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Jorge Gustavo Sansores Jarero

Simulacros

Desde el 19 de septiembre de 1985, pasando por la misma fecha en 2017 y ahora en 2022, ha quedado muy claro que los simulacros por sismos son necesarios en las zonas donde existe ese tipo de fenómeno, pues cada ensayo mejora la capacidad de respuesta de los ciudadanos, de los trabajadores y de las autoridades de Protección Civil, lo que ha permitido reducir las muertes durante movimientos telúricos.

Aquel primer sismo de 8.5 grados Richter en la Ciudad de México —entonces Distrito Federal—, ocurrido a las 7:17 de la mañana del jueves 19 de septiembre de 1985, dejó en la memoria de los mexicanos enormes tristezas, pero también grandes lecciones y enseñanzas. Las imágenes que veíamos en televisión no eran posibles de comprar con lo que miles de capitalinos vivían en carne propia. A mis siete años de edad fui testigo de lo que la naturaleza puede hacer, pero también la desidia del ser humano.

Miles de seres humanos murieron en esa tragedia —no hay número oficial—, no sólo por la intensidad del sismo, sino por las deficiencias en los materiales de construcción de los edificios más “modernos” de CdMx, aunado a otras vetustas construcciones. Pero lo que menos ayudó a salvar vidas, fue que no existían protocolos de protección civil, amén de la decisión del entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quien rechazó la ayuda proveniente de otros países, lo que hubiera servido para salvar muchas vidas.

Fue así que las autoridades del entonces Departamento del Distrito Federal (DDF), hoy Jefatura de Gobierno, decidieron implementar estrategias que pudieran evitar muertes futuras por terremotos. Realizaron una minuciosa revisión de edificaciones, mejoraron los reglamentos de construcción, pero sobre todo y de mayor ayuda fueron los simulacros, pues hasta la fecha hay construcciones que incumplen los mandatos.

Todavía no pasábamos el trago amargo de lo ocurrido con el terremoto de la capital del país, y tres años después, al amanecer del 14 de septiembre de 1988, el huracán Gilberto azotó la Península de Yucatán, por Quintana Roo, y para el día siguiente dejaba bajo el agua a Campeche. En total, 35 mil personas se quedaron sin hogar en la Península.

A diferencia de lo ocurrido con el sismo del 85, en Campeche no hubo sacudidas pero sí mucha agua que cayó con la lluvia, que entró por el mar, que desbordó esteros, cárcamos y colapsó drenajes. Esto causó pérdidas millonarias no sólo a quienes perdieron sus viviendas, sino en el campo y la pesca. Durante varias semanas hubo trabajos de reconstrucción de caminos, carreteras, edificaciones, y también la lenta recuperación de los sectores productivos que había en esos años en la entidad.

Y mientras que en CdMx fueron drásticos con el tema de los reglamentos de construcción para evitar que edificaciones caigan con los temblores, en nuestro Estado no hubo mayores exigencias para evitar inundaciones o la pérdida de viviendas. En la capital y centro del país implementaron simulacros por sismos, y Campeche no fue la excepción, aunque no desconozco si existan estas actividades para el caso de huracanes.

El pasado lunes, en conmemoración a los sismos del 19 de septiembre de 1985 y de 2017, hubo simulacros por terremotos en todo el país, incluso algunos ciudadanos aprovecharon para dejar sus actividades y retirarse a sus casas. Oficinas de Gobierno, escuelas, universidades y ciertas empresas privadas se sumaron a la dinámica, y demostraron que estamos listos en caso de que tiemble.

Y como la naturaleza suele demostrar sus enojos en los momentos menos esperados, este 2022, en la misma fecha pero pasado el mediodía, tembló en la Ciudad de México casi durante el simulacro o minutos después. Fue una simulación muy real —dirían algunos— de 7.7 grados en la escala de Richter, con una respuesta ciudadana inmediata, que rebosaba ante la sorpresa.

Por la coincidencia de fechas han salido a relucir diversos comentarios en torno al sismo. Opiniones que van desde lo más común hasta la ciencia ficción, pero en la actualidad todo puede pasar.

No son descartables ninguna de las teorías, aunque en ciertos casos pueden generar más risa que reflexión.

Que el Gobierno Federal provocó el sismo, dicen unos. Otros culpan a la “mala vibra” que atrae realizar el simulacro, porque el espanto y la desesperación de los recuerdos se concentran. Unos más aseguran que se trata de un aviso de los extraterrestres, pues ya reclaman sus nuevos territorios. Y entre esas teorías hay una más certera, que indica que los sismos pueden tener relación a movimientos tectónicos por la franja volcánica, y que la fecha es simple casualidad.

Por su parte, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y su grupo de científicos anunciaron una serie de estudios —lo más sensato que he escuchado— para determinar qué ocurre, sobre todo el porqué de las fechas. Quizá ya podríamos hablar de la temporada de terremotos como sucede con los huracanes. ¿No cree?

No sé si culpar al Gobierno sea lo más sensato. Quizá el problema lo tiene cuando no es consistente con los reglamentos de construcción, con la mala aplicación de protocolos de protección civil, y algunas estructuras caen con la pérdida de vidas humanas, pero hasta ahí. Tanto como la provocación, me suena a algo descabellado. “Vamos a hacer temblar para que se asuste la gente”, ¿ordenaría algún político?

Tenemos la memoria histórica de lo ocurrido hace 37 años, con incontables muertes. También los acontecimientos de hace cinco y el famoso Colegio “Rébsamen”, del que aún no hay responsables, o más bien están envueltos en la cobija de la impunidad.

Infortunadamente ahora dos personas perdieron la vida en Colima. Recordemos que el sismo afectó varios Estados, no sólo la Ciudad de México. Además de Colima, en Michoacán, Jalisco, Puebla, Guerrero, Oaxaca y hasta en Chiapas pudieron sentir el “jaloneo”. Y aunque a muchos les molesta el tema de los simulacros, ya vemos que es necesario realizarlos. ¿Por qué? Porque la naturaleza es sabia, pero también cambiante y se acomoda. Y nadie en este mundo está —estamos— exentos de su furia.

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