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Jorge Gustavo Sansores Jarero

¡No hay taxis!

Las redes sociales no siempre son lo mejor, aunque algunos las tachen de “benditas”, pero nos dan muestra de la realidad que vivimos todos los días en el país y en el Estado. Ahí es donde se quejan los empleados de Gobierno o del Ayuntamiento, para no enfrentarse con los “jefes” y perder la chamba. También es donde muchas personas se desahogan de manera personal, dan a conocer su vida real o irreal, y en ocasiones hay críticas bien fundamentadas que vale la pena replicar.

Uno de los temas recurrentes de los usuarios de las redes es sin duda el transporte público, pero el caso de los taxistas es muy particular. Como experimento social, hace un par de semanas pregunté en mi cuenta personal de Facebook: ¿Qué pretexto les ha dado algún taxista para no llevarles? Y vaya que hubo respuestas.

Antes de continuar, quiero aclarar que no tengo nada en contra de los taxistas, pues he recibido tanto buen como mal servicio. No importa si los he solicitado vía telefónica, si conduce el dueño del taxi o su martillo —así le llaman al que contratan como chofer—, si es hombre o mujer quien maneja, eso no importa. Lo que busco es ayudar, no solamente con mi opinión personal, sino como siempre, tomar lo que muchos ciudadanos consideran y las autoridades no.

Los usuarios de Facebook respondieron a la pregunta, con situaciones que han vivido cuando llaman un taxi en las calles. Y por supuesto, las respuestas de los choferes del volante son reales. No hay nada inventado, no son ganas de dejarlos mal, sino al contrario, que vean sus deficiencias y mejoren sus servicios, pues no quieren competencia, no les gusta que el ciudadano se queje, pero tampoco mejoran.

“No voy para allá”, es la respuesta más común. Entonces, cuando necesitamos el servicio de un taxista ¿tenemos qué preguntarle para dónde va? Pero si vemos que va en la misma dirección que nosotros, ¿por qué negarse? “Ya acabó mi turno”, es otra. Pero a nadie le viene mal un extra, no les pedimos que nos lleven gratis. Sabemos que es su trabajo y tenemos necesidad por llegar.

Otra respuesta común, es que “tengo una llamada”, aduciendo a que fueron contratados vía telefónica. Y aunque quizá el usuario va hacia una dirección cercana, no le ofrecen el servicio. En este caso se debe a las políticas internas de las agrupaciones, pues de esa forma no se atrasan para llegar con quien les solicitó la llevada vía telefónica y con antelación.

Que sí, pero no hasta el lugar donde pedimos el servicio, pues “no llego hasta allá”. Es decir, que le vamos a pagar para dejarnos en donde quieran, y seguramente no habrá descuento por botarnos a medio camino. Además, o llegamos a pie o tendremos que pagar otro servicio de transporte para el destino al que vamos. En fin…

En hora pico se saturan las líneas de servicio, los taxistas no paran o van por sus hijos a la escuela, por su esposa/so al trabajo o simplemente no atienden. Si nos ven con mucha carga, mejor no porque se friega la suspensión. Si es adulto mayor y lleva silla de ruedas, son pocos los choferes que ayudan para subir a la unidad. A las mujeres no las respetan, las graban, las “enamoran” o atosigan, y a los hombres les cuentan sus intimidades. Si el cliente está pasado de copas, el cobro es mayor o de plano no lo llevan. En este caso, creo que por las malas experiencias vividas.

Hay un sinnúmero de negativas para el servicio, sea día festivo, por lluvia, de noche o de mañana, por tez, raza, nacionalidad, apariencia, religión, partido político, afinidad musical, entre otras.

Pero cuando alguna empresa como Uber apareció en la entidad con ganas de brindar un servicio diferente, no digamos que mejor, los taxistas del Frente Único de Trabajadores del Volante (FUTV) se quejaron, paralizaron el servicio y hasta atacaron a quienes buscaban un modo de subsistir y, ahora sí, llevar a los clientes a donde pidan.

En la pasada administración que encabezó Alejandro Moreno Cárdenas, el FUTV exigió al Instituto Estatal del Transporte (IET) frenar el ingreso de Uber a la ciudad capital, y la institución accedió. Con ayuda de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) retuvieron al menos una decena de ubers y a sus choferes. En ese entonces, los de oposición se quejaron y culparon al exmandatario de politizar el tema.

Ahora que diputados del Congreso discuten con empresarios el inminente incremento al precio del transporte público, nuevamente salió a relucir el tema de Uber. La respuesta de una diputada de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) fue que su servicio es muy caro, y que los dueños de los vehículos no son campechanos. Tampoco muchos funcionarios de Gobierno son de Campeche, pero de eso no se quejó.

Es decir, que el tema sigue y seguirá siendo político. ¿La razón? En concreto, es que si ahora el partido en el poder aprueba la entrada de otras plataformas o servicios de taxi, perderían un sector muy amplio que históricamente sirve para apoyar a los políticos. Y vaya que les sirvió en la pasada elección, aunque no han recibido la ayuda prometida. Me atrevo a decir que no la recibirán.

Mientras tanto, los usuarios del servicio de taxis seguiremos a la espera de que nos quieran llevar a nuestro destino, que cobren las tarifas adecuadas y mejoren sus unidades y trato, o bien, que quienes hoy decidirán el destino del transporte público en la entidad mantengan la línea que tendieron en la pasada administración, que dejen de decir que es un tema político y permitan la llegada de otras empresas para generar competencia, pero sobre todo que permitan que los usuarios decidan a quien llamar y cuanto pagar. Eso sí ayudaría a taxistas y usuarios.

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