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Saboreando la vida

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Sebastián Korczak

Esta(n)ca número 20

Cuentan que el dueño de una caravana tenía veinte camellos con los que transitaba por el desierto. Terminada una de sus jornadas, llegaron a un lugar donde pasar la noche. En el proceso de atar a los camellos a sus palos, los camelleros se dieron cuenta de que solamente disponían de 19 palos.

Preguntaron al dueño sobre el modo de proceder ante esa situación. “¿Qué hacer con el camello número 20 para el que no se dispone de estaca?” Él les resolvió la duda mandando: “tienen que hacer el gesto de atar el camello al palo, como si este fuera real”. Así lo hicieron y el camello se sentó como el resto.

Al amanecer se disponían a reanudar la marcha, desataron a los camellos atados, y a punto ya de iniciar se dieron cuenta de que el camello número 20 seguía sentado. Nuevamente acudieron al dueño para recibir sus indicaciones. Él, con toda la sencillez les dijo: “que le desaten de la estaca invisible”. Lo hicieron, ¿y cuál fue su sorpresa? El camello con toda la naturalidad se unió al grupo y siguió caminando al lado de sus compañeros…

Todos tenemos esa estaca número 20 a la que estamos invisiblemente atados y no nos deja avanzar en nuestro camino de superación personal. No es una estaca real, suele ser creada por nuestra mente, nuestros miedos, nuestros pensamientos, nuestras malas experiencias, imaginarias limitaciones. Cada uno de nosotros las tiene, por supuesto, con diferentes matices.

Sin duda, ese hilo invisible que nos sujeta tiene mucho que ver con nuestros hábitos. Y sabemos bien que los hábitos se crean a través de la repetición de conductas. Una vez que se han instaurado, forman parte de nuestra segunda naturaleza (“consuetudo altero natura est”), que se convierte en nuestro propio estilo de vida.

La cuestión es que hay hábitos potenciadores y hábitos debilitadores. Hay hábitos que nos empujan hacia nuestros objetivos y metas personales, y otros que nos roban la energía, nos estancan y nos pueden llevar a la destrucción. Estos últimos constituyen nuestra estaca, o mejor dicho esta(n)ca número 20.

Es necesario que revisemos cada una de nuestras dimensiones para localizar e identificar el lastre que nos impide continuar nuestra ruta con soltura, certeza, paz y felicidad. Conviene preguntarnos: ¿Cuál es mi esta(n)ca número 20 a nivel intelectual, emocional, corporal, espiritual? ¿Y en las relaciones sociales? ¿En la convivencia con los más cercanos, que como siempre son los primeros que reciben todo lo malo y frustrante que hay dentro de nosotros?

Es sumamente importante identificar esas esta(n)cas para poder conocerlas y aprender a tratarlas. Muchas de esas ataduras siguen siendo imaginarias, y es el resultado de actuar como dicta la mayoría. No permitamos que nos amarren al aire y sigamos esclavizados a opiniones y decisiones de los demás. Creamos y construyamos nuestra propia opinión de las cosas, y sobre todo si se refieren a nosotros mismos.

Me parece importante que sepamos que el camello simboliza la resistencia, el aguante, la adaptación, el miedo, la supervivencia, la templanza, la serenidad, la nobleza, la humildad. Todas esas cualidades se manifiestan cuando se pone uno en marcha. Las estacas no dejan de continuar el camino, nos acompañan. Podemos estar llenos de cualidades, y de hecho lo estamos, pero para ponerlas en práctica, para mostrarlas y demostrarlas, tenemos que estar en camino.

Todas las esta(n)cas coartan nuestra libertad, nos atan, nos inmovilizan. Donde más cómodo está el camello es en el oasis, pero, ¿fue creado para eso? ¿Tendría todas esas cualidades sesteando bajo una palmera?

Posiblemente no sea lo más conveniente frecuentar esa esta(n)ca número 20 que nos retiene en nuestro crecimiento personal, invitándonos a sestear a la sombra de una palmera… mientras la vida sigue. Que nos “caiga el 20”, como decimos popularmente, que “un barco está seguro en el puerto, pero no fue construido para eso” (W. Shedd), y sepas que todo lo que amas y quieres está del otro lado del miedo. Deja que tus sueños sean más grandes que tus miedos.

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