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Expuestas y en peligro

Jorge Gustavo Sansores Jarero

 

Según la reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), que realizó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el 38.2 por ciento de los campechanos se sienten inseguros. Y aunque las autoridades desestimen el estudio, lo minimicen o tengan otros datos, el resultado se debe a una razón: está creciendo la inseguridad en Campeche.

Cambiar el discurso no es suficiente para modificar la percepción ciudadana. Y asegurar que en el futuro tendremos policías mejor equipados, aunque suene imponente, no ayudará mientras existan deficiencias en las cabezas de mando. Y no, la crítica no es en contra de la secretaria de Seguridad Pública (SSP), Marcela Muñoz Martínez, pues le reconozco su capacidad para el cargo y mucho más.

El problema radica en que los agentes del orden pierden las esperanzas, y ya no creen en las promesas de campaña o las que les hicieron al iniciar la actual administración, lo que se refleja en el malestar de los agentes, en algunos casos hasta en su despreocupación, que conlleva a una ciudadanía insegura, temerosa y que desconfía de la policía, porque los policías desconfían de sus jefes.

La iniciativa de pintar de color rosa las camionetas de la Secretaría de Seguridad Pública, colocarles el slogan de “Mujer Valiente”, que los vehículos fueran abordados por féminas para enviarlas a contrarrestar temas como el machismo y la misoginia, disfrazado de violencia intrafamiliar, no es lo que las agentes esperaban.

Hoy se sienten más vulnerables que antes, lo expresan, pero realizan su labor con profesionalismo. Por algo nuestra corporación aparece entre las mejores del país.

Por su lado, los agentes —masculinos— han visto que en la SSP, además de que sus compañeras están más expuestas, ahora a ellos los tildan de misóginos, les exigen más y sus resultados no son reconocidos. Y sí, eso también lo expresan los “pepos”, pero al interior nadie los escucha: “porque es nuestro trabajo y tenemos que cumplir, nos dicen”.

Campeche es la entidad que, junto con Yucatán, pelea el primer lugar nacional en menor incidencia delictiva por cada cien mil habitantes. Dicho de otra forma, las autoridades de la SSP habían luchado por mantener a nuestra entidad entre los primeros lugares nacionales respecto al tema. Al menos así era hasta hace unos meses.

Ahora la preocupación es distinta. Lo preponderante es cambiar de color las patrullas, denigrar a los varones y posicionar a las mujeres, al tiempo que anuncian equipamiento de vanguardia para los agentes, con cámaras, tablets y conexión vía satélite.

Estoy de acuerdo en darles su lugar a las mujeres, lo merecen desde hace mucho tiempo, pero la competencia no debe darse entre géneros y compañeros, sino en el combate a la delincuencia que va en crecimiento, y que la ciudadanía percibe como tal. Pero claro, una salida fácil será desestimar lo que pensemos los campechanos.

En cuanto al equipamiento, suena a muchas de las promesas del pasado. Alguna vez tuvimos camionetas de la Policía Estatal Preventiva (PEP) con cámaras, pero esos equipos jamás funcionaron. Luego prometieron que la videovigilancia serviría para detener a los malhechores, pero sólo hubo respuesta unas cuantas semanas. Y cuando tuvimos patrullas de primer mundo, fue por unos meses y se las llevaron. Ojalá que esta vez sí cumplan y funcionen las promesas, de lo contrario agregaremos la frase “más de lo mismo” a la larga y repetitiva lista en proceso.

Si tenemos policías —mujeres y hombres— bien calificados, que han demostrado su valía y compromiso con los campechanos —de Campeche y de fuera—, ¿por qué no darles la oportunidad de pertenecer al alto mando? El propio secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), Leonel Cota Montaño, recientemente aseguró que tenemos buenos policías, ¿por qué no hacerle caso?

Las mujeres policías no sólo son valientes, inteligentes, fuertes, disciplinadas y valiosas, también, en su mayoría, son madres de familia, esposas, hijas y hermanas, y necesitan, más que una patrulla rosa y un slogan, que en la corporación les den el lugar que merecen, que las escuchen y las ayuden. Y también los agentes varones, pues insisto, no es tema de género sino de humanidad.

La violencia intrafamiliar, el machismo, la misoginia, incluso el feminismo radical, deben combatirse con educación… en la casa, en la escuela, con mejores condiciones de vida para todos los campechanos. Por eso, en lugar de llegar a ofrecer lo que no han cumplido, debieron crear las condiciones necesarias de desarrollo para la entidad, luego, entonces, arropar a los amigos de fuera para darles mejores condiciones que a los locales.

Y aún mejor, deben pensar en ayudar a quienes durante muchos años han expuesto su vida para darnos seguridad, no exponerlos/as más. Por cierto, antes de finalizar, ¿ya les entregaron sus bonos, sus apoyos, sus incentivos a quienes laboran en la vigilancia diaria del Estado? Ahora más que nunca es momento de reforzar —ahí y en todos lados— este tema, antes de que el sentimiento navideño nos invada de forma negativa.

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