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Disfrutando la vida

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Sebastián Korczak

Nace el niño

Como cada Navidad, estamos acostumbrados y desafortunadamente nos sorprende cada vez menos el Hijo de Dios en el pesebre… indefenso en el humilde e inseguro establo. Y si cambiamos este año el paradigma y nos preguntamos: ¿cómo está “mi pesebre familiar, establo social, religioso”? Siempre nos dicen y recuerdan que este niño es un regalo más grande y nos trae amor, paz. Sin duda es cierto, pero… ¿somos un regalo para él? ¿Cómo voy a crecer y educar a este niño?

El panorama no es fácil, las promesas políticas han fallado, la crisis económica abre sus puertas cada vez más, el “bicho” parece quedarse por mucho tiempo más, etc. Y si a todo esto añadimos una gran crisis de autoridad moral y espiritual, no la tenemos fácil.

El niño viene en un momento crítico y de mucha desilusión. A mi pesebre social, religioso, le están quitando su debida importancia y autoridad. Hemos pasado de una educación, generalmente autoritaria a una permisiva, con una gran falta de normas y límites en los hijos. Hay varios motivos de este cambio, puede ser un rechazo a la educación que nos dieron nuestros padres o la Iglesia por el continuo cambio social que vivimos, o simplemente por falta de tiempo.

Sin duda vivimos rápido, sin saborear la vida, y muchas veces de manera superficial. Tan fácil nos resulta ocupar nuestras vidas con obligaciones, tareas pendientes, planes futuros, hasta viajes imaginarios por el YouTube o series del Netflix. Vivimos tan deprisa, que nos olvidamos de lo realmente importante. El niño puede ser un estorbo. ¿Qué pasará cuando termine el maratón Guadalupe-Reyes? ¿Cuando acaben las reuniones, sidras y pavo habrá tiempo de volver a la vida de siempre, cotidiana? Pues allí es donde crece y aprende el niño de sus padres, hermanos, amigos, sociedad, Iglesia.

¿Cuántas veces nos paramos a pensar en nuestras prioridades? ¿Cuánto tiempo dedicamos a nuestros seres queridos? Este niño será tu hijo durante varios meses, ¡ojalá años! Necesita de ti y lo que eres, tienes, recibes, expresas, das, comunicas. No le podrás ocultar nada, él vivirá y sentirá tu ambiente, respirará lo que tú respiras. Los tres regalos más grandes y valiosos que puedes hacerle a tu hijo no son los mismos de los Reyes Magos, sino atención, amor y límites, y para todos ellos hace falta tiempo y buena voluntad.

¿Será que las prioridades están cambiando? Preferimos ganar dinero, llenarnos de comodidades, que la escuela privada eduque a nuestros hijos, que la televisión y los medios sociales los aconsejen y los guíen. Y luego nos molestamos en casa porque no nos gusta lo que vemos en ellos.

Esa falta de atención los empobrece y crea cierta impotencia, porque nos damos cuenta que, en el fondo, no es su culpa sino la nuestra. Un esquema de familia y roles parentales están llenos de confusión. El resultado es la necesidad de trabajar con ellos, su origen, identidad, la figura de los padres, los roles familiares, la disciplina y el afecto.

La respuesta es muy simple: educa a este niño desde la perspectiva del amor, la sencillez, los valores básicos. Es un niño que quiere aprender de sus padres lo más natural. Desde lo más sencillo, sin palabrerías ni discursos. En fin, si es Hijo de Dios un día se dará cuenta de todo, de tu corazón y motivación sincera.

Enséñale que no importa que no estén vestidos a la última moda, sino que tengan buenos modales en la fiesta. Que dejen a un lado la vida tecnológica y virtual, y permítanles que conozcan más la vida real, con sus luces y oscuridades. Que aprendan que el “ser” no tiene precio, el “tener” sí. Que aprendan a disfrutar de lo que tienen y sobre todo de lo que son, con sus errores y fracasos.

Para todo eso requieren de nosotros, de mucho amor incondicional, y dentro de este marco ponerles los límites y normas. La cuestión básica en la educación de los hijos es amarlos. Esto no es una técnica ni un procedimiento, sino un sentimiento, una actitud y las acciones apropiadas surgen, brotan muchas veces sin técnicas aprendidas. Sin ese sentimiento y actitud básicos, no hay método ni ciencia en el mundo que logre educar bien a tu hijo.

No olvidemos que un buen padre se caracteriza siempre por sentimientos y actitudes profundas y positivas que siente hacia su hijo, las personas y el entorno que les rodea en general. Seamos realistas con la gran y difícil tarea de educar y crear un mejor ambiente para tu hijo, pero confiando en que no estamos solos ni en la posición perdida. Allí se juega todo y se puede dar la atención necesaria, el amor incomparable a tu hijo si lo amas de verdad.

Su llegada tiene que cambiar tu mundo, tus relaciones, tus proyectos, pero no los valores. “Para ser buen padre hay que ser previamente buena persona, tener personalidad sana, equilibrada, sin desajustes ni conflictos emocionales importantes o con un mínimo de ellos, de modo que no se irradie o proyecte sobre los hijos la influencia nociva de los propios defectos y problemas personales”, explica la profesora Lucía Godoy, de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad “Andrés Bello” de Chile.

Nace el niño, como uno de tantos, pero siendo Dios de todos. Te deseo que este Dios nazca en tu vida, no como un extraño o cualquier invitado o tal vez un estorbo. Que nazca como alguien que amas y quieras dar todo por él, como tu propio Hijo. Seamos buenos papás, hermanos o simplemente buenas personas: “la bondad es la única inversión que nunca falla” (H. D Thoreau).

Tal vez te parezca que no vale la pena serlo, porque el mundo a veces castiga (consciente o inconscientemente) la bondad del ser humano y se aprovecha de ello. La vida nos sorprende con su casualidad y su aleatoriedad, pero Dios nunca falla. ¡Tómalo como una buena inversión! Un día verás el sentido de ser padre, madre, y te convertirás en buen hijo.

Cada año nos recuerda que viene como un niño indefenso y vulnerable. Abre sus manos desprotegidas, pidiendo que lo cargues y lleves a tu hogar. Quiere ser tuyo, tu Hijo. Deja en tus manos su vida. Él juega todo dependiendo de tu criterio. Sé bueno como el pan, pues la Navidad son unos días; no la pierdas en lo que no importa.

Pero no olvides que después viene el tiempo “ordinario”, y allí te quedarás con ese niño que quiere aprender de ti. Nace el niño para que tú puedas nacer para Él. Que hayas tenido feliz Navidad junto a los tuyos.

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