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Jorge Gustavo Sansores Jarero

Biby, sombra de Layda

Es de sabios escuchar, observar, aprender y recapitular, pero no todos lo hacen. En especial quienes están sumergidos en la política. He dicho y sostengo, que los políticos se rodean de gente que los adula pese a su mal desempeño, y lo peor no es que haya quienes se presten, sino que los funcionarios —del nivel que sea— se lo creen.

Toda fanfarria interna es bienvenida por el político. Pero cuando le hacen alguna observación, crítica, reclamo o exigencia ciudadana, estalla en rabia, ataca cual fiera, amenaza, denuncia y usa el poder para perseguir a quien considera su adversario, al tiempo que exige libertades para sí mismo y alardea con nuevas formas de hacer las cosas.

En Campeche hay quien se esconde para que nadie la cuestione su pésimo desempeño, otra trabaja sin descanso. Cuando una viaja por asuntos personales, otra se queda y demuestra su interés por los ciudadanos. Y cuando la situación lo amerita, mientras una pierde el tiempo en ridículos bailes, brinca y “ruge” en su verbena familiar-gubernamental, otra ayuda a la población afectada por las lluvias.

Desde hace varios meses, pero en especial desde el pasado domingo 7 de agosto, la presidenta municipal de Campeche, Biby Karen Rabelo de la Torre, ha demostrado que sin show mediático semanal, sin invitados “especiales”, sin bailes estrambóticos y mucho menos con audios, discursos de odio o justificaciones sin sentido, al pueblo se le da el lugar que merece.

Desde la primera lluvia torrencial, el día del Informe en el que no estuvo la gobernadora Layda Elena Sansores San Román, por priorizar su viaje personal hasta Argentina, Biby Rabelo dejó a un lado el glamour —que si acaso la acompaña en ocasiones especiales—, se enfundó de empatía, abandonó su agenda personal, incluso familiar, y junto con cuadrillas del Ayuntamiento aplicó el Plan de Lluvias en apoyo a la población.

Perdida entre otros trabajadores que portaban el mismo uniforme o tipo de playera, la alcaldesa utilizó las herramientas a su alcance para ayudar a desazolvar alcantarillas, levantar basura y agilizar el flujo del agua pluvial, al tiempo que atendió vía telefónica necesidades de otras áreas.

Ahí estuvo, sin coreografías, sin rugidos, sin buscar fama nacional, sin nadie que anunciara que “llegará, llegará”, pues siempre permaneció donde la necesitaron, mientras que otros todavía están, al parecer, escogiendo el camino que debieron comenzar a cimentar desde hace 10 meses, pero ahora perdidos por su presunto “diagnóstico” y nulos resultados.

Y aún así, con todo y sus esfuerzos, a la presidenta municipal Biby Rabelo la critican en las redes sociales y en las calles. Muchos ciudadanos y grupos adversos aseguran que limpiar vialidades bajo la lluvia no es trabajo de la alcaldesa, pero los afectados le reconocen y le agradecen la ayuda.

Sin embargo, gracias a las críticas Rabelo de la Torre —a diferencia de otros u otra— ha aprendido a mejorar su trabajo, pese a sus pocos años de experiencia. Y eso es digno de aplaudirse, porque hay quienes pese su edad y permanencia en la política no han hecho nada en beneficio del pueblo, si acaso gestan caprichos personales.

La alcaldesa ha sido señalada —me incluyo entre sus críticos—, pero ha tomado cada palabra expresada en los medios y en las calles para mejorar. ¿Se ha molestado por las críticas en su contra? Sería tonto pensar que no. Y claro, todo depende del tono y alcance de la misma, pues no es lo mismo exigirle que mejore su trabajo en el puesto que desempeña, que meterse en su vida personal.

Pero a diferencia de quienes aprovechan sus espectáculos digitales para “defenderse” y responder con displicencia, como lo hace la mandataria estatal, la alcaldesa Biby Karen Rabelo responde con inteligencia. Es a veces irónica, otras tantas es indirecta, pero en su mayoría analítica. Basta con ver sus gestos ante algunas preguntas.

El pueblo campechano, tanto de la capital como del resto de la entidad, reconoce que Biby Rabelo es la que trabaja y le hace sombra a la gobernadora, y basta con ver las últimas encuestas. La presidenta municipal es la mejor calificada del país, mientras que la gobernadora sigue en caída en tanto presume sus festejos.

Lo único que podría festejar es el desempleo, el estancamiento económico, las cifras maquilladas de inseguridad y la falta de infraestructura, aunque ya dijeron que sí hay, que es pequeña; tanto, que necesitamos microscopio para verla.

Definitivamente, no hay punto de comparación entre una y otra gobernante. Tenemos a la gobernadora ausente, que cree tener la razón absoluta, que no acepta recomendaciones ni considera cambios para mejorar, y sólo muestra rencores y venganzas. Montar espectáculos de baile no ayuda a mejorar a la entidad, aunque nos puso encima los reflectores nacionales, con críticas que nos apenan mucho a los campechanos.

Por otro lado, hay una joven política en franco proceso de aprendizaje, abierta a escuchar, a mejorar y dar lo mejor de sí, que tal vez aún adolece de muchos conocimientos, pero no de todos y por algo es alcaldesa. Su preocupación por sacar adelante al Municipio, pese a los recortes presupuestales que intentan enviarla a las sombras, son muestra clara de que su prioridad no es el revanchismo, sino el pueblo.

Y aunque no es necesario comparar a la mandataria estatal con la presidenta municipal de Campeche, el pueblo observa, escucha, analiza y toma en cuenta las acciones de cada una. La ciudadanía está harta de espectáculos, mientras que la calidad de vida de los campechanos cada día está peor.

Ni el “amigo” del Palacio Nacional ayuda, por el contrario, le restó 700 millones de pesos al presupuesto para la entidad, tal como vertió el secretario de Finanzas, Jezrael Larracilla Pérez el pasado ¿megajueves del jaguar?

Cambiar de parecer es bueno, porque es muestra de que por un lado hay quien mejoró sus formas, y por el otro, que habemos quienes apreciamos esos cambios porque se notan los resultados. Ahora estoy a la espera del Primer Informe de labores de la alcaldesa Biby Karen Rabelo de la Torre, con el deseo de que impere la información y no los bailes.

Que sea clara, concisa, breve —no se pase de una hora, ya ni hablar de cuatro—, que invite a gente local, a los empresarios, a sus críticos, a quienes le siguen y a los que no. No sólo a los de su partido, a su gabinete, a sus familiares o a su “tribu”. Que abra su panorama, pues le permitirá sumar, crecer y avanzar en su carrera política, que me atrevo a decir, sin adular, que ya lleva bastante camino recorrido pese a los vanos intentos por detenerla.

Que otros se desgasten intentando hacerle sombra, pues queda claro que la alcaldesa brilla con luz propia. Y quienes llegaron presumiendo “la llama de la esperanza” son ahora quienes permanecen en la oscuridad, debido a su opacidad, inactividad, falta de resultados, y por sus mínimas intenciones de trabajar, que tanto daño le causa a nuestro Estado.

 

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