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Saboreando la vida

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Sebastián Korczak

Adviento: descubrir y abrir mi caja negra

Se denomina registrador de vuelo o caja negra al dispositivo que, principalmente en aeronaves, trenes, barcos y naves espaciales, registra la actividad de los instrumentos y las conversaciones de los tripulantes. ¿Quién de nosotros no recuerda la película “Sully: hazaña en el Hudson”, historia real de un piloto que realizó un amarizaje de emergencia en el Río Hudson, en su desembocadura de Nueva York. Fue la caja negra la que despejó todas las dudas sobre las decisiones del capitán Chesley (Sully), quien salvó la vida a los 155 pasajeros y la tripulación.

La función de caja negra es almacenar datos que, precisamente, en caso de accidente, permitan analizar lo ocurrido en los momentos previos y establecer sus causas. Los primeros registradores de vuelo se empezaron a usar a finales de los años 50 y se les llamó “cajas negras”. Esa denominación perduró incluso después de que se las pintaran de color naranja, para facilitar su localización tras un accidente. Metafóricamente podríamos llamarla “caja de los secretos”.

Sin duda, tenemos nuestra propia caja negra, naranja o de los secretos. En ella guardamos experiencias personales del camino de nuestra vida. Este bagaje y experiencias vitales de las que tenemos un recuerdo memorizando de forma especial. Sabemos que hay recuerdos de todo tipo y color, unos muy agradables y otros no tanto. Aceptarlos es una cuestión “sine qua non”, para poder crecer y madurar.

Todos ellos son nuestros, y de una forma u otra nos han hecho como somos. Son como las teclas del piano, que se necesitan tanto las blancas como las negras para que suene la bella música. Lo más importante no es lo que sucede, sino cómo interpretamos y reaccionamos a lo que sucede. O como decía mi amigo Lorenzo: “no siempre podemos elegir la música que la vida nos toca, pero podemos elegir como la bailamos”.

Hay recuerdos que tienen especial intensidad emocional, otros más livianos, y unos más que nadie sabe y que pertenecen a nuestro patrimonio exclusivo. Son las joyas mejor guardadas y todos las tenemos. Nuestra caja negra o de los secretos tiene diferentes niveles.

El nivel 1 es donde se almacenan los secretos que se comparten con facilidad, porque al revelarlos nos sentimos ligeramente comprometidos. En el 2 están los secretos que no se comparten con cualquiera, solamente con personas exquisitamente especiales, ya que al revelarlos nos sentimos seriamente comprometidos. Conviene identificar cuáles pertenecen a cada nivel y tener cuidado de no exponerse demasiado, teniendo en cuenta la “facilidad de chisme” que hay en nuestra bella región.

Con los del nivel 2 nos sentimos más vulnerables, por eso se guardan con más mimo. Caídos en manos de personas inadecuadas, inmaduras, pueden ser usados para herirnos y hacernos daño. Me tocó vivir esa experiencia dolorosa.

¿Somos capaces de guardar secretos? Los secretos compartidos, sobre todo los más delicados y comprometidos, se han de guardar con más respeto, cariño, casi como los de confesión. Algunos de ellos deben de ser guardados, incluso con veneración, ya que la persona que nos los ha confiado se ha expuesto, abriendo su intimidad. Por honestidad, si somos personas que no saben guardar secretos, tenemos que avisar antes a quienes quieran desvelarlos, para que sepan a qué se atienen. ¿Puede más a veces nuestra curiosidad que el terreno sagrado que pisamos, que es la otra persona?

Cuida mucho tu caja negra, la de secretos, y respeta profundamente la de otros. Recuerda que quien acceda a ella accederá al universo más íntimo y personal. Este espacio es “sagrado”, no se comparte con cualquiera. Antes de confiar algunos de los más íntimos secretos, es importante saber en manos de quién se ponen.

Saber lo que se encuentra en esa caja negra es sumamente importante, porque allí está la esencia, la verdad (a veces dura) sobre lo más íntimo de nosotros mismos, aunque algunos te quieran juzgar, con derecho y sin derecho, como ocurre después de accidente, error o crisis. Precisamente, es la caja negra la que revela lo que realmente sucedió y tuvo un lugar antes de catástrofe o confrontación. Y a veces sólo tú y Dios saben qué hay en ella.

Por ende, no permitamos que se juzgue con tanta facilidad con base en apariencias o chismes. Tal vez no salvemos a los 155 pasajeros como el piloto Sully, pero al menos salvaremos nuestra integridad y de los que señalamos con el dedo acusador.

Adviento es el tiempo de sacar esa caja negra, de reconocer su pasado, pero sobre todo es saber mirar hacia el futuro para resolver las crisis con base en la verdad y en lo que realmente ha sucedido. El Adviento es mirar hacia el futuro y siempre con esperanza. Ese niño que estaba en camino sabe todo sobre nosotros. Él nos trae verdadera paz y ayuda para reconciliarnos con el pasado.

Fiodor Dostoyewski, famoso escritor ruso que en su literatura explora la psicología humana, escribía: “Entre los recuerdos que todos conservamos hay algunos que sólo se los contamos a nuestros amigos. Otros los guardamos para nosotros mismos bajo el sello del secreto. Y existen cosas que el hombre no quiere confesarse ni siquiera a sí mismo”.

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