración combate al crimen organizado, de las estrategias que ha implementado para combatir la delincuencia, como esa de “abrazos no balazos”. ¿Pero ir a pedir que los que más tienen les den a los que menos? No me parece la solución. Cada país, cada gobierno y cada empresa, así como cada ser humano, hace lo que considera más pertinente.

Y por último: ¿qué haría una persona en condición de pobreza extrema si recibiera dinero de algún empresario multimillonario que hiciera caso al llamado de López Obrador? ¿También se convertiría en personaje exitoso? ¿Buscaría asesoría para emprender un negocio? O tal vez haría lo que el 90 por ciento de jóvenes mexicanos cuando reciben su beca: correr al antro más cercano a ver en cuanto tiempo puede acabarse el dinero, entre otras opciones similares. Y eso está comprobado. No es invento como aquello del Estado Mundial de Fraternidad y Bienestar.

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