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Saboreando la vida

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Sebastián Korczak

Adviento: tiempo de usar “marcapausas”

 

Se define pausa a la interrupción breve de una acción o movimiento, también a la lentitud de hacer una cosa, mover algo o a una persona. Hay mas definiciones, pero todas están relacionadas con la calma, la parsimonia. Sin duda, las pausas nos rodean —en nuestro mundo— de prisas y son necesarias.

La música no es posible sin las pausas. Las notas llevan adheridos los silencios. Unas pausas son más largas y otras más cortas, pero esenciales para la existencia de la música. Hay silencios de redonda, de blanca, de negra, de corchea. Calderones, que indica un punto de reposo. Hay compases de espera.

Mientras vamos componiendo la sinfonía de nuestras vidas, se hacen imprescindibles las pausas, los tiempos de silencio, la espera. Más o menos largos, pero tiempos de silencio. Sin silencios, el amasijo de sonidos desafina y resultan desagradables. Una vida armónica requiere programar unos momentos de pausa.

Los signos ortográficos son imprescindibles para dar sentido al texto. Una narración, un poema, necesitan pausas. Unas más largas y otras más cortas: punto, como, punto y coma, punto y aparte, punto final. Un texto sin pausas, de ninguna manera se hace incomprensible, y la afluencia de tanta información inconexa y sin sentido nos desconcierta, nos pierde.

Una novela, además, tiene capítulos que requieren pausas mayores para hacer el tránsito de un capítulo al otro. Pensemos también en el silencio métrico breve que se produce al final de un verso o entre dos hemistiquios, que contribuyen a la estructura rítmica del poema.

Metafóricamente, podemos aplicarlo a la narración, poética o prosaica de nuestras propias vidas. El Adviento nos lo recuerda. Este tiempo regalado de Kairos (tiempo de Dios) nos protege y no permite que nuestra novela, nuestra vida, se convierta en texto desconcertante y sin sentido. Necesitamos este tiempo con pausas, tiempos de calma y de introversión.

Tanta información vital desestructurada nos desconcierta, nos desorienta, nos estresa. Se hacen necesarios los tiempos de pausa, unos más largos y otros más cortos, pero imprescindibles para dar coherencia a nuestra propia obra autobiográfica.

En el mundo deportivo, las pausas también son usadas con fines estratégicos. Me acuerdo, bien aprovechado ese tiempo, con los jugadores de la 4 y 3 División de la “Fuerza Salvatoriana”. El rápido análisis del juego y decisiones vitales para la próxima victoria. En varios deportes, dentro de sus normativas se contempla el “tiempo muerto”.

Cuando el desarrollo del juego se está poniendo “peligroso” o el entrenador considera que hay desorientación pide un tiempo de calma, de reposo, un tiempo “muerto” para reconducir lo que está sucediendo dentro del campo. Desde fuera dice qué está pasando en el campo, y reorienta las estrategias para ver por dónde se debe continuar.

La calma, la pausa, el “salir” para ver en perspectiva, puede ser, en muchas ocasiones, una de las causas de éxito. El Adviento nos ayuda a salir y mirar desde fuera quién soy y quién era en el pasado; nos ayuda a tomar una estrategia bien definida y concreta.

Nuestra propia respiración, que es la que nos mantiene en vida, tiene sus pausas. Nuestra mecánica respiratoria consta de cuatro partes: inspiración, pausa, respiración, pausa. Podríamos decir, con toda la seguridad: ¡sin pausas no hay vida! Es inviable, en el ser humano, una inspiración o espiración permanente, continua. El habla, característica de los seres humanos, no se podría producir sin pausa. A alguien que habla mucho, a veces les indicamos: “date un respiro, calma”. Cuando hay un interior pausado es cuando la escucha activa se hace más eficaz.

Creo que podemos distinguir al menos tres momentos en nuestras pausas vitales: preparar, parar y reparar. El proyecto de vida surge para dar sentido a nuestra andadura por esta tierra que nos acoge. Es cierto que nuestra vida es un regalo, y por ello está limitada y nadie va a salir vivo de ella, por este motivo tiene tanta importancia darle sentido a nuestra vida, dotarla de un propósito.

El propósito de nuestra vida es una vida con propósito. Necesitamos preparar esos momentos especiales de pausa para proyectar nuestros sueños y realidades, y analizar en qué momento estamos. Para todo esto y mucho más, se nos regala el Adviento: “preparar el camino al Señor”, pero también preparar mi propio sendero en la vida.

“Las prisas nunca son buenas consejeras”, dice el refrán, mucho menos para las cosas o decisiones importantes en tu vida. Necesitas parar para poder proyectar mejor tus sueños, proyectos, ideales. Intenta encontrar, aunque sea unos 15 min al día, para parar tus pasos y silenciar tus ambiciones, ruidos.

El desgaste de la vida, el impacto en nuestro interior de todo lo que nos sucede, requiere momentos de calma, de pausa para reparar. Seguro que hay algo o alguien que espera tu cambio, que se repare, reconcilie. Para todo esto necesitamos el Adviento, para marcar en mi calendario tiempos de pausa.

El cuidado de nuestro interior y de nuestras relaciones, necesitan ser pausados. ¿Tienes marca pausas? No esperes marcar esas pausas para armonizar tu vida, para que sea coherente, para replantear las estrategias y para vivir con sentido y paz.

Dios, que viene a nuestro encuentro, nos da el tiempo como algo único y maravilloso. Aprovéchalo, no tardes demasiado. Si no paras tú, la vida misma te para. Si no reparas, la vida te desgarra. Si no preparas, la vida te pasa por encima. Preparar, parar y reparar son inversiones para vivir de forma más alineada con tu propósito en este mundo. Estas pausas nos irán entrenando para cuando llegue, que a todos nos llega, la pausa de las pausas.

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